El chico sonrió. Sus dientes eran blancos y estaban perfectamente lineados. Pensé que habría tenido ortodoncia. Su chaqueta tenía un poco de barro así que iba en camisa de mangas cortas. Le quedaba ajustada y se podía ver el contorno de su cuerpo perfectamente, perfecto. Sus ojos seguían siendo tan bellos como siempre. Era alto, me sacaba una o dos cabezas.
Cuando sonreía se le formaban dos hoyuelos en cada mejilla. Su pelo estaba mojado y era negro. Negro tizón.
Me quedé por completo con cada detalle. Y solo en segundos.
-¿No te sientes un poco mareada?-Dijo sin borrar la sonrisa.
-Sí, ahora que lo dices…-Dije sin apartar la mirada. Conteniendo el aliento.
-Hija, ¿por qué no descansas un poco en tu habitación?-Miré a mi padre.
Seguía intentando dejarse barba. Sus canas cubrían gran parte de su pelo que ahora parecía plateado.
-Sí, creo que es la mejor idea…-Me volví a mirar a los ojos a aquel desconocido.-¿Me podría decir cómo se llama? Me gustaría saber el nombre del que me ha rescatado…
Dije patéticamente. Intentando ser fría, esta vez, sin conseguirlo.
-Claro, me llamo Allen.-Y mostró esa sonrisa suya. Me quedé embobada, preguntándome qué sería lo que me pediría.
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