miércoles, 28 de octubre de 2009

sábado, 3 de octubre de 2009

El ombligo del árbol, cap.1 segunda parte

Memeces. Eso eran todos los comentarios de mis compañeros. Memeces sin sentido.
Mi piel era blanca. Sí, eso sí. Pero no estaba muerta, ni mucho menos. Memeces, sí señor…
Aquí estaba. Como siempre. No había cambiado nada en su pequeña tumba. Los recuerdos seguían vivos, como el primer día. Su tumba seguía allí.
También llovía en el cementerio. Me quedé contemplándola. Pasaron las horas. No me moví ni un segundo. No quería. No lo necesitaba. La lluvia seguía empapando mi húmedo pelo.
Unas lágrimas cayeron. No lloraba delante de nadie, nunca. Pero…delante de mi madre, mi frío corazón se derretía por completo. Todos los sentimientos que intentaba ocultar a la gente salían de golpe. Miles de emociones…
Sobretodo tristeza. Mucha. Empecé a llorar, pero, apenas se notaban las lágrimas con las miles de gotas que chocaban en mi cara.
-Mamá…-Dije despegando mis sellados labios.- ¿sigues ahí?
Toqué con mi mano, temblorosa, la tumba. Pasé mis dedos por su nombre grabado en la piedra. Y luego por la fecha. Era tan puro. Todo era puro.
Expresar mis sentimientos, por fin.
-Lo sé, estás conmigo. Siempre. Te guardo.-Mis palabras eran susurros de pura agonía. Pero, en mi fuero interno gritaba de alegría, ahora que por fin podía expresar todo lo que sentía.-Te quiero…
Seguía hablando a la nada. Entonces, no sé muy bien por qué me giré. Giré el rostro apartándolo de la vieja tumba.
Miré por un momento a los pocos árboles que estaban allí. Todos estaban pelados a causa del frío y sus hojas habían desaparecido por completo. El fuerte viento que, no solo movía mis cabellos, movía sus ramas haciendo que alguna que otra saliera volando.
Me quedé maravillada ante la naturaleza. El crujido de una rama al romperse me estremeció por completo. El frío empezaba a calar mis huesos.
Besé la tumba.
-Hasta el sábado por la tarde.-Dije en modo de despedida.
Sabía perfectamente que el entorno en el que me encontraba era siniestro. El típico escenario de cualquier película de terror. Pasé entre las tumbas. No había camino. Tú tomabas el rumbo que querías. No había nadie allí.
El viento rugía con fuerza. La lluvia empezaba a ser cada vez más fiera. Tosí varias veces.

El ombligo del árbol, cap.1 primera parte

Hacía frío, unido, por supuesto, con un temible viento. Era invierno y la lluvia cubría los rostros de aquellos que no tenían paraguas.
Pero a mí me daba lo mismo. Yo era la típica persona que le resbala absolutamente todo. En temas sentimentales soy penosa, lo reconozco. Por supuesto, la gente al verme retrocede. Me consideran temible.
Y me gusta.
Voy, chulescamente, por la calle. La lluvia choca contra mi rostro, pero me da igual. Mi pelo castaño está empapado y mis ropas pesan el doble. Pero a mí me da lo mismo. Es más, me gusta. Así sé que sigo viva, que puedo sentir algo.
Puedo sentir la lluvia chocar en mi rostro. Puedo sentir la ropa mojada tocar mi piel y ponerme los pelos de punta. Y si cierro los ojos puedo imaginarme en mitad del océano o un acantilado. Puedo juntar todo lo que siento e imaginarme así dónde encontrarme.
Pero la verdad es que estoy en una de las grandes avenidas de Paris. Con suerte me puedo resguardar en locales. Pero…no, paso. Me gusta saber que estoy viva.
Paso entre la gente que me mira como si estuviera loca. Bah.
Miro a mí alrededor y veo miles de personas. Cada una tiene una historia que contar, una vida que vivir. Es bonito. Lloraran, reirán, tendrán hijos, se casarán y todo ese rollo. En resumen, vivirán.
Pero yo quiero ser diferente. Yo quiero ser original. Paso de los chicos y ellos pasan de mí. Es como si hubiéramos firmado algún tipo de pacto. Muchas chicas de mi edad se deprimirían, se pasarían horas y horas llorando en la almohada. Pero, como he dicho antes, a mí me resbala todo o no…
Seguía caminando por la gran avenida. Los coches se pitaban entre ellos. Al final pude ver la boca del metro. Me mentí.
Apenas tardé en llegar. Mi destino… El cementerio de Montmartre. Allí descansaba mi difunta madre.
Si alguna vez sentí algo hacia alguien fue, sin duda, hacia ella. Cada tarde de cada sábado iba a llevarle flores. Cada tarde de cada sábado desde hace doce años.
Tenía diecisiete espléndidas primaveras y estaba a punto de pasar otra más. Mis sueños e ilusiones habían desaparecido. Ahora era fría, sin vida. Algunos decían que estaba muerta en vida, otros que era la chica más apática del mundo y, un grupo minoritario decía que era un fantasma y que había venido a vengar la muerte de mi madre.

viernes, 2 de octubre de 2009

Mi nueva historia : )


Quiero que vaya de algo mágico y especial, por ahora ya tengo en mi cabeza más de la mitad de la historia ^^ Espero con toda mi alma que os guste y si hay algun fallo, decirlooooo!!! Besos

Después de años de espera

Hombre...cuanto tiempo, hacia ya años que no me pasaba por aquí, supongo que es hora de quitar las telarañas ^^ Que os vaya bonito!!