Miré por la ventana. Estaba en la arena, tumbado al sol del verano. Un cielo azul lo cubría todo. Sonreí y me acerque a él.
-Tenemos que hablar.-Dijo en tono serio. Me quede quieta y, de repente, se me borró la sonrisa, tal vez para siempre.
-Sobre que.-Me sente a su lado. Juntos contemplamos durante unos minutos el mar azul.
-Sobre mí.-Dijo. Me quedé sorprendida, y luego me di cuenta de que me había acostado con un total desconocido. Me dejé llevar por el deseo sin pensar en un momento con la persona que estaba compartiendo mi tiempo. Me perdí en mis pensamientos por unos segundos. Luego, poco a poco, se me fueron aclarando la ideas. Había algo en él que me inspiraba la confianza suficiente como para entregarle mi vida entera...había amor.
-¿De dónde vienes? No me digas que del mar porque es imposible.-Intenté sonsacarle la verdadera información. Se rio. Me quede pillada.
-Es que vengo de allí. Mira-Señaló hacía el horizonte con su dedo. Miré hacía la direción donde señalaba. Solo se veia mar, azul como siempre y luego...el sol.-¿Lo ves? Pasas todo el mar, pasas todas las costas, todas las islas...y allí es dónde vivo yo.-Tenía el brazo agarrándome la cintura. Yo tenía mi cabeza apollada en su pecho. Era tan bonito aquello que parecía imposible. Olí su aroma intentando retenerlo para siempre.
-Ya sé donde vives...vives en mis sueños.-Sonrió.Me setía tan inocente a su lado...como si volviera a mi niñez, a mi adolescencia y volviera a ser aquella niña que creía haber pisoteado con mi estúpida madurez.-¿Cuántos años tienes?
-La verdad es que perdí la cuenta.-Rió entre dientes.
-¿Tienes más de 26?-Pregunté preocupada. No aparentaba tener más de 24 años.
-No, muchos más.-Me separé un tanto.
-¿Cuántos?
-Soy especial a la hora de contar años.-Dijo simplemente.- Humanamente tengo...unos 27 años.-Sonreí. ¿Humanamente? que absurdo sonaba eso. ¿Cómo no iba a ser humano?
-¿Eres humano o eres producto de mi imaginación?.-Solo fue un susurro pero lo escuchó. Se rio y me quede quieta sin comprender nada.
-Creo que ninguna de las dos.-Le miré con curiosidad. Alce mi mano y aparté su pelo de su fina cara. Descubrí la respuesta. Las había visto ayer pero creí que era por el reflejo del atardecer. No me lo pude creer.-¿Estas bien?-Tenía la cara blanca y me había quedado de piedra.
-¿Cuántos años tienes?-Pregunté horrorizada.
-mmm...-Pareció sentirse molesto solo de pensar en el número. Eso me hizo ponerme aun más nerviosa.-Tengo 277 años. Lo siento...-Parecía dolido. Me reí. Me miró confuso. Empecé a reir cada vez más alto. Era mi manera de espulsar los nervios. Se quedó perplejo.-¿qué es lo que te hace tanta gracia?
-No, es solo que estoy nerviosa. ¡No me puedo creer que tengas 277 años!-Volví a reirme. Entonces me agarró por el brazo. Desvaneció mi risa. Sus ojos se enfrentaron con los mios. Los suyos, tan azules como el mar. Los mios, tan verdes como la hierba. Estuvimos unos segundos observandonos, intentando averiguar cosas que no nos atrevíamos a preguntar.
-Entonces...es verdad.-Dije por fin.-Es verdad que eres un elfo...por eso eres...tan poco real.-Casí lloré al pronunciar lo último. Le acaricié el rostro.
-Te lo tuve que haber dicho mucho antes.-Apretó mi mano. Suspiré.
-No...solo que es raro todo esto...
-Pensaba suicidarme.-Dijo con voz cortante. Cambiando radicalmente el tema de conversación.-Tirarme al mar y undirme.-Miraba tristemente al horizonte.-Undirme y no vivir más....Elejí la noche, porque supuse que había menos gente para salvar mi muerte. Entonces te ví a ti. No te conocía...sabía que nunca serías mía...-le miraba con entusiasmo. Cada palabra que decía se me grababa en el alma.-...entonces te acercaste. Tu olor...tu cabello. Todo me gustaba. Lo único que me hacía daño al verte era que tú eras humana y yo...-Se enterró el rostro con las manos. Le miré con tristeza-...no podía aguantar. Entonces fue cuando empezamos a hablar y comprové que...que eras tan cercana a mí como lo podía haber sido cualquier elfa.-Se quedó sumido en sus pensamientos. Luego continuó.-Eras tan bella...tan perfecta...todo era un sueño. Un sueño que desaparece con la luz del día. Comprendí que no podía engañarte...que cuando te vieras anciaña yo aun segiría siendo el muchacho que ahora ves. No podía engañarte aunque desearña vivir bajo la mentira...pero el tiempo lo levantaría todo...-Le acaricié el brazo. No había consuelo. No había solución.-...Entonces pensé en suicidarme otra vez y me morí por dentro al verte llorar en la orilla...llorando.-Suspiró y levantó su perfecto rostro. Sonrió con amargura y me cojió la barbilla para levantar mi rostro.-Daría mi vida entera de elfo con tal de pasar a tu lado un solo año.-No pude reprimir que una lágrima callera por mi mejilla. Era tan triste aquello que comprendí que no era un sueño.
-Me da igual...vivamos juntos.-Supliqué.
-¿Y ver como tu te hacer vieja mientras yo me consumo en la juventud?.-Me arrepentí de mis palabras.
-Tienes razón.-Me levanté y me fui hacía la orilla. Él se quedó atrás contemplandome. El agua rozaba mis pies y me hacía estremecer.
Una lágrima calló por mi mejilla hasta desembocar en el bacio de mi mejilla. Ya tenía el agua hasta las rodillas. Un paso más y el mar entero me tragaría hasta llevarme al fondo, donde hasta los peces son felices.
Se levanto corriendo.
-¡NO!-Gritó. me giré. El agua me llegaba por el cuello.-No lo hagas.-Le sonreí.
-Ven conmigo...-Alcé mi mano al cielo..-...ven y seamos felices.
-Esa no es la solución.
-Sí...no hay otra salida. Aqui acaba todo...o empieza.-Le seguí mirando. Lo dudo solo un segundo. Se metió en el mar de cabeza nadó hasta alcanzarme...y junto a mí, me sonrió.
-Entonces que empiece.-Le sonreí. No agarramos fuerte de la mano y metimos a la misma vez la cabeza en el mar azul...
El último recuerdo fue soltar su mano y sonreir...el último pensamiento fue una pregunta...¿Por qué el mar es tan azul?
domingo, 19 de octubre de 2008
sábado, 18 de octubre de 2008
Mar azul
Estábamos en la playa. La suave brisa recorría nuestro rostro y enredaba nuestro pelo. Estábamos tumbados sin miedo a miradas indiscretas. Era verano. El sol ya estaba poniéndose cuando le vi. Paseaba solo, por la orilla. Contemplé durante un tiempo como sus perfectos pies salían y entraban en el agua con el movimiento de las olas. Se paró a escasos metros de mí. Me miró fijamente. Sostuve su mirada.
Mi compañera se fue hacía rato. Estábamos los dos solos en aquella playa desierta. Me concentré en sus ojos, como intentando leer algo en ellos. Él se giró y siguió en la orilla mirando hacía alguna parte de horizonte.
Me desplacé hacía él. Su fina piel y sus ojos rasgados me llamaron la atención. Me quedé observándole descaradamente. Pasó el tiempo. Un último rayo de sol iluminó su rostro, tan fino como el marfil. Me quedé inmóvil cuando se acercó a mí.
Estaba a escasos centímetros de mis labios. No le conocía de nada y, aun así, me entraron ganas de besarle. Su aliento parecía gélido. Su rostro era fino, demasiado fino para ser el de un humano. Sus manos era grandes y sus dedos alargados...entonces me fijé en sus orejas y me quedé en blanco.
Estaba soñando. Sí...todo era un sueño. Dentro de poco me despertaría en la playa, junto a Sonia...Pero no era así. Una parte de mí insistía en que no podía ser real y otra, en cambio, le hacía daño la sola idea de despertar y ver que la perfección no existía. Me quedé hundida en mis pensamientos. Miré al horizonte.
-Hola.-Dijo secamente aquel desconocido. Me sonrojé solo de pensar que podía existir.
-H...hola.-Los nervios, como siempre, me volvieron a fallar.- No eres de por aquí, ¿verdad?-Por fin lo solté.
-No, la verdad es que no sé cómo he llegado hasta aquí.-Parecía confuso y desorientado.
-Pero hablas mi idioma...-Se me escapó el pensamiento.
-Ah...¿crees que por ser elfo tengo un idioma diferente?-Su voz sonaba tan melodiosa que no me hubiera importado que hubiese sido un monstro. Busqué su mirada, tan cercana a la mía. Sus ojos claros...como el cielo, o como el mar.
-Elfo...¿de dónde vienes? hay tantas leyendas que creí que no eran ciertas...y ahora todas las mentiras están ante mí convertidas en una sola persona...-Un brillo de admiración recorrió mis ojos. Era tan evidente que le amaba al hablar con él que me daba vergüenza pronunciar cada palabra.
-Me llamo braind y vengo del mar. No sé como llegué a parar aquí.-Me quedé perpleja cuando mi parte racional se despertó de repente. Me di cuenta de lo absurdo de la situación y de que era imposible que aquella persona de la que me había enamorado fuera de otro mundo. Y la sola idea de imaginármelo salir del mar como un pez me pareció ridículo.
-Es imposible.-Fue el resumen de lo que pensaba.
-¿Imposible? No...
-Sí, si lo fueras de verdad no se lo dirías a cualquiera que se te acercara.-Sostuve su mirada y aguante las ganas que tenía de besarle.
-Es que tú no eres una cualquiera.-Me quedé sin respiración y mi corazón estuvo a punto de salirse de mi pecho.-Ahora entiendo porque he venido.-Su fina mano rozó mis mejillas. Me quedé mirándole cuando las estrellas iluminaron nuestros rostros y una bella luna salió para saludarnos.
-¿Por...por qué?-Apenas podía hablar, estaba como imnotizada.
-Por que el destino me ha llevado hasta ti. Porque...-Sus ojos me habían capturado de una red que no sabía si podía salir algún día. Era tan poco real aquello...que tuve miedo de despertar.-...porque te quiero.
Sus labios se fundieron con los míos. Una extraña confusión llenó todo mi ser. No nos conocíamos...o eso yo creía. Estuvimos toda la noche paseando de un lado a otro sin importar las celosas miradas, ni las riñas por la hora al llegar a casa. Sin importar el mundo entero.
Al día siguiente tube miedo de despertarme. Pero él estaba a mi lado, en aquella mugrienta cabaña. Le miré feliz. Me daba igual que fuera un elfo...Hasta aquel día en que estuvimos hablando.
Mi compañera se fue hacía rato. Estábamos los dos solos en aquella playa desierta. Me concentré en sus ojos, como intentando leer algo en ellos. Él se giró y siguió en la orilla mirando hacía alguna parte de horizonte.
Me desplacé hacía él. Su fina piel y sus ojos rasgados me llamaron la atención. Me quedé observándole descaradamente. Pasó el tiempo. Un último rayo de sol iluminó su rostro, tan fino como el marfil. Me quedé inmóvil cuando se acercó a mí.
Estaba a escasos centímetros de mis labios. No le conocía de nada y, aun así, me entraron ganas de besarle. Su aliento parecía gélido. Su rostro era fino, demasiado fino para ser el de un humano. Sus manos era grandes y sus dedos alargados...entonces me fijé en sus orejas y me quedé en blanco.
Estaba soñando. Sí...todo era un sueño. Dentro de poco me despertaría en la playa, junto a Sonia...Pero no era así. Una parte de mí insistía en que no podía ser real y otra, en cambio, le hacía daño la sola idea de despertar y ver que la perfección no existía. Me quedé hundida en mis pensamientos. Miré al horizonte.
-Hola.-Dijo secamente aquel desconocido. Me sonrojé solo de pensar que podía existir.
-H...hola.-Los nervios, como siempre, me volvieron a fallar.- No eres de por aquí, ¿verdad?-Por fin lo solté.
-No, la verdad es que no sé cómo he llegado hasta aquí.-Parecía confuso y desorientado.
-Pero hablas mi idioma...-Se me escapó el pensamiento.
-Ah...¿crees que por ser elfo tengo un idioma diferente?-Su voz sonaba tan melodiosa que no me hubiera importado que hubiese sido un monstro. Busqué su mirada, tan cercana a la mía. Sus ojos claros...como el cielo, o como el mar.
-Elfo...¿de dónde vienes? hay tantas leyendas que creí que no eran ciertas...y ahora todas las mentiras están ante mí convertidas en una sola persona...-Un brillo de admiración recorrió mis ojos. Era tan evidente que le amaba al hablar con él que me daba vergüenza pronunciar cada palabra.
-Me llamo braind y vengo del mar. No sé como llegué a parar aquí.-Me quedé perpleja cuando mi parte racional se despertó de repente. Me di cuenta de lo absurdo de la situación y de que era imposible que aquella persona de la que me había enamorado fuera de otro mundo. Y la sola idea de imaginármelo salir del mar como un pez me pareció ridículo.
-Es imposible.-Fue el resumen de lo que pensaba.
-¿Imposible? No...
-Sí, si lo fueras de verdad no se lo dirías a cualquiera que se te acercara.-Sostuve su mirada y aguante las ganas que tenía de besarle.
-Es que tú no eres una cualquiera.-Me quedé sin respiración y mi corazón estuvo a punto de salirse de mi pecho.-Ahora entiendo porque he venido.-Su fina mano rozó mis mejillas. Me quedé mirándole cuando las estrellas iluminaron nuestros rostros y una bella luna salió para saludarnos.
-¿Por...por qué?-Apenas podía hablar, estaba como imnotizada.
-Por que el destino me ha llevado hasta ti. Porque...-Sus ojos me habían capturado de una red que no sabía si podía salir algún día. Era tan poco real aquello...que tuve miedo de despertar.-...porque te quiero.
Sus labios se fundieron con los míos. Una extraña confusión llenó todo mi ser. No nos conocíamos...o eso yo creía. Estuvimos toda la noche paseando de un lado a otro sin importar las celosas miradas, ni las riñas por la hora al llegar a casa. Sin importar el mundo entero.
Al día siguiente tube miedo de despertarme. Pero él estaba a mi lado, en aquella mugrienta cabaña. Le miré feliz. Me daba igual que fuera un elfo...Hasta aquel día en que estuvimos hablando.
martes, 14 de octubre de 2008
Sangre Fría
Estaba allí. Lo sabía desde el primer momento pero no quería creerlo. No quería creer lo que estaban viendo mis ojos. Tan guapo como siempre, tan radiante. Era imposible dejar de mirar sus ojos color verde esmeralda. Era imposible decirle que no a cualquier petición.
Y sin embargo...no le quería. Una parte de mí estaba en constante revelación cuando me acercaba a él. Odiaba su forma de hablar, su permanente sonrisa y que siempre aparentara estar feliz cuando, en realidad, todo estaba en su contra.
La verdad, ya no sabía si le quería o le odiaba con todo mi ser. Era tan dificil ser neutra con él.... Con su mirada, su sonrisa permanente y su soltura al hablar. Por una parte me encantaba que estuviera allí. En cambio, por otra, me asustaba la sola idea de mirarle para decirle lo que le tenía que decir.
Pero había venido a la cita y tenía que ir con él.
-Ah! Hola, Brenda.-Sonreí forzadamente. No podía controlar las ganas que tenía de retorcerle su pescuezo. Después de lo que había pasado. De las miles de averturas que habíamos pasado...juntos. Que se comportara asi me ponía enferma.
-Hola.-pero tenía que seguir adelante. La venganza, acababa de empezar.
-¿Qué era eso tan importante que me tenías que decir?-me senté a su lado y repiré el poco aire puro que no estaba impregnado se su repugnante perfume.
-Veras...yo quiero decirte que quiero que me perdones.-Le había hecho demasiadas perradas para que lo hiciera y para que mi plan siguiera en pie.
-Yo tambien quería pedirte perdón.-¿cómo? imposible. Una sonrisa de dientes blancos y perfectos salió a la luz. Me quedé estasiada por su sonrisa. El tiempo se había detenido en aquellos dientes.
-Em...¿Brenda?-Volví a la realidad.
-¿Podemos quedar como amigos? Si quieres...-Puse mi carita de pena. Ninguna pesona se podía negar a aquello. Mi plan iba sobre ruedas. Sonreí para mis adrentos.
-¡Claro! Me encantaría quedar a las 8:20 en mi casa, podríamos ver una peli o algo asi.
-No...¿qué tal si quedamos en el bosque detrás del instituto? Me encanta ese sitio.
-Vale, lo que tu digas.-Sonreí traviesamente. No pude ocultar mi inmensa felicidad.
Luego me fui.
La sirena acababa de tocar anunciano el final de las clases. Cojí mis cosas. Pensé que este día sería el último de mi vida. Respiré hondo hantes de despedirme de mis amigos, para siempre. Luego me marché, sin prisa, hacía mi coche.
Antes de que pudiera decir nada a mis padres me fui al bosque. No me atrevía a despedirme de ellos. No, de ellos no. Estube preparandome para lo que iba a ser la última vez. Cojí de mi bolso unas cuantas cosas. Cuando levante la vista le encontré allí, tan fiel como siempre. Su sonrisa incansable, su rostro perfecto...Daban nausias de amor al verle. No pude reprimir una última sonrisa de respuesta.
-Bueno...ya estamos aquí.-Dijo para cortar el silencio. Había tanta tensión en el hambiente que casi se podía palpar. Él lo sabía y sonreí satisfecha de que hubiera venido.-ya se lo que vas a hacer. Hantes de que lo hagas quiero decirte algo.-Saqué el puñal de mi bolso y puse la punta en mi dedo índice.
-Dime lo que me tengas que decir. El tiempo es poco.
-He venido porque...
-¡Date prisa el sol se esta poniendo ya!-Un último rayo de sol iluminó su rostro por última vez.
Me acerqué a él. No era yo la que lo hacía. Mis colmillos se habían alargado considerablemente. Mi vestido azul marino se había transformado en negro y mis ojos...mis ojos habían himnotizado a cualquiera que se pusiera delante para contemplarlos. Sí, esa era yo. Pero sería la última vez que me transformaba.
-Brenda...-No tenían miedo sus palabras. Le entregé el puñal.-...No puedo, Brenda.
-Matame.-Dije con voz ronca. Cada vez mi conciencia se iba quedando más y más dormida.-Matame.
-No...
-Matame antes de que sea tarde.-Lloré. Eso fue lo último que hizo mi consciencia hates de caer rendida en la profunda penumbra que ahora abarcaba mi ser. Ya era tarde y Victor se me había quedado mirando con su estúpida sonrisa que ahora parecía cansada. Estaba dispuesta a lamerle su cuello cuando cojió el puñal con sus manos y se lo clavó en el corazón. Le miré perpleja.
Sus últimas palabras...
-Te quiero. Aunque...aunque te haya hecho daño...te quiero más que a mi propia vida...porque no quiero hacerte más daño...así ya no tendras miedo a la muete...porque sabras que yo te estaré...-Se le cortó la voz y blotó sagre de su boca. Una lágrima calló en el puñal. Mi conciencia se había apoderado de mi ser en el momento de confusión pero la sangre volvió a despertar a la bestia.
-...siempre...te estaré esperando...Brenda...-Una última mirada a mi rostro desamparado y rodeado de lágrimas. Una última sonrisa y todo se volvió negro...
-Lo sé...sé que ya no tengo miedo a la muerte. Dejé su mano tendida en la espesa maleza. Entonces acerqué mi muñeca a la boca y llamé a la bestia...ella acudió encantada y entonces...
La sangre brotaba de mi muñeca y de mi boca. Poco a poco iba muriendo...¿las últimas palabras?...siempre juntos...
Y sin embargo...no le quería. Una parte de mí estaba en constante revelación cuando me acercaba a él. Odiaba su forma de hablar, su permanente sonrisa y que siempre aparentara estar feliz cuando, en realidad, todo estaba en su contra.
La verdad, ya no sabía si le quería o le odiaba con todo mi ser. Era tan dificil ser neutra con él.... Con su mirada, su sonrisa permanente y su soltura al hablar. Por una parte me encantaba que estuviera allí. En cambio, por otra, me asustaba la sola idea de mirarle para decirle lo que le tenía que decir.
Pero había venido a la cita y tenía que ir con él.
-Ah! Hola, Brenda.-Sonreí forzadamente. No podía controlar las ganas que tenía de retorcerle su pescuezo. Después de lo que había pasado. De las miles de averturas que habíamos pasado...juntos. Que se comportara asi me ponía enferma.
-Hola.-pero tenía que seguir adelante. La venganza, acababa de empezar.
-¿Qué era eso tan importante que me tenías que decir?-me senté a su lado y repiré el poco aire puro que no estaba impregnado se su repugnante perfume.
-Veras...yo quiero decirte que quiero que me perdones.-Le había hecho demasiadas perradas para que lo hiciera y para que mi plan siguiera en pie.
-Yo tambien quería pedirte perdón.-¿cómo? imposible. Una sonrisa de dientes blancos y perfectos salió a la luz. Me quedé estasiada por su sonrisa. El tiempo se había detenido en aquellos dientes.
-Em...¿Brenda?-Volví a la realidad.
-¿Podemos quedar como amigos? Si quieres...-Puse mi carita de pena. Ninguna pesona se podía negar a aquello. Mi plan iba sobre ruedas. Sonreí para mis adrentos.
-¡Claro! Me encantaría quedar a las 8:20 en mi casa, podríamos ver una peli o algo asi.
-No...¿qué tal si quedamos en el bosque detrás del instituto? Me encanta ese sitio.
-Vale, lo que tu digas.-Sonreí traviesamente. No pude ocultar mi inmensa felicidad.
Luego me fui.
La sirena acababa de tocar anunciano el final de las clases. Cojí mis cosas. Pensé que este día sería el último de mi vida. Respiré hondo hantes de despedirme de mis amigos, para siempre. Luego me marché, sin prisa, hacía mi coche.
Antes de que pudiera decir nada a mis padres me fui al bosque. No me atrevía a despedirme de ellos. No, de ellos no. Estube preparandome para lo que iba a ser la última vez. Cojí de mi bolso unas cuantas cosas. Cuando levante la vista le encontré allí, tan fiel como siempre. Su sonrisa incansable, su rostro perfecto...Daban nausias de amor al verle. No pude reprimir una última sonrisa de respuesta.
-Bueno...ya estamos aquí.-Dijo para cortar el silencio. Había tanta tensión en el hambiente que casi se podía palpar. Él lo sabía y sonreí satisfecha de que hubiera venido.-ya se lo que vas a hacer. Hantes de que lo hagas quiero decirte algo.-Saqué el puñal de mi bolso y puse la punta en mi dedo índice.
-Dime lo que me tengas que decir. El tiempo es poco.
-He venido porque...
-¡Date prisa el sol se esta poniendo ya!-Un último rayo de sol iluminó su rostro por última vez.
Me acerqué a él. No era yo la que lo hacía. Mis colmillos se habían alargado considerablemente. Mi vestido azul marino se había transformado en negro y mis ojos...mis ojos habían himnotizado a cualquiera que se pusiera delante para contemplarlos. Sí, esa era yo. Pero sería la última vez que me transformaba.
-Brenda...-No tenían miedo sus palabras. Le entregé el puñal.-...No puedo, Brenda.
-Matame.-Dije con voz ronca. Cada vez mi conciencia se iba quedando más y más dormida.-Matame.
-No...
-Matame antes de que sea tarde.-Lloré. Eso fue lo último que hizo mi consciencia hates de caer rendida en la profunda penumbra que ahora abarcaba mi ser. Ya era tarde y Victor se me había quedado mirando con su estúpida sonrisa que ahora parecía cansada. Estaba dispuesta a lamerle su cuello cuando cojió el puñal con sus manos y se lo clavó en el corazón. Le miré perpleja.
Sus últimas palabras...
-Te quiero. Aunque...aunque te haya hecho daño...te quiero más que a mi propia vida...porque no quiero hacerte más daño...así ya no tendras miedo a la muete...porque sabras que yo te estaré...-Se le cortó la voz y blotó sagre de su boca. Una lágrima calló en el puñal. Mi conciencia se había apoderado de mi ser en el momento de confusión pero la sangre volvió a despertar a la bestia.
-...siempre...te estaré esperando...Brenda...-Una última mirada a mi rostro desamparado y rodeado de lágrimas. Una última sonrisa y todo se volvió negro...
-Lo sé...sé que ya no tengo miedo a la muerte. Dejé su mano tendida en la espesa maleza. Entonces acerqué mi muñeca a la boca y llamé a la bestia...ella acudió encantada y entonces...
La sangre brotaba de mi muñeca y de mi boca. Poco a poco iba muriendo...¿las últimas palabras?...siempre juntos...
Espada helada
Era fría y fina. Su filo medía un metro exacto y era capaz de cortar cualquier cosa. Pero esta espada no era una espada corriente…era una espada de hielo. Su filo estaba congelado. Era fría y azul. El puñal era tan especial como el filo, con incrustaciones de oro y plata. El puñal, consistía en una serpiente enroscada a una rama y en su ojo izquierdo tenía un rubí rojo, que no era corriente puesto que te indicaba el camino más certero.
El gigante que la fundió y la creó murió al terminarla. Su alma quedó vagando durante un tiempo por las montañas. Aun a su espada de faltaba algo y estaba dispuesto a averiguarlo. Entonces encontró la solución, un alma de hielo para una espada de hielo. Una noche, en la penumbra, un hombre encapuchado llegó a la cueva del gigante muerto. Su alma lo observaba desde el otro lado. El hombre, después de mirar a ambos lados, se acerco con el sigilo de un felino a la espada. Abrió la palma de la mano y agarró la empuñadura con fuerza. El alma del gigante se encontraba en la espada y notó su presencia.
Cuando coges una espada como esa se te puede congelar las entrañas. Pero el hombre la cogió y se la llevó en su funda. Pasaron los años y poco a poco el mal se apoderó de Hidún.
Llantos, llamas, familias enteras calcinadas, sangre, guerras formaron parte de Hidún. La Diosa había llegado…y los seis no estaban para ayudarlos. Un ser humano tenía el poder, o eso se creía, la diosa le controlaba desde las alturas pero él siempre creyó ser él que controlaba a la Diosa. Era un hombre fornido, con armadura de oro y plata…en el centro de la armadura se podía ver en relieve una serpiente alada que estaba enroscada en una rama y cuyo ojo era un rubí rojo. Iba a conjunto con su espada.
Antes de la gran guerra llamó a su ejército. Se asomó al gran balcón y abrió los brazos mirando al cielo.
-Estamos listos.-Dijo con voz serena, alzándola a los cien cielos.-Que la guerra acabe con nuestra victoria.-Los soldados gritaban de júbilo y emoción. El nerviosismo y la tensión les corroían las entrañas. Luego puso los pies en la barandilla, se alzó y desenfundo su espada. El frío hielo se reflejó al cálido sol. Luego sonrió amargamente y balanceó su pie en el vació. Todos los soldados se preguntaban qué hacía.
Se quitó la capa roja que llevaba y saltó al vació. Sonaron algunas exclamaciones…Y luego todo fue silencio. Una serpiente alada volaba hacía el horizonte y uno de sus ojos era tan rojo como un rubí. En medio de la neblina una luz rojiza guiaba a los soldados hacia su nuevo destino…la guerra.
El gigante que la fundió y la creó murió al terminarla. Su alma quedó vagando durante un tiempo por las montañas. Aun a su espada de faltaba algo y estaba dispuesto a averiguarlo. Entonces encontró la solución, un alma de hielo para una espada de hielo. Una noche, en la penumbra, un hombre encapuchado llegó a la cueva del gigante muerto. Su alma lo observaba desde el otro lado. El hombre, después de mirar a ambos lados, se acerco con el sigilo de un felino a la espada. Abrió la palma de la mano y agarró la empuñadura con fuerza. El alma del gigante se encontraba en la espada y notó su presencia.
Cuando coges una espada como esa se te puede congelar las entrañas. Pero el hombre la cogió y se la llevó en su funda. Pasaron los años y poco a poco el mal se apoderó de Hidún.
Llantos, llamas, familias enteras calcinadas, sangre, guerras formaron parte de Hidún. La Diosa había llegado…y los seis no estaban para ayudarlos. Un ser humano tenía el poder, o eso se creía, la diosa le controlaba desde las alturas pero él siempre creyó ser él que controlaba a la Diosa. Era un hombre fornido, con armadura de oro y plata…en el centro de la armadura se podía ver en relieve una serpiente alada que estaba enroscada en una rama y cuyo ojo era un rubí rojo. Iba a conjunto con su espada.
Antes de la gran guerra llamó a su ejército. Se asomó al gran balcón y abrió los brazos mirando al cielo.
-Estamos listos.-Dijo con voz serena, alzándola a los cien cielos.-Que la guerra acabe con nuestra victoria.-Los soldados gritaban de júbilo y emoción. El nerviosismo y la tensión les corroían las entrañas. Luego puso los pies en la barandilla, se alzó y desenfundo su espada. El frío hielo se reflejó al cálido sol. Luego sonrió amargamente y balanceó su pie en el vació. Todos los soldados se preguntaban qué hacía.
Se quitó la capa roja que llevaba y saltó al vació. Sonaron algunas exclamaciones…Y luego todo fue silencio. Una serpiente alada volaba hacía el horizonte y uno de sus ojos era tan rojo como un rubí. En medio de la neblina una luz rojiza guiaba a los soldados hacia su nuevo destino…la guerra.
lunes, 13 de octubre de 2008
Fuego
``El caos reinaba en Hidún. La gran guerra estaba cerca y los seis aun no habían aparecido. Hasta en el último rincón de Hidún había caos y destrucción. Entonces apareció él. Tal vez no era muy alto, ni muy guapo, pero tenía tanto poder como los cientos de hombres que se aproximaban hacía el lugar donde estaba. Sus ojos eran verdes como la hierba, no era alto y tan solo tenía 14 años. Llevaba en la espalda una vaina de piel de serpiente. Miró hacia el horizonte y los vio. Estaba solo en mitad del desierto y no tenía ningún miedo a morir. Se sentía tan fuerte como el sol o la luna, como el viento o el fuego…
Una flecha cayó justo al lado suya. Sonrió. Desenfundó su espada. Entre todos los gritos, las revueltas y la sangre, hubo un segundo de silencio. Todos miraron con cautela hacía donde estaba él. En los ojos verdes de aquel chico se podían reflejar su espada…tan ardiente como su espíritu. El filo era puro fuego y su mango se trataba de oro y plata que se fusionaban para formar la figura de un dragón dormido en una cueva. Los ojos del dragón eran verdes…esmeraldas verdes que concentraban el poder de la tierra.
Los soldados se pararon como esperando alguna señal. Era uno contra cientos y aun así tenía posibilidades de ganar. Sonrió de nuevo y corrió con todas sus fuerzas hacia ellos. Tenía la espada dispuesta para beber sangre. Estaban en el desierto. Corría a la velocidad del viento. Los soldados se ponían en posición. Sus pies causaban una nube de polvo al correr. Entonces se oyó un gritó y todo se volvió rojo…como el fuego.
Cuando los soldados pudieron abrir los ojos se encontraron ante ellos a una criatura sorprendente…No había palabras para describirla. Con la boca abierta soltaron sus armas, y con una sonrisa se despidieron por siempre de la vida. Sus alas eran membranosas, su piel rojiza, tenía dos largos cuernos y su cabeza estaba cubierta por una abundante capa de pelo. Era un dragón rojo. Dejó las cenizas de lo que antes había sido un numeroso ejército y se perdió lejos de allí, para buscar más sangre con la que saciar a su espada. Sus ojos eran verdes como esmeraldas…``
Una flecha cayó justo al lado suya. Sonrió. Desenfundó su espada. Entre todos los gritos, las revueltas y la sangre, hubo un segundo de silencio. Todos miraron con cautela hacía donde estaba él. En los ojos verdes de aquel chico se podían reflejar su espada…tan ardiente como su espíritu. El filo era puro fuego y su mango se trataba de oro y plata que se fusionaban para formar la figura de un dragón dormido en una cueva. Los ojos del dragón eran verdes…esmeraldas verdes que concentraban el poder de la tierra.
Los soldados se pararon como esperando alguna señal. Era uno contra cientos y aun así tenía posibilidades de ganar. Sonrió de nuevo y corrió con todas sus fuerzas hacia ellos. Tenía la espada dispuesta para beber sangre. Estaban en el desierto. Corría a la velocidad del viento. Los soldados se ponían en posición. Sus pies causaban una nube de polvo al correr. Entonces se oyó un gritó y todo se volvió rojo…como el fuego.
Cuando los soldados pudieron abrir los ojos se encontraron ante ellos a una criatura sorprendente…No había palabras para describirla. Con la boca abierta soltaron sus armas, y con una sonrisa se despidieron por siempre de la vida. Sus alas eran membranosas, su piel rojiza, tenía dos largos cuernos y su cabeza estaba cubierta por una abundante capa de pelo. Era un dragón rojo. Dejó las cenizas de lo que antes había sido un numeroso ejército y se perdió lejos de allí, para buscar más sangre con la que saciar a su espada. Sus ojos eran verdes como esmeraldas…``
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