Por fin pudo levantarse, salir de aquella extraña habitación y abrir, lentamente, el camino para su futura vida. Lo que pudiera pasar o lo que le pasaría poco le importaba.
Con paso firme y la cabeza bien alta volvió a andar por aquellos pasillos en los que un día encontró su propio deseo que no había sido otra cosa en un error. Cerró los ojos tristemente intentando olvidar todo lo pasado. Seguía sin recuerdos recientes pero el pasado era demasiado grande...
Respiró hondo y se precipitó a coger el picaporte de la puerta el cual giró levemente.
-¿Se puede?-Dijo con voz queda.
-Estas no son horas, Bella.-Dijo el profesor de matemáticas. Bella pasó por delante ignorando cada una de sus palabras, como de costumbre.
Justamente cuando se sentó en su habitual asiento miles de cuchicheos preguntanron sobre un pasado que ella no quería recordar.
-Me caí me di en la cabeza y me llevaron al hospital por si era algo grave. Solo tengo una pérdida leve de memoria, nada más.-Dijo cansada de responder a las miles de preguntas que se agolpaban en sus oídos.
-Entonces es verdad...-Se le escapó a una. Se giró ignorando por completo las paranoicas explicaciones del profesor.
-¿El qué es verdad?
La chica se quedó callada mirando a otra parte, haciéndose la tonta.
-Dímelo, por favor.-Suplicó. Había algo en su mente que golpeaba por salir a la luz y quería sabes qué era.
-No es nada importante.-Mintió con un exagerado nerviosismo. Bella la miró con cara de pena.
-Verás...-su voz se volvió en pocos segundos en un susurro apenas audible.-...no sé si es verdad pero dicen que...que...-Bella tragó saliva y sin saberlo sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Bella, mira hacia delante.-Dijo el profesor dando un gran golpe en la mesa. Bella, exhausta miró a el profesor y se dio la vuelta.-Encima que llegas tarde te pones a hablar...-siguió echándole la bronca pero Bella apenas le oía. Estaba en otra parte.
Indagando entre sus propios recuerdos y algo que ella creía oculto empezó a salir como un torbellino de imágenes y recuerdos llenos de dolor y lágrimas. Lo peor de todo es que en cada uno de esos recuerdos estaba Sergio, mirándola con sus grises ojos...