sábado, 3 de octubre de 2009

El ombligo del árbol, cap.1 segunda parte

Memeces. Eso eran todos los comentarios de mis compañeros. Memeces sin sentido.
Mi piel era blanca. Sí, eso sí. Pero no estaba muerta, ni mucho menos. Memeces, sí señor…
Aquí estaba. Como siempre. No había cambiado nada en su pequeña tumba. Los recuerdos seguían vivos, como el primer día. Su tumba seguía allí.
También llovía en el cementerio. Me quedé contemplándola. Pasaron las horas. No me moví ni un segundo. No quería. No lo necesitaba. La lluvia seguía empapando mi húmedo pelo.
Unas lágrimas cayeron. No lloraba delante de nadie, nunca. Pero…delante de mi madre, mi frío corazón se derretía por completo. Todos los sentimientos que intentaba ocultar a la gente salían de golpe. Miles de emociones…
Sobretodo tristeza. Mucha. Empecé a llorar, pero, apenas se notaban las lágrimas con las miles de gotas que chocaban en mi cara.
-Mamá…-Dije despegando mis sellados labios.- ¿sigues ahí?
Toqué con mi mano, temblorosa, la tumba. Pasé mis dedos por su nombre grabado en la piedra. Y luego por la fecha. Era tan puro. Todo era puro.
Expresar mis sentimientos, por fin.
-Lo sé, estás conmigo. Siempre. Te guardo.-Mis palabras eran susurros de pura agonía. Pero, en mi fuero interno gritaba de alegría, ahora que por fin podía expresar todo lo que sentía.-Te quiero…
Seguía hablando a la nada. Entonces, no sé muy bien por qué me giré. Giré el rostro apartándolo de la vieja tumba.
Miré por un momento a los pocos árboles que estaban allí. Todos estaban pelados a causa del frío y sus hojas habían desaparecido por completo. El fuerte viento que, no solo movía mis cabellos, movía sus ramas haciendo que alguna que otra saliera volando.
Me quedé maravillada ante la naturaleza. El crujido de una rama al romperse me estremeció por completo. El frío empezaba a calar mis huesos.
Besé la tumba.
-Hasta el sábado por la tarde.-Dije en modo de despedida.
Sabía perfectamente que el entorno en el que me encontraba era siniestro. El típico escenario de cualquier película de terror. Pasé entre las tumbas. No había camino. Tú tomabas el rumbo que querías. No había nadie allí.
El viento rugía con fuerza. La lluvia empezaba a ser cada vez más fiera. Tosí varias veces.

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