Abrí los ojos.
-¿Qué ha pasado?-No hubo respuesta. No había nadie allí. En la nada, no había nada.
Era todo blanco. Nada había. Nada sentía a mí alrededor.
De repente me entró un fuerte dolor de cabeza. Me llevé las manos, instintivamente, hacia dónde procedía el dolor.
-¿Qué deseas?-Era una voz dulce. No se podría diferenciar si era masculina o femenina pero en cada palabra había una armonía diferente. Perfecta.
-¿Cómo que qué deseo…?-Dije sin que se me parara el dolor de cabeza.
-¿Qué deseas?-Repitió.
Me volvió a doler la cabeza.
-Estoy intentando saberlo…-Dije, tonta, estúpida.
-Lo sé. Estoy dentro de ti.-Volvió a decir la melodiosa voz.
-¿Qué ves?-Idiota, vacía.
Noté como algo invisible veía todo mi ser. Veía mis recuerdos, mis sueños, mis deseos, mis añoranzas, mi tristeza y mi eterna melancolía…
-Deseas a Allen. Deseas a tu madre. Deseas ser feliz. Deseas estar viva…
‘’Deseo demasiadas cosas.’’
-Tienes que saber que por cada deseo que se te cumpla habrá repercusiones… ¿Cuál elijes?
Pensé. Y la invisible mano se paró en uno en concreto.
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