Estoy empezando en el word una nueva historia sin fin, aun xD. La verdad es que no sé si publicarla, por las dimensiones que ya está cogiendo. Me siento ahora mismo incapaz de escribir un corto relato y sin embargo tengo las suficientes ganas como para continuar con una historia larga. Y hay veces que me odio por eso, porque normalmente a la gente le gusta leer un poco de aquí y otro poco de allá y si yo escribo mucho no creo que la gente me lea, aunque no sé si es porque escribo mucho o porque escribo mucho y mal. Además me es imposible hacer un relato en el que no haya amor (soy una persona muy sentimental aunque siempre es un amor trágico y desdichado). Me gustaría meter acción en mis relatos aunque no creo que consiga nada. De todas formas no creo que quedará bien y mi instinto sensiblero haría que quedará peor entremezclando una feroz historia de amor entre dos pasionales desconocidos. Aun mi mente no ha aprendido que el hombre es incapaz de amar tan intensamente a cualquier persona que no sea él mismo. Triste de que sean solamente palabras sin sentido que no puedan compararse ni un solo segundo con la realidad del mundo en el ahora vivimos. Bueno, creo que me he ido un poco por las ramas. Ni si quiera sé si está bien lo que estoy diciendo o es otro espejismo de mi mente sin límites para soltar paranoias como estas.
La conclusión a todo este tocho que he vuelto a soltar es que no sé si publicar otra historia como ''el ombligo del árbol'' o como ''Lazo rojo''. Historias de cuyas dimensiones desconozco totalmente pues fui publicándolas a lo loco (sobre todo la segunda).
Gracias a todos los que soportéis mis soporíferas historias y mis incompletos relatos.
Os quiero, de corazón.
domingo, 28 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
El ombligo del árbol-Árbol viejo, árbol olvidado
Sus hojas brillaban con el amanecer. Su tronco era grueso y perfecto. Fuera invierno, primavera, verano u otoño siempre estaba igual. No cambiaba…evolucionaba.
Era más que un árbol. Era más que magia. Era nuestros deseos, era nuestro pasado y sería nuestro futuro.
Me contó que su semilla había sido una mutación. Única en el mundo. Se decía que se extravió y se mezcló con plantas alucinógenas que al venderlas en el mercado negro, vieron la semilla y la tiraron al río. Del río la cogió un niño, el cual se la enseñó a su madre, esta dijo que la tirara y, el pequeño, obediente, la tiró al cubo de basura más próximo.
Jugando unos adolescentes al fútbol tiraron el contenedor, volcando su contenido. Salieron corriendo menos uno, que vio que había algo que brillaba. Se la metió en el bolsillo y corrió junto a los otros.
Luego este, por un cigarro la cambió a una chica de pelo castaño. La chica, maravillada por el brillo de la semilla la acepto.
Esta chica era la tatarabuela de Allen, la cual la plantó en su patio.
Y este creció con la magia de la probabilidad.
Era más que un árbol. Era más que magia. Era nuestros deseos, era nuestro pasado y sería nuestro futuro.
Me contó que su semilla había sido una mutación. Única en el mundo. Se decía que se extravió y se mezcló con plantas alucinógenas que al venderlas en el mercado negro, vieron la semilla y la tiraron al río. Del río la cogió un niño, el cual se la enseñó a su madre, esta dijo que la tirara y, el pequeño, obediente, la tiró al cubo de basura más próximo.
Jugando unos adolescentes al fútbol tiraron el contenedor, volcando su contenido. Salieron corriendo menos uno, que vio que había algo que brillaba. Se la metió en el bolsillo y corrió junto a los otros.
Luego este, por un cigarro la cambió a una chica de pelo castaño. La chica, maravillada por el brillo de la semilla la acepto.
Esta chica era la tatarabuela de Allen, la cual la plantó en su patio.
Y este creció con la magia de la probabilidad.
El ombligo del árbol cap.7 segunda parte
Era Elsa sin David.”
-Vaya, tuvo que ser muy duro…entonces, ¿es eso lo que le has pedido al árbol?
Le miré.
-¿Le has pedido volver a vivir?
No me atreví a despegar los labios. ¿Le había pedido vivir?¿Era eso lo que ocultaba con tanto empeño mi mente?
-No…-Suspiré.
Entonces él acarició mi rostro. Me quedé extasiada ante el contacto. Era tan perfecto que tenía miedo de que se fuera. Por fin, por fin…otra vez, volvía a tener miedo.
-Es verdad, ¿no?-Dijo cuando aparté la mirada de la suya. Le miré de nuevo.
-¿El qué es verdad?
-Que se puede querer a una persona nada más conocerla.-Y sus labios, locos por la pasión se fundieron con los míos. Y los míos, tensos por el dolor, respondieron siniestramente perfecto a los suyos.
Y me fui. Lejos. Lejos de mi habitación. Lejos de Elsa. Lejos de David…y me fui…lejos…
Cuando nos separamos nos quedamos más pegados. No podía sentir otra cosa que no fuera él.
-Sí…-Dije-es verdad.
Y sonreí tímidamente, esperando otro beso. Y otro. Y otro más…
Nuestros besos eran encadenados, no parábamos. Y nuestra pasión hizo que el viejo álbum lleno de antiguos recuerdos cayera de la cama… Haciendo saber así que volvía a empezar. Sin olvidar ni un segundo su existencia. Sin olvidar las lágrimas.
Sin olvidar nada. Simplemente, volver a empezar. Con todo y con nada. Con nuestras historias, que ahora se enlazaban, tal vez para siempre.
-Ya sé lo que pediste…-Dijo una vez que dejamos de besarnos locamente.
-¿Qué?-Respondí con miedo a la posible respuesta.
-Lo mismo que he pedido yo…
Esperé. Pero no hubo otra respuesta. Nos volvimos a besar, esta vez más intensamente que las otras veces.
Estaba feliz. Era feliz.
-Vaya, tuvo que ser muy duro…entonces, ¿es eso lo que le has pedido al árbol?
Le miré.
-¿Le has pedido volver a vivir?
No me atreví a despegar los labios. ¿Le había pedido vivir?¿Era eso lo que ocultaba con tanto empeño mi mente?
-No…-Suspiré.
Entonces él acarició mi rostro. Me quedé extasiada ante el contacto. Era tan perfecto que tenía miedo de que se fuera. Por fin, por fin…otra vez, volvía a tener miedo.
-Es verdad, ¿no?-Dijo cuando aparté la mirada de la suya. Le miré de nuevo.
-¿El qué es verdad?
-Que se puede querer a una persona nada más conocerla.-Y sus labios, locos por la pasión se fundieron con los míos. Y los míos, tensos por el dolor, respondieron siniestramente perfecto a los suyos.
Y me fui. Lejos. Lejos de mi habitación. Lejos de Elsa. Lejos de David…y me fui…lejos…
Cuando nos separamos nos quedamos más pegados. No podía sentir otra cosa que no fuera él.
-Sí…-Dije-es verdad.
Y sonreí tímidamente, esperando otro beso. Y otro. Y otro más…
Nuestros besos eran encadenados, no parábamos. Y nuestra pasión hizo que el viejo álbum lleno de antiguos recuerdos cayera de la cama… Haciendo saber así que volvía a empezar. Sin olvidar ni un segundo su existencia. Sin olvidar las lágrimas.
Sin olvidar nada. Simplemente, volver a empezar. Con todo y con nada. Con nuestras historias, que ahora se enlazaban, tal vez para siempre.
-Ya sé lo que pediste…-Dijo una vez que dejamos de besarnos locamente.
-¿Qué?-Respondí con miedo a la posible respuesta.
-Lo mismo que he pedido yo…
Esperé. Pero no hubo otra respuesta. Nos volvimos a besar, esta vez más intensamente que las otras veces.
Estaba feliz. Era feliz.
viernes, 19 de marzo de 2010
El ombligo del árbol cap.7 primera parte
-Bueno, ¿y qué pasó, por qué no fue a la cita?-Dijo Allen interrumpiendo mis pensamientos.
-Estaba enfada con él…muy enfadada. Encima no daba señales. Fui a su casa muchas veces pero nunca me atreví a tocar el timbre.
‘’Tenía miedo de que me dijera que habíamos terminado para siempre, de que yo solo era una niña y que él necesitaba algo más. Tenía miedo de que me dijera que no me quería, de que me dijera que solo había sido un juego…una pérdida de tiempo.
Así que nunca llamé a su timbre.
Pero…una mañana, mientras iba al instituto, vi a su tutor. Era un hombre viejo, con corbata y gafas pequeñas y redondas. Me quedé mirándolo, replanteándome si preguntar por David o no.
Me arriesgué. Vi que se iría en autobús lejos del pueblo. Había veces que dejaba solo a David así que pensé que sería una de ellas.
-Perdone.-Dije corriendo antes de que se fuera.-Espere un momento.
Me miró tristemente. Jamás había visto tanta pena en una sola mirada. Sus ojos estaban un poco cristalinos.
-¿Qué pasa pequeña?-Me dijo mientras ponía un pié en el autobús.
-David…¿le pasa algo?
-No, ya no le pasa nada…-Miró el suelo. Su rostro era dolor.
-¿Ya?-Le miré.
-Hija, siento ser yo quien te lo diga. David cogió leucemia y nadie pudo hacer nada por él. Lo siento mucho…siento habértelo ocultado hasta hoy…tu padre me lo pidió.
Entonces, todo mi mundo se fue. Como la vida de la persona que más quería en el mundo. Mis ilusiones y mis deseos se desvanecieron convirtiéndose en polvo.
Así que, después de desmayarme, cuando desperté era otra.
-Estaba enfada con él…muy enfadada. Encima no daba señales. Fui a su casa muchas veces pero nunca me atreví a tocar el timbre.
‘’Tenía miedo de que me dijera que habíamos terminado para siempre, de que yo solo era una niña y que él necesitaba algo más. Tenía miedo de que me dijera que no me quería, de que me dijera que solo había sido un juego…una pérdida de tiempo.
Así que nunca llamé a su timbre.
Pero…una mañana, mientras iba al instituto, vi a su tutor. Era un hombre viejo, con corbata y gafas pequeñas y redondas. Me quedé mirándolo, replanteándome si preguntar por David o no.
Me arriesgué. Vi que se iría en autobús lejos del pueblo. Había veces que dejaba solo a David así que pensé que sería una de ellas.
-Perdone.-Dije corriendo antes de que se fuera.-Espere un momento.
Me miró tristemente. Jamás había visto tanta pena en una sola mirada. Sus ojos estaban un poco cristalinos.
-¿Qué pasa pequeña?-Me dijo mientras ponía un pié en el autobús.
-David…¿le pasa algo?
-No, ya no le pasa nada…-Miró el suelo. Su rostro era dolor.
-¿Ya?-Le miré.
-Hija, siento ser yo quien te lo diga. David cogió leucemia y nadie pudo hacer nada por él. Lo siento mucho…siento habértelo ocultado hasta hoy…tu padre me lo pidió.
Entonces, todo mi mundo se fue. Como la vida de la persona que más quería en el mundo. Mis ilusiones y mis deseos se desvanecieron convirtiéndose en polvo.
Así que, después de desmayarme, cuando desperté era otra.
El ombligo del árbol cap.6 cuarta parte
Así que decidimos casarnos e irnos lejos, a la ciudad.”
-Pero…tenías catorce años. ¿Cómo te pudo dejar tu padre?
Sonreí.
-Eran solo sueños. Eran nuestros sueños.-Sonreí tristemente.-Mi padre pensaba que era un juego de chiquillos. Una bobada…pero para nosotros significaba mucho…
‘’Entonces, el día más especial de mi vida, vino él a mi casa.
Su cara era como la de los ángeles. Pura porcelana, perfecta. Todo lo suyo era así. Era él la única razón por la que tenía fuerzas para levantarme cada mañana…la razón que la muerte de mi madre no fuera tan dolorosa…
-Elsa…te tengo que decir algo.-Abrí la puerta de la vieja casa y salí de ella.
-¿Qué?-Dije con la sonrisa de ilusión en mi cara.
Él me enseñó la suya. Era tan lindo… Se rascó la cabeza vergonzosamente.
-¿Quieres salir conmigo?-Dijo después de más de un minuto de expectación.”
Allen no dejaba de mirarme. Me recordaba a él…a David. Le sonreí.
-Ahí es dónde empieza nuestra historia. Ahí es dónde comienza el albúm.
Él pasó otra arrugada página.
Estaba montada en un columpio. David me empujaba y yo sonreía, feliz, ilusa.
-¿Por qué él nunca supo lo que sentías?-Allen ya se había metido en la historia por completo.
-Estuvimos saliendo. Pero era todo igual que antes. Nos cogíamos de la mano. Íbamos a los columpios. Nos quedábamos mirando el atardecer. Nos besábamos como despedida. Era perfecto. Cada día diferentemente perfecto…
-¿Cuál es el problema entonces?
-El problema fui yo.-Miré tristemente a mis manos temblorosas.-Un día quedamos, íbamos a adentrarnos por el bosque y hacer un picnic. Lo habíamos planeado hace semanas y yo estaba muy ilusionada.
‘’Pasaron las horas. Le esperé, en la puerta. Sin moverme ni un segundo. Algo me decía que vendría. Estaría allí y se quedaría conmigo como siempre. Pero no vino.
Esperé. Empezó a llover, pero seguí sin moverme. Entonces, lloré. La comida que había preparado con todo mi corazón, dando todo lo que no había dado, se mojaba. Se estropeaba. Y mi corazón, se partía.
Lloraba. Allí, sola, sin nadie que me acompañara.
Al día siguiente me puse enferma y no pude ir a clase.
Pasé semanas sin saber noticia de David. Estaba muy enfadada con él. Me había dejado ahí, en ese día tan especial en el que le iba a decir las cinco letras…”
-¿Las cinco letras?
-Claro, te amo…-Sonreí. Allen me acompañó. Mi respiración se volvió entrecortada y mis temblorosas manos temblaron.
Por fin había dicho las cinco letras. ¿Eran para él? O eran…recuerdos.
-Pero…tenías catorce años. ¿Cómo te pudo dejar tu padre?
Sonreí.
-Eran solo sueños. Eran nuestros sueños.-Sonreí tristemente.-Mi padre pensaba que era un juego de chiquillos. Una bobada…pero para nosotros significaba mucho…
‘’Entonces, el día más especial de mi vida, vino él a mi casa.
Su cara era como la de los ángeles. Pura porcelana, perfecta. Todo lo suyo era así. Era él la única razón por la que tenía fuerzas para levantarme cada mañana…la razón que la muerte de mi madre no fuera tan dolorosa…
-Elsa…te tengo que decir algo.-Abrí la puerta de la vieja casa y salí de ella.
-¿Qué?-Dije con la sonrisa de ilusión en mi cara.
Él me enseñó la suya. Era tan lindo… Se rascó la cabeza vergonzosamente.
-¿Quieres salir conmigo?-Dijo después de más de un minuto de expectación.”
Allen no dejaba de mirarme. Me recordaba a él…a David. Le sonreí.
-Ahí es dónde empieza nuestra historia. Ahí es dónde comienza el albúm.
Él pasó otra arrugada página.
Estaba montada en un columpio. David me empujaba y yo sonreía, feliz, ilusa.
-¿Por qué él nunca supo lo que sentías?-Allen ya se había metido en la historia por completo.
-Estuvimos saliendo. Pero era todo igual que antes. Nos cogíamos de la mano. Íbamos a los columpios. Nos quedábamos mirando el atardecer. Nos besábamos como despedida. Era perfecto. Cada día diferentemente perfecto…
-¿Cuál es el problema entonces?
-El problema fui yo.-Miré tristemente a mis manos temblorosas.-Un día quedamos, íbamos a adentrarnos por el bosque y hacer un picnic. Lo habíamos planeado hace semanas y yo estaba muy ilusionada.
‘’Pasaron las horas. Le esperé, en la puerta. Sin moverme ni un segundo. Algo me decía que vendría. Estaría allí y se quedaría conmigo como siempre. Pero no vino.
Esperé. Empezó a llover, pero seguí sin moverme. Entonces, lloré. La comida que había preparado con todo mi corazón, dando todo lo que no había dado, se mojaba. Se estropeaba. Y mi corazón, se partía.
Lloraba. Allí, sola, sin nadie que me acompañara.
Al día siguiente me puse enferma y no pude ir a clase.
Pasé semanas sin saber noticia de David. Estaba muy enfadada con él. Me había dejado ahí, en ese día tan especial en el que le iba a decir las cinco letras…”
-¿Las cinco letras?
-Claro, te amo…-Sonreí. Allen me acompañó. Mi respiración se volvió entrecortada y mis temblorosas manos temblaron.
Por fin había dicho las cinco letras. ¿Eran para él? O eran…recuerdos.
El ombligo del árbol cap.6 tercera parte
-No, no es un álbum-Me miró como si estuviera loca.-es mi vida.
Siguió mirándome sin comprender. Sonreí con la tristeza pintada en la cara.
-Ábrelo. Quiero que lo sepas. Quiero que sepas por qué soy así.
La ilusión volvió a su rostro.
Entonces lo abrió, dejando caer la polvorienta tapa el su muslo.
Allí estaba él.
No lo había vuelto abrir desde que se fue.
Sería la primera vez que lo haría en compañía.
Era todo lo que creía que era.
-¿Quién es ese?-Dijo Allen señalando la primera foto. Era yo y él.
Salíamos abrazados y felices. Como siempre. Locos, contentos.
-Es David.-Dije con añoranza.
-¿Es un primo tuyo?-Noté un cierto toque de celos lo que me hizo apenarme más.
-No, era mi novio…
-¿Ya no lo es?-Sin saber por qué me puse muy triste.
-No, ya no lo es…jamás podría volver a serlo.
-¿Estás segura de que quieres que lo vea?-Dijo viendo como una mal disimulada lágrima caía por mis mejillas.
-Eres mi amigo. Tienes el derecho de saber lo que pasó.
-¿Lo que pasó?
Asentí.
Seguimos mirando las viejas fotografías. Serían de hace un par de años. Yo había desarrollado muy pronto…
-¿Quieres oírla?
Allen asintió.
‘’Hace dos años me fui a un pueblo perdido. No me acuerdo del nombre pero eso era lo menos importante. Estaba a las afueras de Paris, lejos del recuerdo de mi madre. Mi padre y yo intentábamos volver a encontrar sentido a nuestras vidas. Allí, en aquel remoto lugar habitaba algún familiar mío.
Tía segunda para ser exacta. Allí, en aquel lugar lejano, habitaba David.”
Allen pasó la hoja arrugada por aquellas lágrimas de emoción que un día se me escaparon.
Estábamos David y yo, como siempre. Sentados en un banco. Él me cogía de la cintura y yo le besaba, dándolo todo.
“David era conocido en todo el pueblo por ser huérfano. Sus padres murieron de leucemia. En el mismo pueblo en el que nacieron. Pero él no quería ser como sus padres.
Cuando le conocí perseguía el sueño de ir a Paris. Ser famoso y rico. Cada palabra que producían sus labios era poesía para mí.
Desde que lo conocí he estado enamorada de él. Me di cuenta que la vida que había pasado sin él había sido preparación. Preparación para estar con él.
Suspiraba mirándole. Sonreía como una tonta cada vez que me hablaba.
Y con el paso del tiempo nos fuimos haciendo amigos.”
Allen miró toda la hoja. Éramos él y yo. Haciendo tonterías. Corazones, amor, bobadas de esas…
-¿Tu le amabas?-Parecía decepcionado.
-Sí, mucho.
Le vi triste.
-Pero él nunca lo supo.-Miré por la ventana.
-Pero… ¿no estabais saliendo?
-Fue el juego. La preparación que hacen los soldados antes de la batalla.
“David y yo nos llevábamos genial. Él tenía dos años más que yo pero parecíamos de la misma quinta.
Allí, en aquel pueblecito, el casarse tenía mucha importancia. Así que nosotros deseábamos con estar casados. Siempre.
Mi padre también estaba de acuerdo.
Siguió mirándome sin comprender. Sonreí con la tristeza pintada en la cara.
-Ábrelo. Quiero que lo sepas. Quiero que sepas por qué soy así.
La ilusión volvió a su rostro.
Entonces lo abrió, dejando caer la polvorienta tapa el su muslo.
Allí estaba él.
No lo había vuelto abrir desde que se fue.
Sería la primera vez que lo haría en compañía.
Era todo lo que creía que era.
-¿Quién es ese?-Dijo Allen señalando la primera foto. Era yo y él.
Salíamos abrazados y felices. Como siempre. Locos, contentos.
-Es David.-Dije con añoranza.
-¿Es un primo tuyo?-Noté un cierto toque de celos lo que me hizo apenarme más.
-No, era mi novio…
-¿Ya no lo es?-Sin saber por qué me puse muy triste.
-No, ya no lo es…jamás podría volver a serlo.
-¿Estás segura de que quieres que lo vea?-Dijo viendo como una mal disimulada lágrima caía por mis mejillas.
-Eres mi amigo. Tienes el derecho de saber lo que pasó.
-¿Lo que pasó?
Asentí.
Seguimos mirando las viejas fotografías. Serían de hace un par de años. Yo había desarrollado muy pronto…
-¿Quieres oírla?
Allen asintió.
‘’Hace dos años me fui a un pueblo perdido. No me acuerdo del nombre pero eso era lo menos importante. Estaba a las afueras de Paris, lejos del recuerdo de mi madre. Mi padre y yo intentábamos volver a encontrar sentido a nuestras vidas. Allí, en aquel remoto lugar habitaba algún familiar mío.
Tía segunda para ser exacta. Allí, en aquel lugar lejano, habitaba David.”
Allen pasó la hoja arrugada por aquellas lágrimas de emoción que un día se me escaparon.
Estábamos David y yo, como siempre. Sentados en un banco. Él me cogía de la cintura y yo le besaba, dándolo todo.
“David era conocido en todo el pueblo por ser huérfano. Sus padres murieron de leucemia. En el mismo pueblo en el que nacieron. Pero él no quería ser como sus padres.
Cuando le conocí perseguía el sueño de ir a Paris. Ser famoso y rico. Cada palabra que producían sus labios era poesía para mí.
Desde que lo conocí he estado enamorada de él. Me di cuenta que la vida que había pasado sin él había sido preparación. Preparación para estar con él.
Suspiraba mirándole. Sonreía como una tonta cada vez que me hablaba.
Y con el paso del tiempo nos fuimos haciendo amigos.”
Allen miró toda la hoja. Éramos él y yo. Haciendo tonterías. Corazones, amor, bobadas de esas…
-¿Tu le amabas?-Parecía decepcionado.
-Sí, mucho.
Le vi triste.
-Pero él nunca lo supo.-Miré por la ventana.
-Pero… ¿no estabais saliendo?
-Fue el juego. La preparación que hacen los soldados antes de la batalla.
“David y yo nos llevábamos genial. Él tenía dos años más que yo pero parecíamos de la misma quinta.
Allí, en aquel pueblecito, el casarse tenía mucha importancia. Así que nosotros deseábamos con estar casados. Siempre.
Mi padre también estaba de acuerdo.
El ombligo del árbol cap.6 segunda parte
Llamaron al porterillo.
-¿Si?
-Soy yo, Allen.-Mis labios se curvaron formando una sonrisa. Apartando las lágrimas que habían rodeado mis mejillas.
-Pasa.
Le di al botón que abría la puerta del portal. Fui al baño. Me sequé las lágrimas. Me giré. Fui hacia la puerta y…
Allí estaba él. Esperando a que le abriera. Al otro lado.
-Hola.-Mi sonrisa fue pura. Llena de todo lo que antes no había podido sentir. Llena de algo.
-Hola…-Pasó con paso seguro.-Vaya, tu piso es muy bonito.
-También es acogedor…-Dije divertida.
Nos miramos. Allí, quietos.
Nuestras respiraciones dejaron de existir durante unos segundos. Nadé en aquel mar de sus ojos. Me adentré del todo en él.
Pero, en realidad, no saqué nada en claro. No pude ver nada más que el mar. Solo el mar…y luego, nada.
-¿Te encuentras mejor?-Dijo interrumpiéndolo todo.
-Sí, ya estoy mucho mejor. Gracias por enseñarme algo tan maravilloso.-Carraspeó.
-Oye…sobre lo que dije antes…esto…yo…
Le puse mi dedo índice en sus perfectos labios.
-No digas nada.-Susurré.-Digas lo que digas hoy no estoy dispuesta a escucharlo. Sea verdad o sea pura locura me da igual.
Sonrió. Perfecto. Puro. Todo lo que estaba buscando lo había encontrado al fin. Todas las tardes perdidas acababan de tener sentido. Todos esos años en blanco y negro ahora cobraban color.
Todas las lágrimas derramadas se secaban.
-Quiero enseñarte una cosa.-Le indiqué que me siguiera.-Ven…
Ambos nos dirigimos hacia mi habitación. Sería la primera vez que alguien entraba allí.
Allen abrió la boca. Yo me quedé mirando su reacción.
-Vaya…es la típica habitación de una adolescente de película.
-Es mi rincón secreto…-Dije corrigiéndole.
Las paredes eran rosas, porque era el color favorito de mi madre. Rosas, rosas. El armario estaba empotrado en la pared fucsia. En un rincón había colgado casi todos mis bolsos en un montón de percheros desperdigados. Las cortinas eran blancas y rosas.
Luego estaba el escritorio mirando hacia la ventana. Perfectamente ordenado. La mesa era negra (desentonando con todo lo demás de la habitación).
-No está nada mal.-Dijo mirándome.
Yo dejé de mirarle. Me fijé en la vieja cajonera, entre el armario y el escritorio.
-Quiero enseñarte una cosa…-Dije, volviéndole a guiar.
Ambos nos sentamos en la cama.
-¿Qué es lo que me vas a enseñar?-Le sonreí.
Como si fuera un cuento.
Cogí el único álbum que quedaba en aquella vieja cajonera.
-¿Un álbum?-Dijo disgustado. Como si se estuviera esperando otra cosa.
-¿Si?
-Soy yo, Allen.-Mis labios se curvaron formando una sonrisa. Apartando las lágrimas que habían rodeado mis mejillas.
-Pasa.
Le di al botón que abría la puerta del portal. Fui al baño. Me sequé las lágrimas. Me giré. Fui hacia la puerta y…
Allí estaba él. Esperando a que le abriera. Al otro lado.
-Hola.-Mi sonrisa fue pura. Llena de todo lo que antes no había podido sentir. Llena de algo.
-Hola…-Pasó con paso seguro.-Vaya, tu piso es muy bonito.
-También es acogedor…-Dije divertida.
Nos miramos. Allí, quietos.
Nuestras respiraciones dejaron de existir durante unos segundos. Nadé en aquel mar de sus ojos. Me adentré del todo en él.
Pero, en realidad, no saqué nada en claro. No pude ver nada más que el mar. Solo el mar…y luego, nada.
-¿Te encuentras mejor?-Dijo interrumpiéndolo todo.
-Sí, ya estoy mucho mejor. Gracias por enseñarme algo tan maravilloso.-Carraspeó.
-Oye…sobre lo que dije antes…esto…yo…
Le puse mi dedo índice en sus perfectos labios.
-No digas nada.-Susurré.-Digas lo que digas hoy no estoy dispuesta a escucharlo. Sea verdad o sea pura locura me da igual.
Sonrió. Perfecto. Puro. Todo lo que estaba buscando lo había encontrado al fin. Todas las tardes perdidas acababan de tener sentido. Todos esos años en blanco y negro ahora cobraban color.
Todas las lágrimas derramadas se secaban.
-Quiero enseñarte una cosa.-Le indiqué que me siguiera.-Ven…
Ambos nos dirigimos hacia mi habitación. Sería la primera vez que alguien entraba allí.
Allen abrió la boca. Yo me quedé mirando su reacción.
-Vaya…es la típica habitación de una adolescente de película.
-Es mi rincón secreto…-Dije corrigiéndole.
Las paredes eran rosas, porque era el color favorito de mi madre. Rosas, rosas. El armario estaba empotrado en la pared fucsia. En un rincón había colgado casi todos mis bolsos en un montón de percheros desperdigados. Las cortinas eran blancas y rosas.
Luego estaba el escritorio mirando hacia la ventana. Perfectamente ordenado. La mesa era negra (desentonando con todo lo demás de la habitación).
-No está nada mal.-Dijo mirándome.
Yo dejé de mirarle. Me fijé en la vieja cajonera, entre el armario y el escritorio.
-Quiero enseñarte una cosa…-Dije, volviéndole a guiar.
Ambos nos sentamos en la cama.
-¿Qué es lo que me vas a enseñar?-Le sonreí.
Como si fuera un cuento.
Cogí el único álbum que quedaba en aquella vieja cajonera.
-¿Un álbum?-Dijo disgustado. Como si se estuviera esperando otra cosa.
El ombligo del árbol cap.6 primera parte
Me quedé como una tonta con el teléfono en la mano. Mi mirada estaba perdida en algún punto de mi habitación. Estaba tumbada en la cama, bocabajo. Entonces mi agarrotada mano soltó el teléfono, dejándolo caer en la mullida cama.
Mi boca se abrió. Mi visión empezó a ser borrosa. Mis manos, sin previo avisto, empezaron a sudar y temblar. Como siempre.
Y todos los sentimientos que había guardado ahora se abrían. Todos y cada uno de ellos.
Tenía su sentido. Yo no era una chica insípida porque me gustara serlo, no. Llevo cargando casi toda mi existencia con una mochila cargada de piedras.
No tuve más remedio que secarme las lágrimas antes de que cayeran al vacio. Luego abrí mi cajón prohibido. Allí guardaba los álbumes de fotos.
Todos mis recuerdos estaban encerrados en un cajón polvoriento. Pero hoy ese cajón se limpiaría para siempre. Nada de telarañas. Nada de miradas frías.
Abrí el primero. Era de mi infancia.
Salía mi madre. Sí, lo tenía que superar.
Acaricié con la yema de mis dedos su rostro, ahora que podía ser feliz. Era tan pura, tan perfecta. Siempre sonriente. Siempre feliz.
Era mi madre.
Entonces me acordé del duro momento de la despedida. Siempre gravado en mi mente.
‘’-Eh, pequeña, no te pongas triste.-Sonriente, feliz.-Yo siempre voy a estar contigo. No te creas a los mayores, siempre están mintiendo.-Aunque en sus ojos solo hubiera dolor a mí siempre me sonreía.
Sus azules ojos se llenaron de lágrimas. Los míos la acompañaron.
-Mi niña…prométeme que vas a ser buena.-Asentí.
-Mamá…-dije mientras le tendía la mano.- ¿te acuerdas cuando íbamos al parque las dos cogidas de la mano? Cada sábado por la tarde…que era cuando tenías libre del trabajo.
Ella hizo un asentimiento. Sin perder la sonrisa.
-Te prometo que estaré cada sábado por la tarde dándote la mano. Esperando ir al parque.
Entonces su compostura se derrumbo y calló en llanto. No paró de llorar, pero seguía sonriendo. Así que mi infantil mente pensó que lloraba de felicidad.
Pensé que lloraba de felicidad, que me daba las gracias por mi eterna promesa”
Cerré el álbum. Solo quedaba uno de mis amargos recuerdos.
Mi boca se abrió. Mi visión empezó a ser borrosa. Mis manos, sin previo avisto, empezaron a sudar y temblar. Como siempre.
Y todos los sentimientos que había guardado ahora se abrían. Todos y cada uno de ellos.
Tenía su sentido. Yo no era una chica insípida porque me gustara serlo, no. Llevo cargando casi toda mi existencia con una mochila cargada de piedras.
No tuve más remedio que secarme las lágrimas antes de que cayeran al vacio. Luego abrí mi cajón prohibido. Allí guardaba los álbumes de fotos.
Todos mis recuerdos estaban encerrados en un cajón polvoriento. Pero hoy ese cajón se limpiaría para siempre. Nada de telarañas. Nada de miradas frías.
Abrí el primero. Era de mi infancia.
Salía mi madre. Sí, lo tenía que superar.
Acaricié con la yema de mis dedos su rostro, ahora que podía ser feliz. Era tan pura, tan perfecta. Siempre sonriente. Siempre feliz.
Era mi madre.
Entonces me acordé del duro momento de la despedida. Siempre gravado en mi mente.
‘’-Eh, pequeña, no te pongas triste.-Sonriente, feliz.-Yo siempre voy a estar contigo. No te creas a los mayores, siempre están mintiendo.-Aunque en sus ojos solo hubiera dolor a mí siempre me sonreía.
Sus azules ojos se llenaron de lágrimas. Los míos la acompañaron.
-Mi niña…prométeme que vas a ser buena.-Asentí.
-Mamá…-dije mientras le tendía la mano.- ¿te acuerdas cuando íbamos al parque las dos cogidas de la mano? Cada sábado por la tarde…que era cuando tenías libre del trabajo.
Ella hizo un asentimiento. Sin perder la sonrisa.
-Te prometo que estaré cada sábado por la tarde dándote la mano. Esperando ir al parque.
Entonces su compostura se derrumbo y calló en llanto. No paró de llorar, pero seguía sonriendo. Así que mi infantil mente pensó que lloraba de felicidad.
Pensé que lloraba de felicidad, que me daba las gracias por mi eterna promesa”
Cerré el álbum. Solo quedaba uno de mis amargos recuerdos.
El ombligo del árbol cap.5 cuarta parte
Me levante y cogí el teléfono. Hacía rato que había empezado a sonar. Me metí en mi cuarto, como una adolescente. Tonta, idiota. Sabedora de que me iban a escuchar estuviera dónde estuviera.
-¿Allen?-Dije cuando descolgué el teléfono.
Esperé.
-¿Si?-Era él. Sentí alivio.
-Hola.-Ahora me avergonzaba hablar…Me sentía estúpida al no poder evitar que mis manos temblaran mientras sujetaba el teléfono, cuando mis mejillas se sonrojaban al escuchar su voz. Tonta, idiota.
-¿Te encuentras mejor?-Su voz era tan dulce…tan maravillosa.
-Sí, estoy mucho mejor.-Mis manos empezaron a sudar. ¿Pero qué narices me pasaba?-¿Querías algo?
Borde.
-Sí, te llamaba para saber cómo estabas… ¿qué te pasó exactamente cuándo tocaste el árbol?
Hubo silencio. Estuve pensando. Era mi deseo…si se lo contaba jamás se cumpliría. Si mis labios dejaban de estar sellados toda la magia que envolvería mi vida desvanecería para siempre.
-No lo sé. Me desmayé.
-No me mientas. Estuviste un tiempo con la mirada perdida. Con los ojos abiertos…dime, ¿qué viste?
Pensé otra escusa. Mentir era la mejor opción.
-La verdad es que tuve como una especie de visión.
-Ya, claro, viste el futuro ¿no?-Dijo con sorna.
-Si no me crees… ¿para qué me pides que te lo cuente?-Mi voz volvió a sonar firme, como yo la recordaba.
-Te creo.
Jugueteé con mis cabellos, limpios, sin barro.
-Pedí un deseo. Creo que se está cumpliendo…no estoy segura.
-No te entiendo, ¿un deseo? ¿El árbol te concedió un deseo?
-Sé que es difícil de creer.-Nada de mentiras. Con él no podía mentir.-Siento que mi deseo se está cumpliendo…
-¿Qué pediste?-Sonreí siniestramente.
-No te lo puedo decir.-Alguien llamó a la puerta de mi cuarto haciendo que mi intento de coqueteo acabara en de forma patética.-¿Sí?
Dije sabedora de quien estaría detrás.
-Me voy a trabajar. Estudia.-Dijo. Luego noté como cogía su maletín y dejaba tras de sí un silencio sepulcral.
Cerraba la puerta y se iba…
-¿Era tu padre?-Dijo Allen preocupado.
-Sí, se ha ido…
No hablamos durante un segundo. El sonido de su respiración era tan perfecto y relajado que me entraron ganas de volver a dormirme.
-¿Puedo ir a tu casa?-Entonces su respiración empezó a ser más nerviosa.
-¿Ahora? ¿Por qué, pasa algo?-Dije mostrando esos nuevos sentimientos que surgían de mí. Viejos amigos que se volvían a amontonar a mí alrededor.
-Sé que es muy pronto pero quiero decírtelo antes de que sea demasiado tarde…
-¿Demasiado tarde?-No sé por qué se me pasó la estúpida idea de que la muerte. No tenía ni idea pero solo de pensar en mí eterna enemiga se me ponían los pelos de punta.
Ahora que por fin, mi deseo se estaba cumpliendo.
-Voy para tu casa…-Silencio. No había palabras que le contradijeran. Tenía ganas de volverle a ver. Tenía ganas de sentir su piel bajo mis yemas.
Le quería. Aunque solo hubieran pasado días desde que me rescató misteriosamente yo le quería…porque el tiempo se detuvo y solo se movió él. Solo él.
-…Te quiero, cuítate.-Luego colgó.
Yo me quedé seca. ¿Ese era mi deseo?
-¿Allen?-Dije cuando descolgué el teléfono.
Esperé.
-¿Si?-Era él. Sentí alivio.
-Hola.-Ahora me avergonzaba hablar…Me sentía estúpida al no poder evitar que mis manos temblaran mientras sujetaba el teléfono, cuando mis mejillas se sonrojaban al escuchar su voz. Tonta, idiota.
-¿Te encuentras mejor?-Su voz era tan dulce…tan maravillosa.
-Sí, estoy mucho mejor.-Mis manos empezaron a sudar. ¿Pero qué narices me pasaba?-¿Querías algo?
Borde.
-Sí, te llamaba para saber cómo estabas… ¿qué te pasó exactamente cuándo tocaste el árbol?
Hubo silencio. Estuve pensando. Era mi deseo…si se lo contaba jamás se cumpliría. Si mis labios dejaban de estar sellados toda la magia que envolvería mi vida desvanecería para siempre.
-No lo sé. Me desmayé.
-No me mientas. Estuviste un tiempo con la mirada perdida. Con los ojos abiertos…dime, ¿qué viste?
Pensé otra escusa. Mentir era la mejor opción.
-La verdad es que tuve como una especie de visión.
-Ya, claro, viste el futuro ¿no?-Dijo con sorna.
-Si no me crees… ¿para qué me pides que te lo cuente?-Mi voz volvió a sonar firme, como yo la recordaba.
-Te creo.
Jugueteé con mis cabellos, limpios, sin barro.
-Pedí un deseo. Creo que se está cumpliendo…no estoy segura.
-No te entiendo, ¿un deseo? ¿El árbol te concedió un deseo?
-Sé que es difícil de creer.-Nada de mentiras. Con él no podía mentir.-Siento que mi deseo se está cumpliendo…
-¿Qué pediste?-Sonreí siniestramente.
-No te lo puedo decir.-Alguien llamó a la puerta de mi cuarto haciendo que mi intento de coqueteo acabara en de forma patética.-¿Sí?
Dije sabedora de quien estaría detrás.
-Me voy a trabajar. Estudia.-Dijo. Luego noté como cogía su maletín y dejaba tras de sí un silencio sepulcral.
Cerraba la puerta y se iba…
-¿Era tu padre?-Dijo Allen preocupado.
-Sí, se ha ido…
No hablamos durante un segundo. El sonido de su respiración era tan perfecto y relajado que me entraron ganas de volver a dormirme.
-¿Puedo ir a tu casa?-Entonces su respiración empezó a ser más nerviosa.
-¿Ahora? ¿Por qué, pasa algo?-Dije mostrando esos nuevos sentimientos que surgían de mí. Viejos amigos que se volvían a amontonar a mí alrededor.
-Sé que es muy pronto pero quiero decírtelo antes de que sea demasiado tarde…
-¿Demasiado tarde?-No sé por qué se me pasó la estúpida idea de que la muerte. No tenía ni idea pero solo de pensar en mí eterna enemiga se me ponían los pelos de punta.
Ahora que por fin, mi deseo se estaba cumpliendo.
-Voy para tu casa…-Silencio. No había palabras que le contradijeran. Tenía ganas de volverle a ver. Tenía ganas de sentir su piel bajo mis yemas.
Le quería. Aunque solo hubieran pasado días desde que me rescató misteriosamente yo le quería…porque el tiempo se detuvo y solo se movió él. Solo él.
-…Te quiero, cuítate.-Luego colgó.
Yo me quedé seca. ¿Ese era mi deseo?
domingo, 14 de marzo de 2010
El ombligo del árbol cap.5 tercera parte
-Elsa, vamos, a comer.-Dijo mi padre. Pude distinguir que seguía enfadado conmigo.
Abrí los ojos. Allí estaba todo igual que cuando los había cerrado hace dos días. En cambio yo había cambiado tanto que me sentí fuera de aquel sitio. Normal, cotidiano. Un sitio que no me recordaba a mí.
Salté de la cama con más energía que nunca. Me había acostado con la ropa por lo que no tuve que cambiarme.
-¿Hoy comemos pizza?-Dije cuando el olor a pan orneado llegó a mí.
-Sí. Ten, aquí tienes.-Me senté en la pequeña mesa de la cocina.
Blanca a juego con el resto de los muebles. Yo siempre había pensado que la cocina era el sitio más chico de la casa. Incluso más que el baño. Pero a mi resultaba acogedor.
Masticamos sin decir nada. Comimos sin discusiones ni tormentos. Disfrutando de cada sabor…
-¿Por qué has tardado tanto en llegar a casa?-Hasta que mi padre empezó a hablar.
Bebí un trago de mi vaso de agua.
-Allen me enseñó su casa.-Secante.
-Pero, cuando él te trajo estabas como exhausta…¿qué ha pasado?
-Nada, simplemente me mareé un poco y él se ofreció a acompañarme.-Mentía bastante bien. Mejor de lo que yo pensaba para ser la primera vez.
Entonces comprendí que cuando te enamoras, poco a poco te vuelves idiota. Ocultando todo.
-Allen me dijo que te habías puesto mala. Que te había vuelto a subir la fiebre.-Me miró con una de esas miradas de padre a hija.-No sé por qué pero ese chico es muy protector contigo.-Miró su trozo de pizza. Seguí a la espera.-Por eso le dejo estar contigo. Porque sé que no va a dejar que te pase nada malo…
Me sentí feliz. No sé por qué. Supongo que las palabras de mi padre borraban en mí toda sospecha de que Allen fuera contratado como guardaespaldas. Y eso me llenaba de felicidad.
Todas sus palabras cobraban en mí un significado mágico. Inimaginable…
-Papá, gracias.-Y le di un beso en la frente. Mi padre se quedó allí, sin saber qué hacer sin saber por qué hacía eso. Con su trozo de pizza en la mano.
Me levante y cogí el teléfono. Abrí mi agenda y busqué. Me metí en mi cuarto, como una adolescente. Tonta, idiota. Sabedora de que me iban a escuchar estuviera dónde estuviera.
-¿Allen?-Dije cuando descolgaron el teléfono.
-Sí, un momento.-Era una mujer, ya madura. Supuse que era su madre.
Esperé.
Abrí los ojos. Allí estaba todo igual que cuando los había cerrado hace dos días. En cambio yo había cambiado tanto que me sentí fuera de aquel sitio. Normal, cotidiano. Un sitio que no me recordaba a mí.
Salté de la cama con más energía que nunca. Me había acostado con la ropa por lo que no tuve que cambiarme.
-¿Hoy comemos pizza?-Dije cuando el olor a pan orneado llegó a mí.
-Sí. Ten, aquí tienes.-Me senté en la pequeña mesa de la cocina.
Blanca a juego con el resto de los muebles. Yo siempre había pensado que la cocina era el sitio más chico de la casa. Incluso más que el baño. Pero a mi resultaba acogedor.
Masticamos sin decir nada. Comimos sin discusiones ni tormentos. Disfrutando de cada sabor…
-¿Por qué has tardado tanto en llegar a casa?-Hasta que mi padre empezó a hablar.
Bebí un trago de mi vaso de agua.
-Allen me enseñó su casa.-Secante.
-Pero, cuando él te trajo estabas como exhausta…¿qué ha pasado?
-Nada, simplemente me mareé un poco y él se ofreció a acompañarme.-Mentía bastante bien. Mejor de lo que yo pensaba para ser la primera vez.
Entonces comprendí que cuando te enamoras, poco a poco te vuelves idiota. Ocultando todo.
-Allen me dijo que te habías puesto mala. Que te había vuelto a subir la fiebre.-Me miró con una de esas miradas de padre a hija.-No sé por qué pero ese chico es muy protector contigo.-Miró su trozo de pizza. Seguí a la espera.-Por eso le dejo estar contigo. Porque sé que no va a dejar que te pase nada malo…
Me sentí feliz. No sé por qué. Supongo que las palabras de mi padre borraban en mí toda sospecha de que Allen fuera contratado como guardaespaldas. Y eso me llenaba de felicidad.
Todas sus palabras cobraban en mí un significado mágico. Inimaginable…
-Papá, gracias.-Y le di un beso en la frente. Mi padre se quedó allí, sin saber qué hacer sin saber por qué hacía eso. Con su trozo de pizza en la mano.
Me levante y cogí el teléfono. Abrí mi agenda y busqué. Me metí en mi cuarto, como una adolescente. Tonta, idiota. Sabedora de que me iban a escuchar estuviera dónde estuviera.
-¿Allen?-Dije cuando descolgaron el teléfono.
-Sí, un momento.-Era una mujer, ya madura. Supuse que era su madre.
Esperé.
El ombligo del árbol cap.5 segunda parte
-¿Elsa? Por Dios respóndeme… ¿Elsa…?-Abrí los ojos y me encontré con otros. Azules. Preciosos.-Oh…creía que te había sucedido algo grave.
Me abrazó. Nuestro contacto volvió a ser tan especial como el primero.
-No te debí de haber dejado ir. Ese árbol es demasiado peligroso…Oh…menos mal que estas bien.
Mis sonrojadas mejillas delataron mi conmoción.
-Creo que tienes un poco de fiebre. Deberías irte a casa…descansa un par de días, ya verás cómo te poner mejor.
Parecía mi padre.
-Estoy bien.-Me encontraba tumbada en el sofá.-Muy bien…pero… ¿qué ha pasado?
-Has tocado el árbol. Creo que sólo tú has podido sobrevivir a tal contacto. Parecía como si estuvieras destinada a tocarlo…ha sido realmente emocionante. Pero luego vi como te convulsionabas y tuve miedo de perderte…
Me volvió a abrazar.
-Sabía que mi destino estaba junto a ti.-Mis ojos se abrieron aun más.-Lo sé desde el día que te salvé la vida. Por eso intenté convencer a tu padre…de que te necesitaba.
Le devolví el abrazo sin saber qué hacer.
-Yo…también.
Me acompañó a mi casa. Yo no le hice ninguna pregunta sobre el árbol. Creo que ni él mismo me las sabría responder. Tenía un árbol encantado en el jardín. Ilógico.
¿Cuántas personas no habrían muerto a su causa? ¿Por qué yo sería la elegida?
Suena como si fuera una película, la elegida…
Todas las preguntas se amontonaron en mi garganta con miedo a ser respondidas. Me tumbé en mi cama mientras Allen daba explicaciones a mi padre y cerré los ojos. Tenía mucho sueño y estaba agotada. Tenía ganas de dormir.
Ahora que por fin, me sentía… ¿viva?
Me abrazó. Nuestro contacto volvió a ser tan especial como el primero.
-No te debí de haber dejado ir. Ese árbol es demasiado peligroso…Oh…menos mal que estas bien.
Mis sonrojadas mejillas delataron mi conmoción.
-Creo que tienes un poco de fiebre. Deberías irte a casa…descansa un par de días, ya verás cómo te poner mejor.
Parecía mi padre.
-Estoy bien.-Me encontraba tumbada en el sofá.-Muy bien…pero… ¿qué ha pasado?
-Has tocado el árbol. Creo que sólo tú has podido sobrevivir a tal contacto. Parecía como si estuvieras destinada a tocarlo…ha sido realmente emocionante. Pero luego vi como te convulsionabas y tuve miedo de perderte…
Me volvió a abrazar.
-Sabía que mi destino estaba junto a ti.-Mis ojos se abrieron aun más.-Lo sé desde el día que te salvé la vida. Por eso intenté convencer a tu padre…de que te necesitaba.
Le devolví el abrazo sin saber qué hacer.
-Yo…también.
Me acompañó a mi casa. Yo no le hice ninguna pregunta sobre el árbol. Creo que ni él mismo me las sabría responder. Tenía un árbol encantado en el jardín. Ilógico.
¿Cuántas personas no habrían muerto a su causa? ¿Por qué yo sería la elegida?
Suena como si fuera una película, la elegida…
Todas las preguntas se amontonaron en mi garganta con miedo a ser respondidas. Me tumbé en mi cama mientras Allen daba explicaciones a mi padre y cerré los ojos. Tenía mucho sueño y estaba agotada. Tenía ganas de dormir.
Ahora que por fin, me sentía… ¿viva?
El ombligo del árbol cap.5 primera parte
Abrí los ojos.
-¿Qué ha pasado?-No hubo respuesta. No había nadie allí. En la nada, no había nada.
Era todo blanco. Nada había. Nada sentía a mí alrededor.
De repente me entró un fuerte dolor de cabeza. Me llevé las manos, instintivamente, hacia dónde procedía el dolor.
-¿Qué deseas?-Era una voz dulce. No se podría diferenciar si era masculina o femenina pero en cada palabra había una armonía diferente. Perfecta.
-¿Cómo que qué deseo…?-Dije sin que se me parara el dolor de cabeza.
-¿Qué deseas?-Repitió.
Me volvió a doler la cabeza.
-Estoy intentando saberlo…-Dije, tonta, estúpida.
-Lo sé. Estoy dentro de ti.-Volvió a decir la melodiosa voz.
-¿Qué ves?-Idiota, vacía.
Noté como algo invisible veía todo mi ser. Veía mis recuerdos, mis sueños, mis deseos, mis añoranzas, mi tristeza y mi eterna melancolía…
-Deseas a Allen. Deseas a tu madre. Deseas ser feliz. Deseas estar viva…
‘’Deseo demasiadas cosas.’’
-Tienes que saber que por cada deseo que se te cumpla habrá repercusiones… ¿Cuál elijes?
Pensé. Y la invisible mano se paró en uno en concreto.
-¿Qué ha pasado?-No hubo respuesta. No había nadie allí. En la nada, no había nada.
Era todo blanco. Nada había. Nada sentía a mí alrededor.
De repente me entró un fuerte dolor de cabeza. Me llevé las manos, instintivamente, hacia dónde procedía el dolor.
-¿Qué deseas?-Era una voz dulce. No se podría diferenciar si era masculina o femenina pero en cada palabra había una armonía diferente. Perfecta.
-¿Cómo que qué deseo…?-Dije sin que se me parara el dolor de cabeza.
-¿Qué deseas?-Repitió.
Me volvió a doler la cabeza.
-Estoy intentando saberlo…-Dije, tonta, estúpida.
-Lo sé. Estoy dentro de ti.-Volvió a decir la melodiosa voz.
-¿Qué ves?-Idiota, vacía.
Noté como algo invisible veía todo mi ser. Veía mis recuerdos, mis sueños, mis deseos, mis añoranzas, mi tristeza y mi eterna melancolía…
-Deseas a Allen. Deseas a tu madre. Deseas ser feliz. Deseas estar viva…
‘’Deseo demasiadas cosas.’’
-Tienes que saber que por cada deseo que se te cumpla habrá repercusiones… ¿Cuál elijes?
Pensé. Y la invisible mano se paró en uno en concreto.
El ombligo del árbol cap.4 tercera parte
Abrió a trompicones la puerta de su casa. No era muy grande pero estaba muy bien. Era acogedora.
Todo estaba limpio y ordenado.
-El árbol vive aquí desde siempre. Cuando era pequeño e iba a visitar a mis abuelos que vivían aquí jugaba cerca del árbol. Pero…nunca lo he llegado a tocar.
-¿Por qué? Solo es un árbol…-Dije entrando en su casa. Me sentía como una invasora. No cuadraba en aquel lugar.
No respondió.
Había un sofá a la derecha pegado a la pared. Enfrente del sofá había una mesa de madera y a la izquierda estaba una tele de plasma. Enfrente de la mesa de madera había un sillón. Detrás del sillón no había pared. Era todo ventana. Una enorme ventana que daba al magnífico árbol.
Al lado de la especie de saloncito había un comedor. Con sus sillas de madera y eso.
La cocina estaba apartada y, al lado de esta, estaba el cuarto de baño. Luego, ante nosotros se extendía un pasillo. Lleno de puertas que, supuse, conducían a los dormitorios.
-Es pequeña pero acogedora…-Dijo con las mejillas sonrojadas.
-A mí me gusta.-Dije indiferente. Luego me giré y vi el gran ventanal donde se encontraba mi árbol.
Entonces me volví a hipnotizar. Volví a alzar la mano.
-¿Por qué… si sólo es un árbol?-Con paso decidido me dirigí hacia él.
Mis ojos estaban llenos de nada, como siempre, sin expresar sentimientos. Me sentía como una muñeca de trapo.
Allen se quedó mirándome sin impedirme ninguno de mis movimientos.
Yo seguí. Abrí la ventana y pasé por ella.
Allen no se movió de la puerta.
-Es…tan…bonito…
Y metí justo el dedo en el agujero. Era profundo y quemaba. Pero me daba igual. Yo seguía sin sentir nada.
Las ramas empezaron a crecer rodeando mi brazo. Ramas que salían de ninguna parte. Imaginarias, ficticias o reales. Sentí.
Sentí como me quemaba la mano, ardía. Sentí la presión que ejercían las ramas al rodear mi brazo. Pero no aparté la mano.
Me gusta sentir. Saber que estoy viva, aunque sienta dolor. Me gusta notar la lluvia en mi rostro, me gusta tocar las hojas de las plantas con la yema de mis dedos. Me gusta sentirme viva. Saber que no he muerto, que sigo aquí.
Mis ojos se pusieron en blanco, mi boca se abrió echando el último aliento. Caí mirando el cielo gris lleno de nubes que anunciaban ferozmente una lluvia.
El vahó salió de mi boca, poco a poco.... Ahora, sonriente.
Todo estaba limpio y ordenado.
-El árbol vive aquí desde siempre. Cuando era pequeño e iba a visitar a mis abuelos que vivían aquí jugaba cerca del árbol. Pero…nunca lo he llegado a tocar.
-¿Por qué? Solo es un árbol…-Dije entrando en su casa. Me sentía como una invasora. No cuadraba en aquel lugar.
No respondió.
Había un sofá a la derecha pegado a la pared. Enfrente del sofá había una mesa de madera y a la izquierda estaba una tele de plasma. Enfrente de la mesa de madera había un sillón. Detrás del sillón no había pared. Era todo ventana. Una enorme ventana que daba al magnífico árbol.
Al lado de la especie de saloncito había un comedor. Con sus sillas de madera y eso.
La cocina estaba apartada y, al lado de esta, estaba el cuarto de baño. Luego, ante nosotros se extendía un pasillo. Lleno de puertas que, supuse, conducían a los dormitorios.
-Es pequeña pero acogedora…-Dijo con las mejillas sonrojadas.
-A mí me gusta.-Dije indiferente. Luego me giré y vi el gran ventanal donde se encontraba mi árbol.
Entonces me volví a hipnotizar. Volví a alzar la mano.
-¿Por qué… si sólo es un árbol?-Con paso decidido me dirigí hacia él.
Mis ojos estaban llenos de nada, como siempre, sin expresar sentimientos. Me sentía como una muñeca de trapo.
Allen se quedó mirándome sin impedirme ninguno de mis movimientos.
Yo seguí. Abrí la ventana y pasé por ella.
Allen no se movió de la puerta.
-Es…tan…bonito…
Y metí justo el dedo en el agujero. Era profundo y quemaba. Pero me daba igual. Yo seguía sin sentir nada.
Las ramas empezaron a crecer rodeando mi brazo. Ramas que salían de ninguna parte. Imaginarias, ficticias o reales. Sentí.
Sentí como me quemaba la mano, ardía. Sentí la presión que ejercían las ramas al rodear mi brazo. Pero no aparté la mano.
Me gusta sentir. Saber que estoy viva, aunque sienta dolor. Me gusta notar la lluvia en mi rostro, me gusta tocar las hojas de las plantas con la yema de mis dedos. Me gusta sentirme viva. Saber que no he muerto, que sigo aquí.
Mis ojos se pusieron en blanco, mi boca se abrió echando el último aliento. Caí mirando el cielo gris lleno de nubes que anunciaban ferozmente una lluvia.
El vahó salió de mi boca, poco a poco.... Ahora, sonriente.
jueves, 11 de marzo de 2010
El ombligo del árbol cap.4 segunda parte
-Solo es un árbol…me dijiste que fuéramos al parque…-No sabía lo que decía. Estaba maravillada por sus hojas, por su tronco marrón chocolate, por sus robustas ramas…pero sobretodo, por una especie de agujero.
En todo el medio del tronco había un enorme agujero que hacía que el extraño árbol pareciera recién salido de un cuento.
-Es…tan…hermoso…-Dije, en un suspiro. Mi mirada reflejaba al mágico árbol. Estaba hipnotizada…todo lo que tenía aquel extraño árbol me atraía. Como a una mosca le atrae la luz.
Entonces alcé la mano, intentando meterla en la valla del patio, intentando rozar su grueso tronco.
Y justo cuando estaba a punto de rozarle, Allen me echó hacia atrás.
-¿Qué haces?-Al principio mostré enfado. Luego noté confusión. Desconcierto. Y aparte, con amargura, la mirada del perfecto árbol.
Sus ojos azules mostraron agonía.
-¿Qué te sucede?-Dije.-Suéltame.
Fría. Sin vida.
Él apartó sus manos de mí. Poco a poco.
-No vuelvas a intentar tocarlo.-Le miré extrañada.-Tú eres muy importante para mí. No quiero que corras ningún peligro.
-¿Por qué soy tan importante?-Verdad, quería desvelar toda la verdad. Quitar de una vez ese falso manto que nos envolvía.
Nuestras miradas se chocaron.
‘’Qué pena…qué decepción, ahora me dirá que mi padre le paga o algo así…’’
-Entra, esta es mi casa.-Ignoró mi pregunta. Noté en su mirada un cierto toque de miedo…
Supongo que en la mía había lo mismo. Miedo a no ser nada. Miedo a que se volviera a congelar todo mi yo. Miedo a volver a perder.
-Pasa.-Abrió la puerta del portal. Entré decidida.-Ese árbol es mío.
Dijo respondiendo a mis pensamientos.
-¿Cómo se llama?-Dije. Él me miró raro.-Digo que qué tipo de árbol es.
Rio. No cogí el chiste.
-No es de ninguna clase en especial. Es único, tal vez por eso sea mío.-Le miré extrañada.
Y le miré…sin apartar la mirada de su perfecto rostro ni un segundo.
‘’Te quiero…quiero ser la mano a la que necesites agarrarte…quiero ser todo y nada…Te quiero’’
En todo el medio del tronco había un enorme agujero que hacía que el extraño árbol pareciera recién salido de un cuento.
-Es…tan…hermoso…-Dije, en un suspiro. Mi mirada reflejaba al mágico árbol. Estaba hipnotizada…todo lo que tenía aquel extraño árbol me atraía. Como a una mosca le atrae la luz.
Entonces alcé la mano, intentando meterla en la valla del patio, intentando rozar su grueso tronco.
Y justo cuando estaba a punto de rozarle, Allen me echó hacia atrás.
-¿Qué haces?-Al principio mostré enfado. Luego noté confusión. Desconcierto. Y aparte, con amargura, la mirada del perfecto árbol.
Sus ojos azules mostraron agonía.
-¿Qué te sucede?-Dije.-Suéltame.
Fría. Sin vida.
Él apartó sus manos de mí. Poco a poco.
-No vuelvas a intentar tocarlo.-Le miré extrañada.-Tú eres muy importante para mí. No quiero que corras ningún peligro.
-¿Por qué soy tan importante?-Verdad, quería desvelar toda la verdad. Quitar de una vez ese falso manto que nos envolvía.
Nuestras miradas se chocaron.
‘’Qué pena…qué decepción, ahora me dirá que mi padre le paga o algo así…’’
-Entra, esta es mi casa.-Ignoró mi pregunta. Noté en su mirada un cierto toque de miedo…
Supongo que en la mía había lo mismo. Miedo a no ser nada. Miedo a que se volviera a congelar todo mi yo. Miedo a volver a perder.
-Pasa.-Abrió la puerta del portal. Entré decidida.-Ese árbol es mío.
Dijo respondiendo a mis pensamientos.
-¿Cómo se llama?-Dije. Él me miró raro.-Digo que qué tipo de árbol es.
Rio. No cogí el chiste.
-No es de ninguna clase en especial. Es único, tal vez por eso sea mío.-Le miré extrañada.
Y le miré…sin apartar la mirada de su perfecto rostro ni un segundo.
‘’Te quiero…quiero ser la mano a la que necesites agarrarte…quiero ser todo y nada…Te quiero’’
El ombligo del árbol cap.4 primera parte
-Sí, claro. Pasa tú primero.-Dije tras el intenso silencio.
Andamos. No sabía dónde me llevaba pero, sinceramente, no me importaba. No tenía miedo. Sabía perfectamente que si me mataba o algo así me daría igual. Mientras fuera él todo me daría igual.
-Ya casi estamos.-No habíamos hablado en todo el tiempo. Ya estaba todo dicho.
-Yo no veo ningún parque…
-Es que aun no se ve desde aquí.-Dijo sonriente.
Andamos con seguridad. Él hacia alguna parte, yo a saber hacia dónde.
-Aquí es…-Dijo, sin perder la sonrisa.
Miré a mí alrededor. Mis ojos se abrieron y mi boca se puso en forma de o.
-no…no puede ser verdad, estoy soñando.
Un hermoso árbol crecía allí, en mitad de la nada. Rompiendo el patio de un bajo. Natural y ficticio. Rodeado de plantas insignificantes.
Nunca había visto un árbol así. Sus hojas eran como flores, cada una tenía luz propia. Se movían y vivían. Mágicamente. Debía de ser un árbol ya muy viejo pero ni la lluvia más feroz, ni el viento más fuerte podrían con él.
Era fuerte. Era mágico.
Andamos. No sabía dónde me llevaba pero, sinceramente, no me importaba. No tenía miedo. Sabía perfectamente que si me mataba o algo así me daría igual. Mientras fuera él todo me daría igual.
-Ya casi estamos.-No habíamos hablado en todo el tiempo. Ya estaba todo dicho.
-Yo no veo ningún parque…
-Es que aun no se ve desde aquí.-Dijo sonriente.
Andamos con seguridad. Él hacia alguna parte, yo a saber hacia dónde.
-Aquí es…-Dijo, sin perder la sonrisa.
Miré a mí alrededor. Mis ojos se abrieron y mi boca se puso en forma de o.
-no…no puede ser verdad, estoy soñando.
Un hermoso árbol crecía allí, en mitad de la nada. Rompiendo el patio de un bajo. Natural y ficticio. Rodeado de plantas insignificantes.
Nunca había visto un árbol así. Sus hojas eran como flores, cada una tenía luz propia. Se movían y vivían. Mágicamente. Debía de ser un árbol ya muy viejo pero ni la lluvia más feroz, ni el viento más fuerte podrían con él.
Era fuerte. Era mágico.
El ombligo del árbol cap.3 cuarta parte
-Vámonos de aquí antes de que corra la sangre.-Allen me miró sin comprenderlo.
Pronto siguió mi camino para salir de allí. Alejarme de las risas que sonaban en mi cabeza. Alejarme de rumores estúpidos e inciertos. Alejarme del daño que me hacía pensar que tal vez yo y Allen fuéramos pareja.
A pesar de que solo nos conocíamos de hace dos días…menos de dos días.
No sé por qué iba yo delante si él era el que tenía que guiarme.
Noté su mano. Cerré los ojos. Nunca había sentido tanto en tan poco tiempo. Al principio confusión, luego ternura, amor y odio al mismo tiempo. Amor…por qué le quería y mucho, y odio porque sabía que me estaba mintiendo constantemente.
Odio no solo hacia Allen ni mucho menos hacia mi padre…odio hacia mí misma por enamorarme de un espejismo. Una ilusión.
Suspiré ante nuestro contacto.
-¿No tendría que ir yo delante?-Le miré, sin poderlo evitar. ¿Y mi frialdad? ¿Acaso mi corazón dejaba de derretirse para romperse otra vez?
Al parecer, el hielo y la frialdad no eran suficientes.
Le miré mostrando lo que a nadie antes le había mostrado. Mirando con todo mi corazón, guardando el tiempo en un cajón y entregándole a Allen lo que quedaba de mí. Lo puro y perfecto que quedaba dentro de mí, oculto.
Ambos nos quedamos sin hablar. No podíamos. No sabríamos que decir. Ni si quiera caminábamos. Se nos había olvidado.
Todo se nos había olvidado.
Pronto siguió mi camino para salir de allí. Alejarme de las risas que sonaban en mi cabeza. Alejarme de rumores estúpidos e inciertos. Alejarme del daño que me hacía pensar que tal vez yo y Allen fuéramos pareja.
A pesar de que solo nos conocíamos de hace dos días…menos de dos días.
No sé por qué iba yo delante si él era el que tenía que guiarme.
Noté su mano. Cerré los ojos. Nunca había sentido tanto en tan poco tiempo. Al principio confusión, luego ternura, amor y odio al mismo tiempo. Amor…por qué le quería y mucho, y odio porque sabía que me estaba mintiendo constantemente.
Odio no solo hacia Allen ni mucho menos hacia mi padre…odio hacia mí misma por enamorarme de un espejismo. Una ilusión.
Suspiré ante nuestro contacto.
-¿No tendría que ir yo delante?-Le miré, sin poderlo evitar. ¿Y mi frialdad? ¿Acaso mi corazón dejaba de derretirse para romperse otra vez?
Al parecer, el hielo y la frialdad no eran suficientes.
Le miré mostrando lo que a nadie antes le había mostrado. Mirando con todo mi corazón, guardando el tiempo en un cajón y entregándole a Allen lo que quedaba de mí. Lo puro y perfecto que quedaba dentro de mí, oculto.
Ambos nos quedamos sin hablar. No podíamos. No sabríamos que decir. Ni si quiera caminábamos. Se nos había olvidado.
Todo se nos había olvidado.
El ombligo del árbol cap.3 tercera parte
Ya estábamos en la puerta del instituto. Me paré. Necesitaba hacerle todas las preguntas antes de que se escaqueara.
-Mis abuelos están enterrados allí.-Mentiroso.
-¿Pero tú no eras del sur de Francia?
-Sí, pero mi familia materna es de aquí, de Paris.
Le miré con la duda pintada en mi rostro.
-¿Vas a visitar a tus abuelos tu solo, sin tu madre, y en plena tormenta?-El indirecto cuestionario empezaba a incomodarle. Cosa que afirmaba mis sospechas.
-¿Y tú?-Me respondió con otra pregunta cosa que me dejó muda.- ¿Por qué visitabas a tu madre sin tu padre, bajo la tormenta, sin paraguas y sola?
Me quedé parada y él pasó delante de mí, ignorando mi mirada perdida. Me había cogido de improviso.
Así que…le seguí. Y juntos cruzamos la puerta del instituto. El hielo en mi mirada se derretía cuando le miraba fijamente. Sus movimientos hacían que en mi interior surgiera algo nuevo y sin sentido. Mis mejillas se sonrojaban, mostrándome que seguía viva.
Pero, mostrándome algo mucho más importante que eso. Mostrándome que aun, podía, mi helado corazón, amar.
Acabaron las clases. Daba, también, la casualidad de que le asignaron en la misma clase que yo. Así que le tendría que aguantar mañana y tarde…
-¿Vamos al parque?-Dijo con una sonrisa.
Unas chicas de nuestra clase chismorreaban sobre nosotros. Lo supe porque no paraban de mirarnos y reírse. Genial…
Me daba igual, claro que sí, pero cuando se burlaban de mí…Las mataría. Ya ves cuanta era mi ignorancia…
-Mis abuelos están enterrados allí.-Mentiroso.
-¿Pero tú no eras del sur de Francia?
-Sí, pero mi familia materna es de aquí, de Paris.
Le miré con la duda pintada en mi rostro.
-¿Vas a visitar a tus abuelos tu solo, sin tu madre, y en plena tormenta?-El indirecto cuestionario empezaba a incomodarle. Cosa que afirmaba mis sospechas.
-¿Y tú?-Me respondió con otra pregunta cosa que me dejó muda.- ¿Por qué visitabas a tu madre sin tu padre, bajo la tormenta, sin paraguas y sola?
Me quedé parada y él pasó delante de mí, ignorando mi mirada perdida. Me había cogido de improviso.
Así que…le seguí. Y juntos cruzamos la puerta del instituto. El hielo en mi mirada se derretía cuando le miraba fijamente. Sus movimientos hacían que en mi interior surgiera algo nuevo y sin sentido. Mis mejillas se sonrojaban, mostrándome que seguía viva.
Pero, mostrándome algo mucho más importante que eso. Mostrándome que aun, podía, mi helado corazón, amar.
Acabaron las clases. Daba, también, la casualidad de que le asignaron en la misma clase que yo. Así que le tendría que aguantar mañana y tarde…
-¿Vamos al parque?-Dijo con una sonrisa.
Unas chicas de nuestra clase chismorreaban sobre nosotros. Lo supe porque no paraban de mirarnos y reírse. Genial…
Me daba igual, claro que sí, pero cuando se burlaban de mí…Las mataría. Ya ves cuanta era mi ignorancia…
Te quieroooo! (L)
El ombligo del árbol cap.3 segunda parte
-En realidad yo no quería cambiarme de instituto. Yo vivía en el sur de Francia pero a mi madre le han dado un mejor empleo aquí así que…no me ha quedado otra que irme con ella.
-¿Y tu padre?
-Mis padres están divorciados. Apenas conozco a mi padre.-Dijo, seco. Sin pretender continuar su tragedia.
-Pues los míos siguen juntos.-Dije. Levantando la cabeza, mirando al frente. No quería hundirme, como aquella vez, en sus azules ojos. No, esta vez, no.
-Ya me he enterado. Tu padre y yo estuvimos hablando durante casi toda la tarde.
-Sí, al parecer os lleváis bastante bien…-Dije en un susurro.
Hubo un largo rato en el que, el silencio, mi mejor compañero, nos arropó. Me gustaba más cuando estaba callado. Así no tenía por qué mentirme.
Sabía que mi padre lo había contratado o algo así… ¿cuánto le pagaría?
Sabía que mi padre estaba obsesionado con que yo me iría a suicidar en cualquier momento. Y lo de ayer ya fue el colmo…Yo sabía de sobra que todo esto no era coincidencia.
-¿Sabes? Hoy al salir de clase podemos ir al parque. Conozco un lugar que está muy bien para relajarte y eso…
-¿Quién ha dicho que necesito relajarme?-Mis sospechas resplandecían en mis ojos.
-No sé, te noto un poco tensa.
Solamente era insípida. Nunca me he considerado neurótica ni…con estrés. Ni mucho menos con ganas de matarme.
-Bueno, me parece bien, aunque no sé si mi padre me va a dejar…-Indirecta. No quería ir con él a ningún lado.
-Seguro que te deja. Esta muy cerca de tú casa.
Le miré. Esta vez a los azules y mágicos ojos.
-Cerca de mi casa no hay ningún parque.-Él me miró extrañado.
-Sí, sí que lo hay. Ayer mismo, antes de que empezara a llover me encontraba allí. Está al lado. Seguro, no me he podido equivocar…
Recordé que cuando estaba la tormenta encima de mí él estaba en el cementerio…
-¿Qué te movió a ir al cementerio?-Mi fría mirada congeló a la suya.
-¿Y tu padre?
-Mis padres están divorciados. Apenas conozco a mi padre.-Dijo, seco. Sin pretender continuar su tragedia.
-Pues los míos siguen juntos.-Dije. Levantando la cabeza, mirando al frente. No quería hundirme, como aquella vez, en sus azules ojos. No, esta vez, no.
-Ya me he enterado. Tu padre y yo estuvimos hablando durante casi toda la tarde.
-Sí, al parecer os lleváis bastante bien…-Dije en un susurro.
Hubo un largo rato en el que, el silencio, mi mejor compañero, nos arropó. Me gustaba más cuando estaba callado. Así no tenía por qué mentirme.
Sabía que mi padre lo había contratado o algo así… ¿cuánto le pagaría?
Sabía que mi padre estaba obsesionado con que yo me iría a suicidar en cualquier momento. Y lo de ayer ya fue el colmo…Yo sabía de sobra que todo esto no era coincidencia.
-¿Sabes? Hoy al salir de clase podemos ir al parque. Conozco un lugar que está muy bien para relajarte y eso…
-¿Quién ha dicho que necesito relajarme?-Mis sospechas resplandecían en mis ojos.
-No sé, te noto un poco tensa.
Solamente era insípida. Nunca me he considerado neurótica ni…con estrés. Ni mucho menos con ganas de matarme.
-Bueno, me parece bien, aunque no sé si mi padre me va a dejar…-Indirecta. No quería ir con él a ningún lado.
-Seguro que te deja. Esta muy cerca de tú casa.
Le miré. Esta vez a los azules y mágicos ojos.
-Cerca de mi casa no hay ningún parque.-Él me miró extrañado.
-Sí, sí que lo hay. Ayer mismo, antes de que empezara a llover me encontraba allí. Está al lado. Seguro, no me he podido equivocar…
Recordé que cuando estaba la tormenta encima de mí él estaba en el cementerio…
-¿Qué te movió a ir al cementerio?-Mi fría mirada congeló a la suya.
El ombligo del árbol cap.3 primera parte
-Venga, dormilona. Despierta ya.-Se oyó al otro lado de la puerta.
-Ya voy.-Me froté los ojos y bostecé varias veces. Me vestí rápidamente y me peiné.
Desayuné como si fuera un robot, la misma rutina, lo mismo de siempre… Me cepillé los dientes y me miré al espejo. Me peiné, dejándome el pelo suelto.
Cogí la maleta y me despedí de mi padre con toda la frialdad que me fue posible. Al fin de cuentas, seguía siendo mi padre.
El porterillo sonó justo cuando me disponía a largarme.
-¿Sí?
-¿Eres Elsa?-No respondí.-Soy Allen, te estoy esperando aquí abajo para ir juntos al instituto.
Colgué sin decir nada. Mi condena, mi suplicio, estaba a punto de comenzar.
Bajé las escaleras, cabizbaja. No me sentía bien. En realidad, simplemente, había dejado de sentir.
-¿Elsa, eres tú?-Sonrió patéticamente. Le miré con mi fría e inerte mirada. Se le borró la sonrisa y no pude menos que dedicarle una media sonrisa.
Mostrando toda mi descortesía.
-Vaya, por lo visto, no puedo ir sola a ninguna parte.
-No es eso…simplemente ha coincidido que empiezo de nuevo en tu instituto.-Que coincidencia…
-Me salvas la vida y te cambias a mi instituto. Qué controlada me tienes…no sé si tenerte miedo o agradecértelo.
Rió nerviosamente. Caminamos por la gran avenida antes de adentrarnos a callejear.
-Ya voy.-Me froté los ojos y bostecé varias veces. Me vestí rápidamente y me peiné.
Desayuné como si fuera un robot, la misma rutina, lo mismo de siempre… Me cepillé los dientes y me miré al espejo. Me peiné, dejándome el pelo suelto.
Cogí la maleta y me despedí de mi padre con toda la frialdad que me fue posible. Al fin de cuentas, seguía siendo mi padre.
El porterillo sonó justo cuando me disponía a largarme.
-¿Sí?
-¿Eres Elsa?-No respondí.-Soy Allen, te estoy esperando aquí abajo para ir juntos al instituto.
Colgué sin decir nada. Mi condena, mi suplicio, estaba a punto de comenzar.
Bajé las escaleras, cabizbaja. No me sentía bien. En realidad, simplemente, había dejado de sentir.
-¿Elsa, eres tú?-Sonrió patéticamente. Le miré con mi fría e inerte mirada. Se le borró la sonrisa y no pude menos que dedicarle una media sonrisa.
Mostrando toda mi descortesía.
-Vaya, por lo visto, no puedo ir sola a ninguna parte.
-No es eso…simplemente ha coincidido que empiezo de nuevo en tu instituto.-Que coincidencia…
-Me salvas la vida y te cambias a mi instituto. Qué controlada me tienes…no sé si tenerte miedo o agradecértelo.
Rió nerviosamente. Caminamos por la gran avenida antes de adentrarnos a callejear.
El ombligo del árbol cap.2 segunda parte
De tanto llorar me empezó a doler la cabeza. Mis mejillas y mi nariz estaban rojas. Doce años de silencio. Doce años sin llorar en mi cuarto. Sin mostrar mis sentimientos.
Doce años formando un corazón de hielo…qué, ahora, se derretía por completo.
Me quedé dormida. Tenía sueño. Y estaba cansada.
Alguien llamó a la puerta. Me froté los ojos y salté de la cama más mejorada de antes.
-Papá, tengo que hablar contigo.-Mi voz seguía sin mostrar mis sentimientos, cosa que me alegró.
-Mañana por la mañana vendrá Allen a buscarte.-Le miré horrorizada.-Ya sabes, se lo prometí.
-¿Me prometiste a mí? Soy una persona…tengo opinión propia…
-Sí no vas con él…me veré obligado a no dejarte salir los sábados que quedan de mes.
Mis ojos empezaron a reflejar sentimientos. Odio, confusión, incredibilidad. Haciendo brillar a mi mirada de hielo. Mi padre me miró complacido.
-¿Ves? Ahora pareces estar viva.
Entonces solo pude ver odio. Mucho odio.
No dije nada. No quería hablar. Sabía perfectamente que no le convencería en la vida.
Cerré la puerta de mi cuarto y miré tristemente por la ventana. Era un quinto precioso. Muy bien situado, desde mi ventana se podía ver el arco del triunfo. El piso fue herencia de mi abuela, también difunta.
Suspiré y formé vaho en el cristal. Cogí el dedo y dibujé una cruz.
-Esta es la promesa que me hago a mí misma.-Dije en un susurro.
‘’Me ha salvado la vida y yo se la tengo que entregar como recompensa’’
Doce años formando un corazón de hielo…qué, ahora, se derretía por completo.
Me quedé dormida. Tenía sueño. Y estaba cansada.
Alguien llamó a la puerta. Me froté los ojos y salté de la cama más mejorada de antes.
-Papá, tengo que hablar contigo.-Mi voz seguía sin mostrar mis sentimientos, cosa que me alegró.
-Mañana por la mañana vendrá Allen a buscarte.-Le miré horrorizada.-Ya sabes, se lo prometí.
-¿Me prometiste a mí? Soy una persona…tengo opinión propia…
-Sí no vas con él…me veré obligado a no dejarte salir los sábados que quedan de mes.
Mis ojos empezaron a reflejar sentimientos. Odio, confusión, incredibilidad. Haciendo brillar a mi mirada de hielo. Mi padre me miró complacido.
-¿Ves? Ahora pareces estar viva.
Entonces solo pude ver odio. Mucho odio.
No dije nada. No quería hablar. Sabía perfectamente que no le convencería en la vida.
Cerré la puerta de mi cuarto y miré tristemente por la ventana. Era un quinto precioso. Muy bien situado, desde mi ventana se podía ver el arco del triunfo. El piso fue herencia de mi abuela, también difunta.
Suspiré y formé vaho en el cristal. Cogí el dedo y dibujé una cruz.
-Esta es la promesa que me hago a mí misma.-Dije en un susurro.
‘’Me ha salvado la vida y yo se la tengo que entregar como recompensa’’
El ombligo del árbol cap.2 primera parte
-Encantada-Dije en un susurro después de una gran pausa. Mi padre me miraba confuso.
-¿Te encuentras bien?-Preguntó al verme embobada delante del desconocido, llamado Allen.
-Perfectamente…estoy un poco mareada, creo que voy a dormir un poco más.-Dije apartando la mirada de mi salvador.
-Claro, pero antes, querría hablar contigo.-Le miré. Vi como su mirada se volvía fría. Incluso superó a la mía, que parecía llena de algo.
Algo que había surgido, así, de repente.
-¿Qué quieres?-Dije soñolienta. Temiendo lo peor. Temiéndole.
-¿Podemos hablar en privado?
Ambos miramos a Allen. Sería la primera vez que mi padre pisaba mi cuarto.
Cerré la puerta.
-¿Qué quieres?-Necesitaba dormir, descansar. Tosí. Mi voz era como la de un camionero. Pero me daba igual. Tenía que ponerme buena lo antes posible y seguir con mi vida sin sentido.
Ambos sostuvimos nuestras miradas. A mí no me costó ni la mitad de esfuerzo que le costó a mi padre. Fría, sin vida.
-¿Podrías hacerme un favor? Bueno, más bien es como una obligación…-Ya se estaba yendo por las ramas.
-¿Qué quieres?-Era la tercera vez que lo decía y me estaba empezando a hartar de la situación. Me sentía tremendamente estúpida al repetir las cosas.
-Verás el chico que te ha salvado la vida me ha pedido un favor…no es gran cosa así que…
-¿Qué te ha pedido?-A pesar de carcomerme por dentro mi voz era neutra y sin sentimientos, como solía ser.
-Nada importante, solo es un chaval…
-¿Me ha salvado la vida para pedirme un favor a cambio…?
-No, que va, para nada. Yo le dije que pidiera lo que quisiera, yo fui quien le convencí para que pidiera algo.
-¿Me lo vas a decir o vas a seguir dándole vueltas?-Dije, tan borde como pude.
-Quiere salir contigo.-Me miró ferozmente y se largó dando un portazo al salir. Sin esperar mi respuesta, sin ver mi reacción.
Al principio sus palabras me parecieron que no tenían sentido. Le vi mover la boca sin producir ningún sonido…Pero luego lo comprendí. Sus palabras, poco a poco empezaron a coger sentido. Locamente.
Mis ojos se abrieron como platos y mis rodillas se clavaron en el suelo. Podía ver mis manos temblorosas a través de mis lágrimas.
-No…-¿Cómo era capaz de mostrar mis sentimientos, allí en mi cuarto?
Todo lo que había a mí alrededor daba vueltas.
-¿Qué ha dicho?-Escuché la voz de Allen. Apreté los ojos con fuerza intentando, tontamente, impedir a las lágrimas salir.
-Se lo he dicho, mañana pásate a recogerla, de veras que te necesita…-Noté como le daba una palmada en el perfecto hombro de Allen.
¿Y yo? ¿Dónde había ido mi frialdad? ¿Cuánto importaba mi opinión?
-¿Te encuentras bien?-Preguntó al verme embobada delante del desconocido, llamado Allen.
-Perfectamente…estoy un poco mareada, creo que voy a dormir un poco más.-Dije apartando la mirada de mi salvador.
-Claro, pero antes, querría hablar contigo.-Le miré. Vi como su mirada se volvía fría. Incluso superó a la mía, que parecía llena de algo.
Algo que había surgido, así, de repente.
-¿Qué quieres?-Dije soñolienta. Temiendo lo peor. Temiéndole.
-¿Podemos hablar en privado?
Ambos miramos a Allen. Sería la primera vez que mi padre pisaba mi cuarto.
Cerré la puerta.
-¿Qué quieres?-Necesitaba dormir, descansar. Tosí. Mi voz era como la de un camionero. Pero me daba igual. Tenía que ponerme buena lo antes posible y seguir con mi vida sin sentido.
Ambos sostuvimos nuestras miradas. A mí no me costó ni la mitad de esfuerzo que le costó a mi padre. Fría, sin vida.
-¿Podrías hacerme un favor? Bueno, más bien es como una obligación…-Ya se estaba yendo por las ramas.
-¿Qué quieres?-Era la tercera vez que lo decía y me estaba empezando a hartar de la situación. Me sentía tremendamente estúpida al repetir las cosas.
-Verás el chico que te ha salvado la vida me ha pedido un favor…no es gran cosa así que…
-¿Qué te ha pedido?-A pesar de carcomerme por dentro mi voz era neutra y sin sentimientos, como solía ser.
-Nada importante, solo es un chaval…
-¿Me ha salvado la vida para pedirme un favor a cambio…?
-No, que va, para nada. Yo le dije que pidiera lo que quisiera, yo fui quien le convencí para que pidiera algo.
-¿Me lo vas a decir o vas a seguir dándole vueltas?-Dije, tan borde como pude.
-Quiere salir contigo.-Me miró ferozmente y se largó dando un portazo al salir. Sin esperar mi respuesta, sin ver mi reacción.
Al principio sus palabras me parecieron que no tenían sentido. Le vi mover la boca sin producir ningún sonido…Pero luego lo comprendí. Sus palabras, poco a poco empezaron a coger sentido. Locamente.
Mis ojos se abrieron como platos y mis rodillas se clavaron en el suelo. Podía ver mis manos temblorosas a través de mis lágrimas.
-No…-¿Cómo era capaz de mostrar mis sentimientos, allí en mi cuarto?
Todo lo que había a mí alrededor daba vueltas.
-¿Qué ha dicho?-Escuché la voz de Allen. Apreté los ojos con fuerza intentando, tontamente, impedir a las lágrimas salir.
-Se lo he dicho, mañana pásate a recogerla, de veras que te necesita…-Noté como le daba una palmada en el perfecto hombro de Allen.
¿Y yo? ¿Dónde había ido mi frialdad? ¿Cuánto importaba mi opinión?
Disfrutad de la vida!! ;)
El ombligo del árbol cap.1 quinta parte
El chico sonrió. Sus dientes eran blancos y estaban perfectamente lineados. Pensé que habría tenido ortodoncia. Su chaqueta tenía un poco de barro así que iba en camisa de mangas cortas. Le quedaba ajustada y se podía ver el contorno de su cuerpo perfectamente, perfecto. Sus ojos seguían siendo tan bellos como siempre. Era alto, me sacaba una o dos cabezas.
Cuando sonreía se le formaban dos hoyuelos en cada mejilla. Su pelo estaba mojado y era negro. Negro tizón.
Me quedé por completo con cada detalle. Y solo en segundos.
-¿No te sientes un poco mareada?-Dijo sin borrar la sonrisa.
-Sí, ahora que lo dices…-Dije sin apartar la mirada. Conteniendo el aliento.
-Hija, ¿por qué no descansas un poco en tu habitación?-Miré a mi padre.
Seguía intentando dejarse barba. Sus canas cubrían gran parte de su pelo que ahora parecía plateado.
-Sí, creo que es la mejor idea…-Me volví a mirar a los ojos a aquel desconocido.-¿Me podría decir cómo se llama? Me gustaría saber el nombre del que me ha rescatado…
Dije patéticamente. Intentando ser fría, esta vez, sin conseguirlo.
-Claro, me llamo Allen.-Y mostró esa sonrisa suya. Me quedé embobada, preguntándome qué sería lo que me pediría.
Cuando sonreía se le formaban dos hoyuelos en cada mejilla. Su pelo estaba mojado y era negro. Negro tizón.
Me quedé por completo con cada detalle. Y solo en segundos.
-¿No te sientes un poco mareada?-Dijo sin borrar la sonrisa.
-Sí, ahora que lo dices…-Dije sin apartar la mirada. Conteniendo el aliento.
-Hija, ¿por qué no descansas un poco en tu habitación?-Miré a mi padre.
Seguía intentando dejarse barba. Sus canas cubrían gran parte de su pelo que ahora parecía plateado.
-Sí, creo que es la mejor idea…-Me volví a mirar a los ojos a aquel desconocido.-¿Me podría decir cómo se llama? Me gustaría saber el nombre del que me ha rescatado…
Dije patéticamente. Intentando ser fría, esta vez, sin conseguirlo.
-Claro, me llamo Allen.-Y mostró esa sonrisa suya. Me quedé embobada, preguntándome qué sería lo que me pediría.
El ombligo del árbol cap.1 cuarta parte
El chico tardaría en llegar a mí. Mis huesos estaban llenos de humedad y mi cansancio era tal que, había tirado la toalla. Mi cuerpo estaba empapado y lleno de barro. El agua había entrado en mí por sitios que desconocía.
-¿Se encuentra bien?-Vaya pregunta estúpida. Estaba tirada en el suelo, tiritando y llena de barro. Debía de ser estúpido o algo así.
-A…-Dije. Le superé en estupidez pero es que no me salió otra palabra. Mi garganta hervía.
Entonces solo vi unos ojos. Tal vez los más bonitos del mundo. Quién sabe. Azules. Y me sumergí en ellos hasta hundirme por completo.
Mi agarrotada mano, pelada por el frío cayó sin vida. El chico me recogió en sus brazos. Dejé de sentir mis manos las cuales caían al vacío y luego me entró sueño. Mucho sueño.
-¿Qué pasa?-Dije cuando me levanté de un salto de mi cama. Estaba en mi cuarto. Al principio pensé que lo que había vivido anteriormente había sido uno de esos estúpidos sueños tan reales.
Entonces oí voces al otro lado de la puerta. Era mi padre, hablaba con otro hombre.
-Muchas gracias por lo que has hecho. No sé como agradecértelo.-Reconocí la voz gastada de mi padre.
Las piernas me temblaron sin saber por qué.
-No hay de qué. Cualquiera hubiera hecho lo mismo…
-De todas formas fuiste tú.
-Lo volvería hacer. Solo le pido eso…ya sabe.
-Sí, por supuesto. Hablaré con ella. Seguro que lo entiende, pero tienes que saber una cosa.
-¿El qué?
-Es la persona más fría que hayas podido conocer. Y a veces pude resultar borde e insensible.
Hubo un silencio en el que noté como sonreía. No sé cómo pude notar algo así pero lo supe. Algo me lo decía.
Ya le valía a mi padre. Me había puesto bonita. ¿Qué querría ese chico?
Estornudé.
-Al parecer se ha despertado.-Vi girar el picaporte. Impedí que abrieran la puerta.-Y está levantada…
Dijo mi padre soltando el picaporte.
-Espera…-Mi voz sonó ronca. Me miré en mí espejo de cuerpo entero. Tenía el pijama y mis pelos estaban sucios y enmarañados.
Busqué en el armario algo que ponerme. Unos pantalones vaqueros y una camiseta servirían, total, no le conocía de nada.
Escuché como seguían hablando mientras me arreglaba. Me cogí un moño para que no se notara tanto que mi pelo estaba sucio.
-¿Se está arreglando?-Dijo la voz del desconocido de ojos bonitos.
-Lo suele hacer.-Dijo mi padre.-Nunca le gusta salir de su cuarto con el pijama. Es una de sus manías.
-Pero…tiene fiebre, podría ponerse peor.
-Es una cabezona, es mejor no contradecirla. Es igual que su madre.
Me encantaba que mi padre me comparara con ella. Cada vez que hablaba sobre ella sentía que estaba viva y que vendría del trabajo en cualquier momento.
Abrí la puerta.
-Hola…-Mis coloradas mejillas delataron mi fiebre.
-¿Se encuentra bien?-Vaya pregunta estúpida. Estaba tirada en el suelo, tiritando y llena de barro. Debía de ser estúpido o algo así.
-A…-Dije. Le superé en estupidez pero es que no me salió otra palabra. Mi garganta hervía.
Entonces solo vi unos ojos. Tal vez los más bonitos del mundo. Quién sabe. Azules. Y me sumergí en ellos hasta hundirme por completo.
Mi agarrotada mano, pelada por el frío cayó sin vida. El chico me recogió en sus brazos. Dejé de sentir mis manos las cuales caían al vacío y luego me entró sueño. Mucho sueño.
-¿Qué pasa?-Dije cuando me levanté de un salto de mi cama. Estaba en mi cuarto. Al principio pensé que lo que había vivido anteriormente había sido uno de esos estúpidos sueños tan reales.
Entonces oí voces al otro lado de la puerta. Era mi padre, hablaba con otro hombre.
-Muchas gracias por lo que has hecho. No sé como agradecértelo.-Reconocí la voz gastada de mi padre.
Las piernas me temblaron sin saber por qué.
-No hay de qué. Cualquiera hubiera hecho lo mismo…
-De todas formas fuiste tú.
-Lo volvería hacer. Solo le pido eso…ya sabe.
-Sí, por supuesto. Hablaré con ella. Seguro que lo entiende, pero tienes que saber una cosa.
-¿El qué?
-Es la persona más fría que hayas podido conocer. Y a veces pude resultar borde e insensible.
Hubo un silencio en el que noté como sonreía. No sé cómo pude notar algo así pero lo supe. Algo me lo decía.
Ya le valía a mi padre. Me había puesto bonita. ¿Qué querría ese chico?
Estornudé.
-Al parecer se ha despertado.-Vi girar el picaporte. Impedí que abrieran la puerta.-Y está levantada…
Dijo mi padre soltando el picaporte.
-Espera…-Mi voz sonó ronca. Me miré en mí espejo de cuerpo entero. Tenía el pijama y mis pelos estaban sucios y enmarañados.
Busqué en el armario algo que ponerme. Unos pantalones vaqueros y una camiseta servirían, total, no le conocía de nada.
Escuché como seguían hablando mientras me arreglaba. Me cogí un moño para que no se notara tanto que mi pelo estaba sucio.
-¿Se está arreglando?-Dijo la voz del desconocido de ojos bonitos.
-Lo suele hacer.-Dijo mi padre.-Nunca le gusta salir de su cuarto con el pijama. Es una de sus manías.
-Pero…tiene fiebre, podría ponerse peor.
-Es una cabezona, es mejor no contradecirla. Es igual que su madre.
Me encantaba que mi padre me comparara con ella. Cada vez que hablaba sobre ella sentía que estaba viva y que vendría del trabajo en cualquier momento.
Abrí la puerta.
-Hola…-Mis coloradas mejillas delataron mi fiebre.
El ombligo del árbol cap.1 tercera parte
Mi cuerpo estaba cansado de llevar las pesadas prendas. El viento impedía que saliera con rapidez de aquel siniestro lugar. Un paso tras otro.
Como si se tratara de una máquina. Mi rostro no hacía ninguna referencia sobre lo cansada que estaba ni sobre mi incomodidad. Ni si quiera se notaba que hubiera estado llorando.
Era de piedra. Pero, ante todo, era humana.
Caí al suelo. Me sentía muy pesada. La fuerza que muchos temían se había agotado por completo. Como si se me hubieran acabado las pilas…
Me quedé en el suelo impotente. Tenía frío y la humedad me estaba calando. Mi cuerpo temblaba violentamente. El viento soplaba ferozmente acompañado por una intensa lluvia.
Pero tenía que ir, no podía morir ahora. Mi madre me esperaba cada sábado por la tarde. Y yo tenía que acudir a mi eterna cita.
Mis pelos me cubrieron la mayor parte de mi rostro. Me arrastraba por el suelo. Las tumbas estaban empapadas, llenas de barro. Y yo estaba en el suelo. Agarrándome con las manos donde podía para poder continuar mi trayecto hacía la salida.
Pero era imposible. Mi ropa pesaba demasiado. Tosí otra vez.
-Ayuda…-Dije al principio como un susurro.- ¡Ayuda!-Elevé la voz.-No puedo moverme….-Mi voz empezaba a ser ronca. Aun así seguía gritando. Como si se me fuera la vida…- ¡Ayuda! Por favor…-seguí retorciéndome en el suelo.-Por favor…
La lluvia seguía siendo intensa. Nadie estaba a mí alrededor, al menos, vivo.
Tonta, seguí gritando. Arrastrándome hacia ninguna parte. Entonces, de la nada, apareció un chico.
Corría hacia mí, la cual ya había dejado de gritar. Me sentía fatal. Mi cuerpo había dejado de retorcerse. Mis manos estaban agarrotadas al suelo, intentando alejarse de allí. La lluvia se había vuelto un poco más suave pero el viento seguía removiendo mis sucios cabellos. Estaba bocabajo. Mis ojos veían con impotencia como mi corta existencia se desvanecía.
Mi infancia, mi adolescencia y el día de hoy. Todo. Lentamente.
Como si se tratara de una máquina. Mi rostro no hacía ninguna referencia sobre lo cansada que estaba ni sobre mi incomodidad. Ni si quiera se notaba que hubiera estado llorando.
Era de piedra. Pero, ante todo, era humana.
Caí al suelo. Me sentía muy pesada. La fuerza que muchos temían se había agotado por completo. Como si se me hubieran acabado las pilas…
Me quedé en el suelo impotente. Tenía frío y la humedad me estaba calando. Mi cuerpo temblaba violentamente. El viento soplaba ferozmente acompañado por una intensa lluvia.
Pero tenía que ir, no podía morir ahora. Mi madre me esperaba cada sábado por la tarde. Y yo tenía que acudir a mi eterna cita.
Mis pelos me cubrieron la mayor parte de mi rostro. Me arrastraba por el suelo. Las tumbas estaban empapadas, llenas de barro. Y yo estaba en el suelo. Agarrándome con las manos donde podía para poder continuar mi trayecto hacía la salida.
Pero era imposible. Mi ropa pesaba demasiado. Tosí otra vez.
-Ayuda…-Dije al principio como un susurro.- ¡Ayuda!-Elevé la voz.-No puedo moverme….-Mi voz empezaba a ser ronca. Aun así seguía gritando. Como si se me fuera la vida…- ¡Ayuda! Por favor…-seguí retorciéndome en el suelo.-Por favor…
La lluvia seguía siendo intensa. Nadie estaba a mí alrededor, al menos, vivo.
Tonta, seguí gritando. Arrastrándome hacia ninguna parte. Entonces, de la nada, apareció un chico.
Corría hacia mí, la cual ya había dejado de gritar. Me sentía fatal. Mi cuerpo había dejado de retorcerse. Mis manos estaban agarrotadas al suelo, intentando alejarse de allí. La lluvia se había vuelto un poco más suave pero el viento seguía removiendo mis sucios cabellos. Estaba bocabajo. Mis ojos veían con impotencia como mi corta existencia se desvanecía.
Mi infancia, mi adolescencia y el día de hoy. Todo. Lentamente.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
