-Que no, que te vayas, que te alejes de mí, que no quiero volver a verte.
-Mientes, vamos, no tires todo esto por la ventana.
-Solamente si el árbol de la vida brilla.
-Sabes que eso nunca va a pasar.
-¿Entonces por qué estamos cayendo por un túnel lleno de relojes derretidos?
-Porque tú lo has elegido así.
Chocaron contra el suelo de cuadros negros y blancos.
Ambos hicieron gesto de dolor.
-La próxima vez que imagines suelo avísame.-Dijo con sarcasmo uno de ellos.
-La próxima vez procuraré no imaginarte. Además, nada de lo que estamos diciendo tiene sentido.
-Tú no quieres que lo tenga.-La miró, tan intensamente que ella pensó que la había atravesado.
-¡Para! Vete de aquí ¿Por qué no desapareces?
-Porque…tú no quieres eso.
Se despertó. Sudaba y su respiración era agitada. Aun podía sentir las frías baldosas negras y blancas en su piel. Se tocó la cara asustada, pensando que aun no se había levantado. Repasó en su mente los últimos segundos de su caótico sueño. Estaban plagados de momentos sin sentido y diálogos incoherentes.
Enterró el rostro con sus manos y soltó un ‘’ ¿por qué a mí?’’. Y es que era verdad, ¿por qué a ella? ¿Por qué ella?
ADELA.
-Vamos, corre.
-Ya voy, ya voy…
Cogió la maleta perfectamente preparada que la esperaba impaciente en la entrada.
Corrió todo lo que sus piernas le permitían. Desayunó alocadamente por el camino atragantándose con cada galleta.
Abrió acaloradamente la puerta de su clase.
-Adela Martos Romero.
-Presente.
Y se sentó en su silla, suspirando por su victoria ante el tiempo.
La profesora empezó a echar la bronca pertinente a toda la clase.
-No trabajáis lo suficiente, después no quiero a nadie quejándose en mayo diciéndome que le apruebe. Aquí hay que ponerse las pilas desde comienzo de curso si no, ¿para qué venís? En serio, es que no puedo llegar a entenderlo…
Miró fijamente su 1,5 y su 3 que había sacado en los últimos exámenes. Había estado sin poder dormir y sin poder concentrarse en estos últimos días y ahí tenía sus espléndidos resultados. Suspiró frustrada ante sí misma.
Pasaron las horas como pasa el tiempo.
Los días, los meses…los años. Y seguía sin poder sacarlo de sus sueños.
-¿Por qué no te vas de mis sueños? No puedo parar de verte, estás por todas partes.
-Solo porque tú quieres que sea así.
Adela se vio inmersa en un mar de espejos que reflejaban su rostro y el de su eterno acompañante.
-Para de aparecer en mis sueños, me estas volviendo loca…
-No puedo. No puedo irme sin ti. Tienes que venir conmig…
No llegó a terminar la frase. Una ráfaga de viento helado despertó a Adela de su letargo.
Su compañera de piso, Odette, abría felizmente las ventanas haciéndole saber que era de día.
-Vamos, despierta. Estabas hablando en sueños.
-¿En serio? ¿Qué decía?
-No sé qué de que de que por qué no me iba o algo así…
-Oh…no era a ti…-Dijo tocándose la cara.
-Lo supongo, bueno, más bien deseo que sea verdad.-Y rió felizmente.
Odette se fue a vestirse al cuarto de baño tiempo que Adela aprovechó para recordar el último sueño que había tenido, la última conversación que había tenido.
Se estaba enamorando. Ella lo sabía. Sabía lo que sentía al final de cada sueño, tras ese brusco despertar. Sabía lo que significaba ese color de sus mejillas y ese nerviosismo cuando lo veía. Esos suspiros al despertar. Todo. Y no paraba de preguntarse por qué.
-Si cuando nos enamoramos las personas sentimos mariposas en el estómago… ¿las mariposas cuando se enamoran sentirán personas en el estómago?
Odette la miró desde el quicio de la puerta.
-¿Otra vez has soñado con él?
-No puedo soñar con otra cosa.
-Vamos, Adela, vamos a llegar tarde.
Sumergida en los recuerdos añoraba más sus sueños que la realidad del tiempo que había pasado.
Se vistió lentamente sabedora de que Odette se iría sin ella. Y la verdad es que no tenía ganas de ir a la universidad. No tenía ganas de presentar el proyecto. No tenía ganas de hablar delante de toda esa gente que odiaba.
No, no era algo que le volviera loca.
Tenía la presentación del proyecto dentro de ocho horas, pero ella ya empezó a arreglarse.
Se duchó, se vistió veinte veces con ropa que no le convencía. Se miró al espejo y se perdió.
Se perdió. Perdió el rumbo de lo que estaba haciendo y de lo que iba a hacer, de lo que quería y de lo que deseaba, de lo que añoraba y de lo que le producía nostalgia. Perdió su vida en una mirada.
Allí, en mitad de la realidad al otro lado del espejo estaba él. Él. Él y nadie más. Ni si quiera estaba ella. Solamente él, él y su mirada suplicante que rozaba el corazón.
Parpadeó varias veces tras segundos de confusión. Volvió a mirar al espejo pero se encontró a una despeinada Adela enmarcada por el vapor de la ducha que aun se mantenía pegado al cristal. Se sintió estúpidamente loca y comenzó a ponerse más nerviosa de lo que merecía estar.
Su móvil sonó en la lejanía del pasillo.
-¿Si?
-Soy Odette, ¿dónde estás? Ya mismo vas a tener que presentar tu proyecto, ¿por qué no estás aquí?
-Pero… ¿qué hora es?
-Eso qué más da ahora, date prisa.
Colgó. Corrió. Corrió todo lo que sus piernas le permitían.
Hasta llegar al metro. Respiró entre cortadamente esperando a que llegara el gusano de hierro, como le gustaba llamarlo.
Pero antes de que se abrieran las compuertas allí estaba él. Otra vez. Perfecto como siempre y triste como recordaba Adela.
La sangre huyó del rostro de Adela.
-Conmigo…-Extendió el brazo como intentándola persuadir de su destino. Pero su imagen desapareció como el vapor de agua desaparece del cristal, lentamente, despacio.
-¿Se encuentra bien?-Un hombre de edad avanzada tocó el hombro de Adela haciéndole volver a la realidad.
-S…sí, gracias.-Sonrió, intentando ser cortés.
-Tenga, esto es para usted.
El anciano extendió un papel doblado, blanco, perfecto.
En el sobre con un caligrafía perfecta aparecía unas mágicas letras en un orden que producían la frase: ‘’Ven conmigo’’.
Cuando Adela levantó la cabeza el desconocido había desaparecido entre la multitud que intentaba atravesar la puerta del metro para llegar a sus respectivos trabajos.
Se dejó llevar por la multitud y se encontró al poco de pié entre una masa uniforme de personas enchaquetadas, adolescentes escuchando música y alguna que otra madre con un niño pequeño. No soltó el papel de su mano, temía que si lo metía en el bolsillo desaparecería para siempre.
Se sentía confusa. Perdida en un mar de dudas.
Cuando las puertas se abrieron indicando que esa era su parada se quedó unos segundos mirando el infinito.
¿Qué le estaba pasando? Ya no era esa niña adolescente que añoraba soñar con su príncipe azul. Era una persona coherentemente razonable que se guiaba por un sueño. Y se sentía tan mal…tan mal de no poder olvidar sus ojos, su sonrisa y cada impertinente palabra que había soltado a lo largo de cada aparición.
‘’Ven conmigo’’ Recordó como susurros que trae el viento, las palabras escritas en un papel arrugado y empapado por el sudor propio de quien está nervioso.
La gente pasaba a su lado como fantasmas. Lentos, silenciosos, sin que nadie se diera cuenta de que estaban pasando a su lado. O tal vez así lo sintiera Adela, porque para ella, el mundo se había parado.
sábado, 16 de abril de 2011
Disculpas
Ya sé que ''condena'', sinceramente, no ha sido uno de mis escritos de los que me sienta más orgullosa, es más, aún me pregunto por qué comenzé a publicarlo en mi blog. Pero como ya lo he empezado me he propuesto continuar mi tarea pero ruego que me disculpen puesto que deseo publicar como si fuera una pausa en una larguísima película, otra historia, esta vez con final planeado.
Gracias por leerme y seguir como siempre.
Besos.
Gema.
Gracias por leerme y seguir como siempre.
Besos.
Gema.
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