Abrió a trompicones la puerta de su casa. No era muy grande pero estaba muy bien. Era acogedora.
Todo estaba limpio y ordenado.
-El árbol vive aquí desde siempre. Cuando era pequeño e iba a visitar a mis abuelos que vivían aquí jugaba cerca del árbol. Pero…nunca lo he llegado a tocar.
-¿Por qué? Solo es un árbol…-Dije entrando en su casa. Me sentía como una invasora. No cuadraba en aquel lugar.
No respondió.
Había un sofá a la derecha pegado a la pared. Enfrente del sofá había una mesa de madera y a la izquierda estaba una tele de plasma. Enfrente de la mesa de madera había un sillón. Detrás del sillón no había pared. Era todo ventana. Una enorme ventana que daba al magnífico árbol.
Al lado de la especie de saloncito había un comedor. Con sus sillas de madera y eso.
La cocina estaba apartada y, al lado de esta, estaba el cuarto de baño. Luego, ante nosotros se extendía un pasillo. Lleno de puertas que, supuse, conducían a los dormitorios.
-Es pequeña pero acogedora…-Dijo con las mejillas sonrojadas.
-A mí me gusta.-Dije indiferente. Luego me giré y vi el gran ventanal donde se encontraba mi árbol.
Entonces me volví a hipnotizar. Volví a alzar la mano.
-¿Por qué… si sólo es un árbol?-Con paso decidido me dirigí hacia él.
Mis ojos estaban llenos de nada, como siempre, sin expresar sentimientos. Me sentía como una muñeca de trapo.
Allen se quedó mirándome sin impedirme ninguno de mis movimientos.
Yo seguí. Abrí la ventana y pasé por ella.
Allen no se movió de la puerta.
-Es…tan…bonito…
Y metí justo el dedo en el agujero. Era profundo y quemaba. Pero me daba igual. Yo seguía sin sentir nada.
Las ramas empezaron a crecer rodeando mi brazo. Ramas que salían de ninguna parte. Imaginarias, ficticias o reales. Sentí.
Sentí como me quemaba la mano, ardía. Sentí la presión que ejercían las ramas al rodear mi brazo. Pero no aparté la mano.
Me gusta sentir. Saber que estoy viva, aunque sienta dolor. Me gusta notar la lluvia en mi rostro, me gusta tocar las hojas de las plantas con la yema de mis dedos. Me gusta sentirme viva. Saber que no he muerto, que sigo aquí.
Mis ojos se pusieron en blanco, mi boca se abrió echando el último aliento. Caí mirando el cielo gris lleno de nubes que anunciaban ferozmente una lluvia.
El vahó salió de mi boca, poco a poco.... Ahora, sonriente.
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