miércoles, 28 de octubre de 2009
sábado, 3 de octubre de 2009
El ombligo del árbol, cap.1 segunda parte
Memeces. Eso eran todos los comentarios de mis compañeros. Memeces sin sentido.
Mi piel era blanca. Sí, eso sí. Pero no estaba muerta, ni mucho menos. Memeces, sí señor…
Aquí estaba. Como siempre. No había cambiado nada en su pequeña tumba. Los recuerdos seguían vivos, como el primer día. Su tumba seguía allí.
También llovía en el cementerio. Me quedé contemplándola. Pasaron las horas. No me moví ni un segundo. No quería. No lo necesitaba. La lluvia seguía empapando mi húmedo pelo.
Unas lágrimas cayeron. No lloraba delante de nadie, nunca. Pero…delante de mi madre, mi frío corazón se derretía por completo. Todos los sentimientos que intentaba ocultar a la gente salían de golpe. Miles de emociones…
Sobretodo tristeza. Mucha. Empecé a llorar, pero, apenas se notaban las lágrimas con las miles de gotas que chocaban en mi cara.
-Mamá…-Dije despegando mis sellados labios.- ¿sigues ahí?
Toqué con mi mano, temblorosa, la tumba. Pasé mis dedos por su nombre grabado en la piedra. Y luego por la fecha. Era tan puro. Todo era puro.
Expresar mis sentimientos, por fin.
-Lo sé, estás conmigo. Siempre. Te guardo.-Mis palabras eran susurros de pura agonía. Pero, en mi fuero interno gritaba de alegría, ahora que por fin podía expresar todo lo que sentía.-Te quiero…
Seguía hablando a la nada. Entonces, no sé muy bien por qué me giré. Giré el rostro apartándolo de la vieja tumba.
Miré por un momento a los pocos árboles que estaban allí. Todos estaban pelados a causa del frío y sus hojas habían desaparecido por completo. El fuerte viento que, no solo movía mis cabellos, movía sus ramas haciendo que alguna que otra saliera volando.
Me quedé maravillada ante la naturaleza. El crujido de una rama al romperse me estremeció por completo. El frío empezaba a calar mis huesos.
Besé la tumba.
-Hasta el sábado por la tarde.-Dije en modo de despedida.
Sabía perfectamente que el entorno en el que me encontraba era siniestro. El típico escenario de cualquier película de terror. Pasé entre las tumbas. No había camino. Tú tomabas el rumbo que querías. No había nadie allí.
El viento rugía con fuerza. La lluvia empezaba a ser cada vez más fiera. Tosí varias veces.
Mi piel era blanca. Sí, eso sí. Pero no estaba muerta, ni mucho menos. Memeces, sí señor…
Aquí estaba. Como siempre. No había cambiado nada en su pequeña tumba. Los recuerdos seguían vivos, como el primer día. Su tumba seguía allí.
También llovía en el cementerio. Me quedé contemplándola. Pasaron las horas. No me moví ni un segundo. No quería. No lo necesitaba. La lluvia seguía empapando mi húmedo pelo.
Unas lágrimas cayeron. No lloraba delante de nadie, nunca. Pero…delante de mi madre, mi frío corazón se derretía por completo. Todos los sentimientos que intentaba ocultar a la gente salían de golpe. Miles de emociones…
Sobretodo tristeza. Mucha. Empecé a llorar, pero, apenas se notaban las lágrimas con las miles de gotas que chocaban en mi cara.
-Mamá…-Dije despegando mis sellados labios.- ¿sigues ahí?
Toqué con mi mano, temblorosa, la tumba. Pasé mis dedos por su nombre grabado en la piedra. Y luego por la fecha. Era tan puro. Todo era puro.
Expresar mis sentimientos, por fin.
-Lo sé, estás conmigo. Siempre. Te guardo.-Mis palabras eran susurros de pura agonía. Pero, en mi fuero interno gritaba de alegría, ahora que por fin podía expresar todo lo que sentía.-Te quiero…
Seguía hablando a la nada. Entonces, no sé muy bien por qué me giré. Giré el rostro apartándolo de la vieja tumba.
Miré por un momento a los pocos árboles que estaban allí. Todos estaban pelados a causa del frío y sus hojas habían desaparecido por completo. El fuerte viento que, no solo movía mis cabellos, movía sus ramas haciendo que alguna que otra saliera volando.
Me quedé maravillada ante la naturaleza. El crujido de una rama al romperse me estremeció por completo. El frío empezaba a calar mis huesos.
Besé la tumba.
-Hasta el sábado por la tarde.-Dije en modo de despedida.
Sabía perfectamente que el entorno en el que me encontraba era siniestro. El típico escenario de cualquier película de terror. Pasé entre las tumbas. No había camino. Tú tomabas el rumbo que querías. No había nadie allí.
El viento rugía con fuerza. La lluvia empezaba a ser cada vez más fiera. Tosí varias veces.
El ombligo del árbol, cap.1 primera parte
Hacía frío, unido, por supuesto, con un temible viento. Era invierno y la lluvia cubría los rostros de aquellos que no tenían paraguas.
Pero a mí me daba lo mismo. Yo era la típica persona que le resbala absolutamente todo. En temas sentimentales soy penosa, lo reconozco. Por supuesto, la gente al verme retrocede. Me consideran temible.
Y me gusta.
Voy, chulescamente, por la calle. La lluvia choca contra mi rostro, pero me da igual. Mi pelo castaño está empapado y mis ropas pesan el doble. Pero a mí me da lo mismo. Es más, me gusta. Así sé que sigo viva, que puedo sentir algo.
Puedo sentir la lluvia chocar en mi rostro. Puedo sentir la ropa mojada tocar mi piel y ponerme los pelos de punta. Y si cierro los ojos puedo imaginarme en mitad del océano o un acantilado. Puedo juntar todo lo que siento e imaginarme así dónde encontrarme.
Pero la verdad es que estoy en una de las grandes avenidas de Paris. Con suerte me puedo resguardar en locales. Pero…no, paso. Me gusta saber que estoy viva.
Paso entre la gente que me mira como si estuviera loca. Bah.
Miro a mí alrededor y veo miles de personas. Cada una tiene una historia que contar, una vida que vivir. Es bonito. Lloraran, reirán, tendrán hijos, se casarán y todo ese rollo. En resumen, vivirán.
Pero yo quiero ser diferente. Yo quiero ser original. Paso de los chicos y ellos pasan de mí. Es como si hubiéramos firmado algún tipo de pacto. Muchas chicas de mi edad se deprimirían, se pasarían horas y horas llorando en la almohada. Pero, como he dicho antes, a mí me resbala todo o no…
Seguía caminando por la gran avenida. Los coches se pitaban entre ellos. Al final pude ver la boca del metro. Me mentí.
Apenas tardé en llegar. Mi destino… El cementerio de Montmartre. Allí descansaba mi difunta madre.
Si alguna vez sentí algo hacia alguien fue, sin duda, hacia ella. Cada tarde de cada sábado iba a llevarle flores. Cada tarde de cada sábado desde hace doce años.
Tenía diecisiete espléndidas primaveras y estaba a punto de pasar otra más. Mis sueños e ilusiones habían desaparecido. Ahora era fría, sin vida. Algunos decían que estaba muerta en vida, otros que era la chica más apática del mundo y, un grupo minoritario decía que era un fantasma y que había venido a vengar la muerte de mi madre.
Pero a mí me daba lo mismo. Yo era la típica persona que le resbala absolutamente todo. En temas sentimentales soy penosa, lo reconozco. Por supuesto, la gente al verme retrocede. Me consideran temible.
Y me gusta.
Voy, chulescamente, por la calle. La lluvia choca contra mi rostro, pero me da igual. Mi pelo castaño está empapado y mis ropas pesan el doble. Pero a mí me da lo mismo. Es más, me gusta. Así sé que sigo viva, que puedo sentir algo.
Puedo sentir la lluvia chocar en mi rostro. Puedo sentir la ropa mojada tocar mi piel y ponerme los pelos de punta. Y si cierro los ojos puedo imaginarme en mitad del océano o un acantilado. Puedo juntar todo lo que siento e imaginarme así dónde encontrarme.
Pero la verdad es que estoy en una de las grandes avenidas de Paris. Con suerte me puedo resguardar en locales. Pero…no, paso. Me gusta saber que estoy viva.
Paso entre la gente que me mira como si estuviera loca. Bah.
Miro a mí alrededor y veo miles de personas. Cada una tiene una historia que contar, una vida que vivir. Es bonito. Lloraran, reirán, tendrán hijos, se casarán y todo ese rollo. En resumen, vivirán.
Pero yo quiero ser diferente. Yo quiero ser original. Paso de los chicos y ellos pasan de mí. Es como si hubiéramos firmado algún tipo de pacto. Muchas chicas de mi edad se deprimirían, se pasarían horas y horas llorando en la almohada. Pero, como he dicho antes, a mí me resbala todo o no…
Seguía caminando por la gran avenida. Los coches se pitaban entre ellos. Al final pude ver la boca del metro. Me mentí.
Apenas tardé en llegar. Mi destino… El cementerio de Montmartre. Allí descansaba mi difunta madre.
Si alguna vez sentí algo hacia alguien fue, sin duda, hacia ella. Cada tarde de cada sábado iba a llevarle flores. Cada tarde de cada sábado desde hace doce años.
Tenía diecisiete espléndidas primaveras y estaba a punto de pasar otra más. Mis sueños e ilusiones habían desaparecido. Ahora era fría, sin vida. Algunos decían que estaba muerta en vida, otros que era la chica más apática del mundo y, un grupo minoritario decía que era un fantasma y que había venido a vengar la muerte de mi madre.
viernes, 2 de octubre de 2009
Mi nueva historia : )
Después de años de espera
Hombre...cuanto tiempo, hacia ya años que no me pasaba por aquí, supongo que es hora de quitar las telarañas ^^ Que os vaya bonito!!
miércoles, 3 de junio de 2009
martes, 2 de junio de 2009
LAZO ROJO 22
En cuanto tocó la sirena saló corriendo de la clase. Quería verle, aclararlo todo...
Allí estaba, con su sonrisa la cual tanto le gustaba. Se quedaron un momento mirándose pensando si cada uno sabia lo que creian que sabia.
Se acercó hasta llegar a su lado.
-Hola.-Tan solo fue un susurro, lo suficiente para que la escuchara.
-Ya estas mejor.-Dijo poniendole el pelo detrás de las orejas. Se sentió extraña.
-Si, mucho mejor. He recuperado hasta la memoria.-Intentó infatizar la palabra memoria.
-¿Te acuerdas de todo?-Parecía sorprendido y feliz a la vez.
-No te hagas el tonto...-Estaba cansada de la situación.-...sé que lo sabes.
Miró hacia el suelo. Sabía que no podía verla...sabía lo que le iba a decir.
-Yo...verás, Bella, tienes que saber que estoy esforzándome mucho.-La sangré huyó de su rostro y el cual se volvió más palido que de costumbre. Él seguía mirando hacia el suelo.
Entonces levantó la cabeza, puso sus manos sobre sus orejas. Estaban calientes. Cerró los ojos y...lentamente posó sus labios sobre los de Bella.
Sin palabras se dejó llevar como si de una muñeca se tratara.
Lentamente, como si de una pluma se tratase, un rojo y corto lazo cayó al suelo, al mismo tiempo sus labios volvieron a chocar como la marea choca con las rocas.
El lazo rojo cayó al suelo, mi lazo rojo.
Allí estaba, con su sonrisa la cual tanto le gustaba. Se quedaron un momento mirándose pensando si cada uno sabia lo que creian que sabia.
Se acercó hasta llegar a su lado.
-Hola.-Tan solo fue un susurro, lo suficiente para que la escuchara.
-Ya estas mejor.-Dijo poniendole el pelo detrás de las orejas. Se sentió extraña.
-Si, mucho mejor. He recuperado hasta la memoria.-Intentó infatizar la palabra memoria.
-¿Te acuerdas de todo?-Parecía sorprendido y feliz a la vez.
-No te hagas el tonto...-Estaba cansada de la situación.-...sé que lo sabes.
Miró hacia el suelo. Sabía que no podía verla...sabía lo que le iba a decir.
-Yo...verás, Bella, tienes que saber que estoy esforzándome mucho.-La sangré huyó de su rostro y el cual se volvió más palido que de costumbre. Él seguía mirando hacia el suelo.
Entonces levantó la cabeza, puso sus manos sobre sus orejas. Estaban calientes. Cerró los ojos y...lentamente posó sus labios sobre los de Bella.
Sin palabras se dejó llevar como si de una muñeca se tratara.
Lentamente, como si de una pluma se tratase, un rojo y corto lazo cayó al suelo, al mismo tiempo sus labios volvieron a chocar como la marea choca con las rocas.
El lazo rojo cayó al suelo, mi lazo rojo.
viernes, 8 de mayo de 2009
LAZO ROJO 21
Por fin pudo levantarse, salir de aquella extraña habitación y abrir, lentamente, el camino para su futura vida. Lo que pudiera pasar o lo que le pasaría poco le importaba.
Con paso firme y la cabeza bien alta volvió a andar por aquellos pasillos en los que un día encontró su propio deseo que no había sido otra cosa en un error. Cerró los ojos tristemente intentando olvidar todo lo pasado. Seguía sin recuerdos recientes pero el pasado era demasiado grande...
Respiró hondo y se precipitó a coger el picaporte de la puerta el cual giró levemente.
-¿Se puede?-Dijo con voz queda.
-Estas no son horas, Bella.-Dijo el profesor de matemáticas. Bella pasó por delante ignorando cada una de sus palabras, como de costumbre.
Justamente cuando se sentó en su habitual asiento miles de cuchicheos preguntanron sobre un pasado que ella no quería recordar.
-Me caí me di en la cabeza y me llevaron al hospital por si era algo grave. Solo tengo una pérdida leve de memoria, nada más.-Dijo cansada de responder a las miles de preguntas que se agolpaban en sus oídos.
-Entonces es verdad...-Se le escapó a una. Se giró ignorando por completo las paranoicas explicaciones del profesor.
-¿El qué es verdad?
La chica se quedó callada mirando a otra parte, haciéndose la tonta.
-Dímelo, por favor.-Suplicó. Había algo en su mente que golpeaba por salir a la luz y quería sabes qué era.
-No es nada importante.-Mintió con un exagerado nerviosismo. Bella la miró con cara de pena.
-Verás...-su voz se volvió en pocos segundos en un susurro apenas audible.-...no sé si es verdad pero dicen que...que...-Bella tragó saliva y sin saberlo sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Bella, mira hacia delante.-Dijo el profesor dando un gran golpe en la mesa. Bella, exhausta miró a el profesor y se dio la vuelta.-Encima que llegas tarde te pones a hablar...-siguió echándole la bronca pero Bella apenas le oía. Estaba en otra parte.
Indagando entre sus propios recuerdos y algo que ella creía oculto empezó a salir como un torbellino de imágenes y recuerdos llenos de dolor y lágrimas. Lo peor de todo es que en cada uno de esos recuerdos estaba Sergio, mirándola con sus grises ojos...
Con paso firme y la cabeza bien alta volvió a andar por aquellos pasillos en los que un día encontró su propio deseo que no había sido otra cosa en un error. Cerró los ojos tristemente intentando olvidar todo lo pasado. Seguía sin recuerdos recientes pero el pasado era demasiado grande...
Respiró hondo y se precipitó a coger el picaporte de la puerta el cual giró levemente.
-¿Se puede?-Dijo con voz queda.
-Estas no son horas, Bella.-Dijo el profesor de matemáticas. Bella pasó por delante ignorando cada una de sus palabras, como de costumbre.
Justamente cuando se sentó en su habitual asiento miles de cuchicheos preguntanron sobre un pasado que ella no quería recordar.
-Me caí me di en la cabeza y me llevaron al hospital por si era algo grave. Solo tengo una pérdida leve de memoria, nada más.-Dijo cansada de responder a las miles de preguntas que se agolpaban en sus oídos.
-Entonces es verdad...-Se le escapó a una. Se giró ignorando por completo las paranoicas explicaciones del profesor.
-¿El qué es verdad?
La chica se quedó callada mirando a otra parte, haciéndose la tonta.
-Dímelo, por favor.-Suplicó. Había algo en su mente que golpeaba por salir a la luz y quería sabes qué era.
-No es nada importante.-Mintió con un exagerado nerviosismo. Bella la miró con cara de pena.
-Verás...-su voz se volvió en pocos segundos en un susurro apenas audible.-...no sé si es verdad pero dicen que...que...-Bella tragó saliva y sin saberlo sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Bella, mira hacia delante.-Dijo el profesor dando un gran golpe en la mesa. Bella, exhausta miró a el profesor y se dio la vuelta.-Encima que llegas tarde te pones a hablar...-siguió echándole la bronca pero Bella apenas le oía. Estaba en otra parte.
Indagando entre sus propios recuerdos y algo que ella creía oculto empezó a salir como un torbellino de imágenes y recuerdos llenos de dolor y lágrimas. Lo peor de todo es que en cada uno de esos recuerdos estaba Sergio, mirándola con sus grises ojos...
miércoles, 29 de abril de 2009
Dia gris
Era una tarde de invierno. Cuando te asomabas por la ventana se podía ver en la calle a la gente abrigada con sus enormes chaquetones acompañados por bufandas y guantes. La lluvia volvía a caer en los cristales pero ya no era tan intensa como la de ayer, ni como la de antes de ayer.
Cada día se acercaba más y más la primavera. Poco a poco iba entrando en nuestras vidas pero, como todo lo que pasa a nuestro alrededor, apenas lo notábamos.
Estábamos sentados junto a la chimenea. Aun recuerdo su chaquetón gris, el que dejó en la entrada en una percha. Y su impecable vestimenta, traje de chaqueta, blusa y corbata. Me sorprendió verle así y una loca idea salió disparada: ‘’ y si no es él’’ Luego se auto-eliminó el propio pensamiento.
-Vaya, últimamente no para de llover.-El fuego hacía que su rostro pareciera más varonil y atractivo de lo habitual, cosa que volvió a provocar que saliera aquel loco pensamiento.
-Tranquilo, ya, dentro de unos días dejará de llover. Ya esta amainando.
Miramos los dos por ventanas separadas. Tan fría era nuestra relación que nos daba miedo, incluso, mirar por la misma ventana.
-¿De dónde vienes?-Pude preguntar al fin. Era una duda que hacía tiempo me rondaba por la cabeza pero me costó pronunciarla por miedo a la respuesta.
-De un entierro.-Dijo triste. Seguíamos mirando por ventanas separadas. No parecía que que fuera a parar de llover.
-Ah…¿Quién a muerto?-Me giré para ver su perfecto perfil. Una dejada barba cubría su rostro.
-Mi madre.-Dijo con una triste sonrisa. Me quedé muda. ¿Tan fría era nuestra relación? Acababa de morir mi suegra, la cual apenas conocía y me hubiera gustado conocer.
-Me hubiera gustado conocerla.-No me pude resistir, tuve que decirlo. Me miró. Sus ojos estaban cristalinos. El reflejo de la luz que entraba por la ventana se difuminaba en ellos.
-¿Sabes?-Pudo decir antes de que se le cortara la voz-A mi también me hubiera gustado conocerla.
Me quedé en blanco.
-Pero…¿no era tu madre?-La duda nubló tanto mi mente que, sin pensar, me fui acercando poco a poco a su ventana.
-Ya, mi madre biológica a muerto. Soy adoptado.-Dijo con tristeza. No pude evitar poner cara de sorpresa.
-¿Por qué nunca me cuentas nada?-Supliqué en un susurro.-¿Por qué todo es tan frío?
Me puso las manos en mis hombros. Las lágrimas taparon mis palabras. Sus manos estaban calientes. Derritiendo todo aquel hielo que cubría nuestros corazones.
Sin poderlo evitar me lancé al vacío. Nos fundimos por completo en un abrazo.
-No seas tonta.-Dijo con una cansada felicidad.-¿No ves que te quiero?
-Yo…-apenas podía hablar-…pero a veces me pregunto…¿por qué no sé nada de ti?
-Porque me queda una vida entera para contarte cosas mías.
-Mentira.-Dije al fin.-Mentira.-Era apenas un susurro pero estaba cargado de sentimientos.-No me quieres contar nada de ti porque tienes miedo de que no te quiera.
No dijo nada.
-De que no te quiera tal y como eres…y…¿sabes lo qué es lo peor? Que te quiero tal y como eres.-Le abracé más fuerte.-Y me da pena ver que tienes miedo de lo que a mí más me gusta.
Nos iluminaba la misma ventana y nuestras siluetas parecía una sola. Sonrió, feliz.
Al parecer, había dejado de llover.
Cada día se acercaba más y más la primavera. Poco a poco iba entrando en nuestras vidas pero, como todo lo que pasa a nuestro alrededor, apenas lo notábamos.
Estábamos sentados junto a la chimenea. Aun recuerdo su chaquetón gris, el que dejó en la entrada en una percha. Y su impecable vestimenta, traje de chaqueta, blusa y corbata. Me sorprendió verle así y una loca idea salió disparada: ‘’ y si no es él’’ Luego se auto-eliminó el propio pensamiento.
-Vaya, últimamente no para de llover.-El fuego hacía que su rostro pareciera más varonil y atractivo de lo habitual, cosa que volvió a provocar que saliera aquel loco pensamiento.
-Tranquilo, ya, dentro de unos días dejará de llover. Ya esta amainando.
Miramos los dos por ventanas separadas. Tan fría era nuestra relación que nos daba miedo, incluso, mirar por la misma ventana.
-¿De dónde vienes?-Pude preguntar al fin. Era una duda que hacía tiempo me rondaba por la cabeza pero me costó pronunciarla por miedo a la respuesta.
-De un entierro.-Dijo triste. Seguíamos mirando por ventanas separadas. No parecía que que fuera a parar de llover.
-Ah…¿Quién a muerto?-Me giré para ver su perfecto perfil. Una dejada barba cubría su rostro.
-Mi madre.-Dijo con una triste sonrisa. Me quedé muda. ¿Tan fría era nuestra relación? Acababa de morir mi suegra, la cual apenas conocía y me hubiera gustado conocer.
-Me hubiera gustado conocerla.-No me pude resistir, tuve que decirlo. Me miró. Sus ojos estaban cristalinos. El reflejo de la luz que entraba por la ventana se difuminaba en ellos.
-¿Sabes?-Pudo decir antes de que se le cortara la voz-A mi también me hubiera gustado conocerla.
Me quedé en blanco.
-Pero…¿no era tu madre?-La duda nubló tanto mi mente que, sin pensar, me fui acercando poco a poco a su ventana.
-Ya, mi madre biológica a muerto. Soy adoptado.-Dijo con tristeza. No pude evitar poner cara de sorpresa.
-¿Por qué nunca me cuentas nada?-Supliqué en un susurro.-¿Por qué todo es tan frío?
Me puso las manos en mis hombros. Las lágrimas taparon mis palabras. Sus manos estaban calientes. Derritiendo todo aquel hielo que cubría nuestros corazones.
Sin poderlo evitar me lancé al vacío. Nos fundimos por completo en un abrazo.
-No seas tonta.-Dijo con una cansada felicidad.-¿No ves que te quiero?
-Yo…-apenas podía hablar-…pero a veces me pregunto…¿por qué no sé nada de ti?
-Porque me queda una vida entera para contarte cosas mías.
-Mentira.-Dije al fin.-Mentira.-Era apenas un susurro pero estaba cargado de sentimientos.-No me quieres contar nada de ti porque tienes miedo de que no te quiera.
No dijo nada.
-De que no te quiera tal y como eres…y…¿sabes lo qué es lo peor? Que te quiero tal y como eres.-Le abracé más fuerte.-Y me da pena ver que tienes miedo de lo que a mí más me gusta.
Nos iluminaba la misma ventana y nuestras siluetas parecía una sola. Sonrió, feliz.
Al parecer, había dejado de llover.
domingo, 12 de abril de 2009
LAZO ROJO 20
Abrió los ojos lentamente. Al principio lo único que veía eran manchas borrosas que no paraban de moverse. Perfecto, estaba mareada. Intentó sin resultado levantarse de la cama. ¿Cama?. Su cabeza volvió a dar mil vueltas.
-¿Dónde estoy?-Pudo preguntar al fin.
-Estas en el hospital. Al desmayarte te distes un golpe en la cabeza. El muchacho que te acompañaba llamó a una ambulancia. Te hemos hecho unas prueba para ver si te habías hecho daño.
-Estoy un poco mareada...-Seguía viendo borroso.-¿Y mis padres?
-Tranquila, los hemos llamado. El mareo se te pasará en seguida, es por la anestesia que te hemos puesto para las pruebas.
La enfermera cerró la puerta y se fue sin decir nada. Pronto se quedó Bella sola, intentando recordar todo lo ocurrido antes.
La enfermera siguió caminando por el pasillo. Se encontró con el doctor que me había atendido. Este estaba hablando con mis padres.
-Al parecer ha tenido una leve pérdida de memoria.-La cara de la madre de Bella palideció un tanto.-Tranquilos, no es nada grave.
En una habitación del hospital Bella sonreía, tonta de no saber lo que había pasado en verdad.
-¿Dónde estoy?-Pudo preguntar al fin.
-Estas en el hospital. Al desmayarte te distes un golpe en la cabeza. El muchacho que te acompañaba llamó a una ambulancia. Te hemos hecho unas prueba para ver si te habías hecho daño.
-Estoy un poco mareada...-Seguía viendo borroso.-¿Y mis padres?
-Tranquila, los hemos llamado. El mareo se te pasará en seguida, es por la anestesia que te hemos puesto para las pruebas.
La enfermera cerró la puerta y se fue sin decir nada. Pronto se quedó Bella sola, intentando recordar todo lo ocurrido antes.
La enfermera siguió caminando por el pasillo. Se encontró con el doctor que me había atendido. Este estaba hablando con mis padres.
-Al parecer ha tenido una leve pérdida de memoria.-La cara de la madre de Bella palideció un tanto.-Tranquilos, no es nada grave.
En una habitación del hospital Bella sonreía, tonta de no saber lo que había pasado en verdad.
viernes, 3 de abril de 2009
LAZO ROJO 19
(nos vamos aproximando al 20)
Bella podía sentir su aliento tan cerca de ella... Su vista se nubló y le empezaron a temblar las piernas. ''¿Qué esta pasando?'' se preguntaba una y otra vez mientras él se acercaba más y más a ella.
-Disfrutemos.-Le susurró al fin al oído. Era tan bajo el tono de su voz que Bella apenas escuchó nada. Solo escuchaba el tamboreo de su corazón a punto de salirse de su pecho.
Sintió como su cuerpo se quedaba inmóvil rodeado por los brazos de Sergio. Al principio Bella se quedó parada, estudiando la situación sin poder creer lo que estaba pasando. Pero Sergio se quedó pegado a ella, abranzándola como si fuera a desaparecer de un momento a otro, dándole todo el tiempo para reaccionar.
Temblorosa como un flan, Bella abrazó a Sergio. Notó en sus oídos el tamboreo de su corazón, pero este no estaba tan alocado como el suyo.
Respiró entrecortada mente intentando articular alguna palabra...
-Bella-Sergio se adelantó.-no me había dado cuenta de nada.
El rostro de Bella palideció un tanto.
-¿De...de qué te has dado cuenta, Sergio?-Se separó de él. Este sonrió satisfecho.
-De que me quieres.-Dijo sin perder la sonrisa. Entonces Bella, como si de una carga de mil tolenadas se tratase, cayó al suelo.
Bella podía sentir su aliento tan cerca de ella... Su vista se nubló y le empezaron a temblar las piernas. ''¿Qué esta pasando?'' se preguntaba una y otra vez mientras él se acercaba más y más a ella.
-Disfrutemos.-Le susurró al fin al oído. Era tan bajo el tono de su voz que Bella apenas escuchó nada. Solo escuchaba el tamboreo de su corazón a punto de salirse de su pecho.
Sintió como su cuerpo se quedaba inmóvil rodeado por los brazos de Sergio. Al principio Bella se quedó parada, estudiando la situación sin poder creer lo que estaba pasando. Pero Sergio se quedó pegado a ella, abranzándola como si fuera a desaparecer de un momento a otro, dándole todo el tiempo para reaccionar.
Temblorosa como un flan, Bella abrazó a Sergio. Notó en sus oídos el tamboreo de su corazón, pero este no estaba tan alocado como el suyo.
Respiró entrecortada mente intentando articular alguna palabra...
-Bella-Sergio se adelantó.-no me había dado cuenta de nada.
El rostro de Bella palideció un tanto.
-¿De...de qué te has dado cuenta, Sergio?-Se separó de él. Este sonrió satisfecho.
-De que me quieres.-Dijo sin perder la sonrisa. Entonces Bella, como si de una carga de mil tolenadas se tratase, cayó al suelo.
miércoles, 1 de abril de 2009
LAZO ROJO 18
Una extraña neblina cubría toda la mañana. No había apenas gente en la calle, solo estaban ellos dos.
-¿Ya no vas con tus amigas?-Preguntó Sergio.
-Pues...la verdad es que ahora les llevan sus padres en coche, como es invierno y viven lejos...
-Ya, para que no se resfríen, ¿no?
-Pues sí.
Hubo un largo y tendido silencio llenado por inquietas miradas sin saber qué decir. Bella fue buscando por su mente algo de qué hablar. Dibujos, comics, televisión, ordenadores...todos aquellos temas que tenían en común.
-¿Qué tal tu vida?-Aun Bella no se podía creer la pregunta tan absurda que le había hecho. Valla desperdicio de saliva...
-La verdad es que estoy un poco regular...-Dijo Sergio esquivando las miradas de Bella.-Dentro de poco me voy y no quiero alejarme de mis amigos...ni de mis amigas.-Se sonrojó un tanto. El corazón de Bella se iba a salir de su pecho. Solo podía escuchar el tamboreo de sus latidos. PUM PUM, PUM PUM. Ya lo había pasado antes pero, aun así, le seguía resultando extraño.
-Tranquilo-Pudo articular Bella.-aun queda tiempo para disfrutar.-Y le guiñó el ojo.
Entonces Sergio se giró hasta ver enfrentados sus rostros.
-Pues disfrutemos...-Bella se quedó muda.
-¿Ya no vas con tus amigas?-Preguntó Sergio.
-Pues...la verdad es que ahora les llevan sus padres en coche, como es invierno y viven lejos...
-Ya, para que no se resfríen, ¿no?
-Pues sí.
Hubo un largo y tendido silencio llenado por inquietas miradas sin saber qué decir. Bella fue buscando por su mente algo de qué hablar. Dibujos, comics, televisión, ordenadores...todos aquellos temas que tenían en común.
-¿Qué tal tu vida?-Aun Bella no se podía creer la pregunta tan absurda que le había hecho. Valla desperdicio de saliva...
-La verdad es que estoy un poco regular...-Dijo Sergio esquivando las miradas de Bella.-Dentro de poco me voy y no quiero alejarme de mis amigos...ni de mis amigas.-Se sonrojó un tanto. El corazón de Bella se iba a salir de su pecho. Solo podía escuchar el tamboreo de sus latidos. PUM PUM, PUM PUM. Ya lo había pasado antes pero, aun así, le seguía resultando extraño.
-Tranquilo-Pudo articular Bella.-aun queda tiempo para disfrutar.-Y le guiñó el ojo.
Entonces Sergio se giró hasta ver enfrentados sus rostros.
-Pues disfrutemos...-Bella se quedó muda.
sábado, 28 de marzo de 2009
LAZO ROJO 17
Otra vez aquellos ojos grises...No era la primera vez que soñaba con él pero le resultaba extraño reconocerlo. Allí estaba sonriendo le a Bella. Su perfecta sonrisa, su perfecta mirada...todo era perfecto, por eso, era un sueño...
El despertador volvió a sonar como cada mañana. Bella se levantó, se vistió y se miró al espejo. Luego bajó corriendo las escaleras en dirección a la calle. Fue casi corriendo hasta llegar a unos pisos marrones, sobrios, tristes.
Se quedó pensando delante de la puerta del portal, hasta que, un tímido dedo, consigió pulsar el botón para llamar al piso que estaba buscando.
Los latidos de su corazón se amontonaban en sus oidos de tal forma que no le permitían escuchar nada. Parecía que el corazón se le iba a salir del pecho...pum pum, pum pum...
Tenía la respiración agitada y las manos temblorosas. Un miedo inesperado le cortó la voz.
-¿Quién es?-Se escuchó desde el otro lado de la puerta. Bella miró. Aquella voz salía del porterillo.
-S...-Se tapó la boca. ¿Qué ocurría?¿por qué se ponía tan nerviosa?
-¿Quién?-Repitió la voz.
Un mantó de valor tapó el miedo.
-Soy Bella.-Dijo por fin.
-¿Qué quieres?-Dijo la voz.
-¿Está Sergio?-Se sintió mucho mejor cuando lo dijo.
-Sí, un momento...
Una voz grave apareció de repente.
-¿Si?
-Soy Bella,ya es hora de ir al insituto ¿no?
-Ahora bajo.-Se abrió la puerta.-Pasa y espera en el portal.
Bella empujó, con fuerza, la puerta de hierro. Un extraño tembleque recorría su cuerpo. Las manos no paraban de sudarle. Al menos...ya no tenía miedo.
Se escucharon unos pasos haciendo eco por la escalera. Bella miró hacia arriba. Era él. Venía con su maleta, su sonrisa y sus ojos...Bella se quedó contemplándolo, como en su sueño.
-¿Vamos?-Dijo abriendo a Bella la puerta del portal.
-Vamos.-Dijo Bella.
El despertador volvió a sonar como cada mañana. Bella se levantó, se vistió y se miró al espejo. Luego bajó corriendo las escaleras en dirección a la calle. Fue casi corriendo hasta llegar a unos pisos marrones, sobrios, tristes.
Se quedó pensando delante de la puerta del portal, hasta que, un tímido dedo, consigió pulsar el botón para llamar al piso que estaba buscando.
Los latidos de su corazón se amontonaban en sus oidos de tal forma que no le permitían escuchar nada. Parecía que el corazón se le iba a salir del pecho...pum pum, pum pum...
Tenía la respiración agitada y las manos temblorosas. Un miedo inesperado le cortó la voz.
-¿Quién es?-Se escuchó desde el otro lado de la puerta. Bella miró. Aquella voz salía del porterillo.
-S...-Se tapó la boca. ¿Qué ocurría?¿por qué se ponía tan nerviosa?
-¿Quién?-Repitió la voz.
Un mantó de valor tapó el miedo.
-Soy Bella.-Dijo por fin.
-¿Qué quieres?-Dijo la voz.
-¿Está Sergio?-Se sintió mucho mejor cuando lo dijo.
-Sí, un momento...
Una voz grave apareció de repente.
-¿Si?
-Soy Bella,ya es hora de ir al insituto ¿no?
-Ahora bajo.-Se abrió la puerta.-Pasa y espera en el portal.
Bella empujó, con fuerza, la puerta de hierro. Un extraño tembleque recorría su cuerpo. Las manos no paraban de sudarle. Al menos...ya no tenía miedo.
Se escucharon unos pasos haciendo eco por la escalera. Bella miró hacia arriba. Era él. Venía con su maleta, su sonrisa y sus ojos...Bella se quedó contemplándolo, como en su sueño.
-¿Vamos?-Dijo abriendo a Bella la puerta del portal.
-Vamos.-Dijo Bella.
sábado, 21 de febrero de 2009
LAZO ROJO 16
-¡Bella!-Gritó una voz al final del pasillo. Una chica de ojos azules y pelo largo y negro se giró.
-¿Qué ocurre?-Pilar se paró delante suya. Miró a Bella a los ojos y dejó ver sus miles de pecas que cubrían su piel morena.
-He venido corriendo...-Tenía la respiración agitada y el sudor cubría su frente.
-Se nota.-Dijo Bella con una sonrisa.
-Te venía a decir que muy pronto es tu cumpleaños.-Seguía sin poder respirar bien.-¿Qué vamos a hacer?
Ya era otoño y en el patio se agolpaban miles de hojas secas. Los árboles estaban pelados, como dormidos por el intenso frío que había hecho la semana pasada.
-No sé. Podemos ir al parque.-Empezaron a dirigirse a la puerta ya que había tocado el timbre hacía rato.
-¿Al parque?-Dijo Pilar extrañada. De repente, como si se hubiera pinchando con una aguja, miró a Bella con los ojos como platos.-Podemos invitar a Sergio...-Bella puso cara de pánico.
-No.-Dijo mientras aceleraba el paso.
-¿No por qué?
-Porque no va a venir...
-Pero si eres su amiga...seguro que no se lo pierde.
-No es por eso, es que no sale casi nunca. Mejor será dejarlo estar. Él nunca me invita a su cumpleaños, ¿por qué iba a invitarle yo a él?-Pilar la miró fijamente y se paró delante suya.
-Bella, él nunca celebra su cumpleaños...-Luego se alejó corriendo.-¡Entonces le llamo!
-¡No!-Dijo Bella, aun sabiendo que no era una pregunta. Poco después un ,manto marrón le cubría los pies. Le esperaba un largo camino a casa, sola.
-¿Qué ocurre?-Pilar se paró delante suya. Miró a Bella a los ojos y dejó ver sus miles de pecas que cubrían su piel morena.
-He venido corriendo...-Tenía la respiración agitada y el sudor cubría su frente.
-Se nota.-Dijo Bella con una sonrisa.
-Te venía a decir que muy pronto es tu cumpleaños.-Seguía sin poder respirar bien.-¿Qué vamos a hacer?
Ya era otoño y en el patio se agolpaban miles de hojas secas. Los árboles estaban pelados, como dormidos por el intenso frío que había hecho la semana pasada.
-No sé. Podemos ir al parque.-Empezaron a dirigirse a la puerta ya que había tocado el timbre hacía rato.
-¿Al parque?-Dijo Pilar extrañada. De repente, como si se hubiera pinchando con una aguja, miró a Bella con los ojos como platos.-Podemos invitar a Sergio...-Bella puso cara de pánico.
-No.-Dijo mientras aceleraba el paso.
-¿No por qué?
-Porque no va a venir...
-Pero si eres su amiga...seguro que no se lo pierde.
-No es por eso, es que no sale casi nunca. Mejor será dejarlo estar. Él nunca me invita a su cumpleaños, ¿por qué iba a invitarle yo a él?-Pilar la miró fijamente y se paró delante suya.
-Bella, él nunca celebra su cumpleaños...-Luego se alejó corriendo.-¡Entonces le llamo!
-¡No!-Dijo Bella, aun sabiendo que no era una pregunta. Poco después un ,manto marrón le cubría los pies. Le esperaba un largo camino a casa, sola.
martes, 17 de febrero de 2009
LAZO ROJO 15
Sonia miró a Bella sin poderse aún creer nada de lo que le había dicho.
-Es...imposible.-dijo perpleja mientras miraba a Bella.
Bella sonreía tristemente mientras lágrimas caían por sus mejillas.
-Nunca podré llenar ese hueco, ¿entiendes?-Sonia seguía sin poderse creer nada.-Nunca me llegara a querer tanto. Nunca...-El sol se despidió definitivamente de ellas mientras la Luna las saludaba.
-No digas tonterías...-Sonia intentó consolar a Bella poniéndole una mano sobre el hombro. Bella la miró y sonrió, de nuevo, sin ganas.- Seguro que sí...el tiempo lo cura todo...
-¿sabes?-Bella se levantó y comenzó a andar mientras Sonia se quedó sentada. Luego se giró pensando con mucho detenimiento lo que iba a decir.-Hay veces que dejamos al tiempo heridas que jamás se curan. El tiempo no es ninguna tirita, Sonia. No podemos perdernos en el pasado, pero tampoco podemos olvidarlo.-Sonia suspiró.
-Nadie le esta pidiendo olvidar nada. ¿No crees que puede ser que no haya hueco?-Bella miró extrañada a Sonia. ¿Cómo podía ver siempre todo tan positivo?
-Que más da.-Dijo mirándose los pies mientras caminaban hacia sus casas.-Si ni si quiera me va a querer ni un poquito.-Sonia la miró enfadada y le metió un buen empujón.
-Que tonta eres.-Las dos rieron tan inocentes como siempre, alejadas de la realidad.
-Es...imposible.-dijo perpleja mientras miraba a Bella.
Bella sonreía tristemente mientras lágrimas caían por sus mejillas.
-Nunca podré llenar ese hueco, ¿entiendes?-Sonia seguía sin poderse creer nada.-Nunca me llegara a querer tanto. Nunca...-El sol se despidió definitivamente de ellas mientras la Luna las saludaba.
-No digas tonterías...-Sonia intentó consolar a Bella poniéndole una mano sobre el hombro. Bella la miró y sonrió, de nuevo, sin ganas.- Seguro que sí...el tiempo lo cura todo...
-¿sabes?-Bella se levantó y comenzó a andar mientras Sonia se quedó sentada. Luego se giró pensando con mucho detenimiento lo que iba a decir.-Hay veces que dejamos al tiempo heridas que jamás se curan. El tiempo no es ninguna tirita, Sonia. No podemos perdernos en el pasado, pero tampoco podemos olvidarlo.-Sonia suspiró.
-Nadie le esta pidiendo olvidar nada. ¿No crees que puede ser que no haya hueco?-Bella miró extrañada a Sonia. ¿Cómo podía ver siempre todo tan positivo?
-Que más da.-Dijo mirándose los pies mientras caminaban hacia sus casas.-Si ni si quiera me va a querer ni un poquito.-Sonia la miró enfadada y le metió un buen empujón.
-Que tonta eres.-Las dos rieron tan inocentes como siempre, alejadas de la realidad.
viernes, 13 de febrero de 2009
LAZO ROJO 14
Al día siguen Bella y Sonia salieron a dar una vuelta al parque. Se notaba que el verano se alejaba para dejar paso al otoño, poco a poco, disimulada mente. Anda ron durante bastante tiempo sin decir nada, cada una en su mundo, tan diferente el uno del otro y tan irreales como un sueño. Se tumbaron en una especie de colina posándose en la quemada hierba. Miraron al cielo y Bella cerró los ojos. Imaginó no estar allí, estar lejos de todo lo malo, imaginó estar con él...y rió dibertida mientras Sonia la miraba como si fuera una loca. Abrió los ojos y se encontró con que solo eran ilusiones y aun así volvió a sonreír enseñando al mundo su magnifica sonrisa.
-Di me.-Dijo Sonia con una pícara sonrisa en su rostro.-Di me lo que te dijo el otro día en el patio.-Bella miró a los ojos a Sonia. Aquellos ojos marrones que nunca derramaban ninguna lágrima.
-Confió en mí.-Dijo secamente Bella mientras se levantaba y miraba al horizonte donde un tímido rayo de Sol se despedía para dejar paso a la noche.
-¿Confió en ti? ¿Qué te dijo?-Sonia miraba, con ansia en los ojos por saber algo más, a Bella.
-Sí...-Dijo Bella con tristeza.-Bueno, ¿qué tal ayer con Diego? ¿te presentó a sus padres?-Sonia la miraba con una sonrisa maliciosa.-Si no te los presentó ya es hora porque lleváis un montón de tiempo saliendo y...-La agarró por el brazo y la miró a los ojos.
-Cuenta.-Dijo sin perder la sonrisa.
-Pues...-Consiguió deshacerse del brazo de Sonia.-Me habló sobre su novia. Me preguntó si verdad quería saber lo de su novia...
-Le dijisteis que sí, supongo.
-Le dije que me daba igual, que si él me lo quería decir podía confiar en mí.-Sonrió amargamente.-Me dijo que se conocían desde niños. Me contó que sus padres se conocían de la escuela y que sus dos familias siempre han estado muy unidas. Que se criaron juntos, que vivieron miles de avernturas juntos...que eran almas inseparables...-Bella volvió a sentarse.-Pero un día le diagnosticaron una grave enfermedad a la chica, Miranda, y tuvo que estar bastante tiempo en el hospital.
-¿Qué pasó? ¿por qué lo dejaron?
-Miranda murió.-Dijo Bella con una triste sonrisa y los ojos llenos de lágrimas que se derramaban descuidada mente por sus blancas mejillas.-Lo peor de todo es que...-Miró a Sonia con los ojos cristalinos que reflejaban la joven Luna.-me dijo que me parecía a ella.
-Di me.-Dijo Sonia con una pícara sonrisa en su rostro.-Di me lo que te dijo el otro día en el patio.-Bella miró a los ojos a Sonia. Aquellos ojos marrones que nunca derramaban ninguna lágrima.
-Confió en mí.-Dijo secamente Bella mientras se levantaba y miraba al horizonte donde un tímido rayo de Sol se despedía para dejar paso a la noche.
-¿Confió en ti? ¿Qué te dijo?-Sonia miraba, con ansia en los ojos por saber algo más, a Bella.
-Sí...-Dijo Bella con tristeza.-Bueno, ¿qué tal ayer con Diego? ¿te presentó a sus padres?-Sonia la miraba con una sonrisa maliciosa.-Si no te los presentó ya es hora porque lleváis un montón de tiempo saliendo y...-La agarró por el brazo y la miró a los ojos.
-Cuenta.-Dijo sin perder la sonrisa.
-Pues...-Consiguió deshacerse del brazo de Sonia.-Me habló sobre su novia. Me preguntó si verdad quería saber lo de su novia...
-Le dijisteis que sí, supongo.
-Le dije que me daba igual, que si él me lo quería decir podía confiar en mí.-Sonrió amargamente.-Me dijo que se conocían desde niños. Me contó que sus padres se conocían de la escuela y que sus dos familias siempre han estado muy unidas. Que se criaron juntos, que vivieron miles de avernturas juntos...que eran almas inseparables...-Bella volvió a sentarse.-Pero un día le diagnosticaron una grave enfermedad a la chica, Miranda, y tuvo que estar bastante tiempo en el hospital.
-¿Qué pasó? ¿por qué lo dejaron?
-Miranda murió.-Dijo Bella con una triste sonrisa y los ojos llenos de lágrimas que se derramaban descuidada mente por sus blancas mejillas.-Lo peor de todo es que...-Miró a Sonia con los ojos cristalinos que reflejaban la joven Luna.-me dijo que me parecía a ella.
jueves, 12 de febrero de 2009
Lazo rojo 13
Este curso era todo tan diferente. La gente había crecido, las personas habían cambiado y las clases no eran las mismas. No fue difícil comprender que Sergio y Bella no volverían a estar en la misma clase pero eso poco importaba.
Bella comprobó, junto a Sonia y Pilar, en qué aula había caído. A empujones se abrió paso entre la multitud y vio la clase. 4ºD. Sonrió al ver que le había tocado con Pilar y con Sonia. Era una de esas clases, de las cuales en cada curso hay, como mínimo, una que esta llena de niñas. Eso también le gustó a Bella.
Pero lo que más le gustó fue ver que estaba en la clase continua a la de Sergio. Sonrió y se volvió hacía Pilar y Bella pero en vez de encontrarse con ellas se encontró con unos ojos grises, una piel pálida y una sonrisa preciosa.
-Hola Bella.-Dijo Sergio.
-Ho...hola.-Sonrió y sus mejillas se sonrosaron. Salió del barullo de gente que se agolpaban para ver si el destino había sido bueno con ellos.-Estas en 4ºE.
-Eso mismo te iba a preguntar.¿Qué tal el verano?-Conforme iban hablando se iban alejando poco a poco de la gente.
-Bastante corto.-Sonrió. La verdad es que se le había hecho eterno por el simple hecho de que él no estuviera a su lado.
-Es una pena que no hayamos caído en la misma clase, aunque era normal ya que elegistes letras y yo ciencias.-Rieron.
-Tienes razón.-El corazón de Bella iba a saltar de los nervios.
Miró en frente y se encontró a Pilar y a Sonia. Una cosa que nunca olvidará fue un guiño que le hizo Sonia. Entonces miró a Sergio y le sonrió.
-Yo también te echaré de menos en la clase...me harás un dibujo ¿no?-Sergio la miró y sonrió con resignación.
-¿Qué si no?- Los dos se fueron al patio mientras una suave brisa de verano les rodeaba. Sonia sonrió feliz y Pilar les miró con alegría. Que tontos aquellos tiempos en que todo se creía que estaba solucionado. Este solo es el principio de un nuevo curso...
Bella comprobó, junto a Sonia y Pilar, en qué aula había caído. A empujones se abrió paso entre la multitud y vio la clase. 4ºD. Sonrió al ver que le había tocado con Pilar y con Sonia. Era una de esas clases, de las cuales en cada curso hay, como mínimo, una que esta llena de niñas. Eso también le gustó a Bella.
Pero lo que más le gustó fue ver que estaba en la clase continua a la de Sergio. Sonrió y se volvió hacía Pilar y Bella pero en vez de encontrarse con ellas se encontró con unos ojos grises, una piel pálida y una sonrisa preciosa.
-Hola Bella.-Dijo Sergio.
-Ho...hola.-Sonrió y sus mejillas se sonrosaron. Salió del barullo de gente que se agolpaban para ver si el destino había sido bueno con ellos.-Estas en 4ºE.
-Eso mismo te iba a preguntar.¿Qué tal el verano?-Conforme iban hablando se iban alejando poco a poco de la gente.
-Bastante corto.-Sonrió. La verdad es que se le había hecho eterno por el simple hecho de que él no estuviera a su lado.
-Es una pena que no hayamos caído en la misma clase, aunque era normal ya que elegistes letras y yo ciencias.-Rieron.
-Tienes razón.-El corazón de Bella iba a saltar de los nervios.
Miró en frente y se encontró a Pilar y a Sonia. Una cosa que nunca olvidará fue un guiño que le hizo Sonia. Entonces miró a Sergio y le sonrió.
-Yo también te echaré de menos en la clase...me harás un dibujo ¿no?-Sergio la miró y sonrió con resignación.
-¿Qué si no?- Los dos se fueron al patio mientras una suave brisa de verano les rodeaba. Sonia sonrió feliz y Pilar les miró con alegría. Que tontos aquellos tiempos en que todo se creía que estaba solucionado. Este solo es el principio de un nuevo curso...
miércoles, 11 de febrero de 2009
Lazo rojo 12
Y es que la vida da muchas vueltas. Ocurren cosas buenas y malas...y pasa el tiempo sin importar que intentes pararlo. Y todo sigue su curso. Miles de personas se levantan. Día tras día sin importarles nada a cada una de ellas. O a la gran mayoría. Pensar que eres una hormiga o un grano de arena en el desierto es muy triste...
Por eso Bella se sentía especial. Por que no se veía como un simple grano de arena, se veía como una montanía destrozada por el viento. El viento...
Un despertador sonó fuertemente en una soleada habitación. Un gruñido segido de un fuerte quejido hizo que una mano apareciese a apagarlo. Poco después se podían ver unos pies descalzos entrar con disimulo en el cuarto de baño.
-¡Bella date prisa que ya llegas tarde!-La voz de una mujer madura se escuchó por el hueco de la escalera.
-Ya voy.-Dijo Bella mientras intentaba domesticar su pelo sin ningún resultado.
Más tarde Sonia y Pilar aparecían por la puerta, como no, hablando a voces.
-¡Venga, Bella, que siempre llegamos tarde!-Dijo Pilar mientras miraba a Bella frustradamente.
-Desayuna, vamos.-Dijo Sonia con ansia. Bella cogió un zumo de la despensa y corrió a la calle.
El primer día de clase la esperaba tras las puertas del instituto. Siempre tarde.
Por eso Bella se sentía especial. Por que no se veía como un simple grano de arena, se veía como una montanía destrozada por el viento. El viento...
Un despertador sonó fuertemente en una soleada habitación. Un gruñido segido de un fuerte quejido hizo que una mano apareciese a apagarlo. Poco después se podían ver unos pies descalzos entrar con disimulo en el cuarto de baño.
-¡Bella date prisa que ya llegas tarde!-La voz de una mujer madura se escuchó por el hueco de la escalera.
-Ya voy.-Dijo Bella mientras intentaba domesticar su pelo sin ningún resultado.
Más tarde Sonia y Pilar aparecían por la puerta, como no, hablando a voces.
-¡Venga, Bella, que siempre llegamos tarde!-Dijo Pilar mientras miraba a Bella frustradamente.
-Desayuna, vamos.-Dijo Sonia con ansia. Bella cogió un zumo de la despensa y corrió a la calle.
El primer día de clase la esperaba tras las puertas del instituto. Siempre tarde.
martes, 10 de febrero de 2009
Lazo Rojo 11
El timbre que daba el fin de las clases acababa de sonar cuando todo el mundo salió a la calle en busca del camino hacia sus casas. El camino de Sergio, daba la casualidad, que era el opuesto al de Bella. Pero, después de estar unos meses al lado suya y dedicarle la mayor parte de sus pensamientos a él, ya no era tan duro separarse.
Parecía que una nueva Bella se despertaba cada día. Sabía escuchar mejor a sus amigas, se desconectaba con menos frecuencia y sacaba buenas notas. Parecía que todo le iba sobre ruedas hasta que llegó el problema.
-Me voy a mudar.-Dijo Sergio mientras se miraba los cordones de los zapatos.-No sé cuando será, pero me voy a mudar pronto.
-¿Dónde te vas? ¿seguirás en el mismo instituto?
-Bastante lejos, por el centro. Mis padres han encontrado un trabajo por allí y lo más probable es que cambie de instituto.-Bella se quedó en blanco.
-¿Y más o menos cuando te vas a mudar?
-Aun no hay nada seguro.-Estaban esperando a que aparecieran Sonia y Pilar cuando esos ojos grises se clavaron en los azules de Bella.-De todas formas nada va a cambiar, ¿no?
-Nada.-Pudo susurrar Bella con la respiración entre cortada.
Sin que se dieran cuenta el tiempo siguió pasando velozmente. Creciendo y viviendo al día. Sonia seguía detrás de aquel chico que conoció de pequeña y Pilar, entre fiesta y fiesta, se despejaba cotorreando sobre todo.
Dijeran lo que dijeran sus vidas eran perfectas, dentro de lo que cabía.
Ya empezaron las vacaciones de verano. Días sin que Bella y Sergio se viera, días para descansar de la realidad e inventar historias que jamás existieron. Pronto volvería la realidad en un curso nuevo.
Parecía que una nueva Bella se despertaba cada día. Sabía escuchar mejor a sus amigas, se desconectaba con menos frecuencia y sacaba buenas notas. Parecía que todo le iba sobre ruedas hasta que llegó el problema.
-Me voy a mudar.-Dijo Sergio mientras se miraba los cordones de los zapatos.-No sé cuando será, pero me voy a mudar pronto.
-¿Dónde te vas? ¿seguirás en el mismo instituto?
-Bastante lejos, por el centro. Mis padres han encontrado un trabajo por allí y lo más probable es que cambie de instituto.-Bella se quedó en blanco.
-¿Y más o menos cuando te vas a mudar?
-Aun no hay nada seguro.-Estaban esperando a que aparecieran Sonia y Pilar cuando esos ojos grises se clavaron en los azules de Bella.-De todas formas nada va a cambiar, ¿no?
-Nada.-Pudo susurrar Bella con la respiración entre cortada.
Sin que se dieran cuenta el tiempo siguió pasando velozmente. Creciendo y viviendo al día. Sonia seguía detrás de aquel chico que conoció de pequeña y Pilar, entre fiesta y fiesta, se despejaba cotorreando sobre todo.
Dijeran lo que dijeran sus vidas eran perfectas, dentro de lo que cabía.
Ya empezaron las vacaciones de verano. Días sin que Bella y Sergio se viera, días para descansar de la realidad e inventar historias que jamás existieron. Pronto volvería la realidad en un curso nuevo.
miércoles, 4 de febrero de 2009
Lazo Rojo 10
Se despertó con más energía de lo normal. Ya había pasado el primer trimestre y Sergio era como un buen amigo. No volvieron a quedar desde aquel día pero eso no le importaba a Bella. Siempre estaría feliz, pasase lo que pasase. Se cepilló sus blancos dientes y se vistió. Bajó las escaleras y marchó hacia el instituto. Siempre tarde. Sonia y Pilar la esperaban en la puerta.
Casi corriendo se propusieron cruzar la carretera cuando un chico vestido de negro, pero rizado y un poco despistado pasó delante de ellas. Era Sergio. Bella no pudo evitar que se notara su felicidad.
-¡Sergio!-Dijo agitando la mano.
-¡Eh!-Dijo él sonriendo. Parecía que tambien estaba feliz. Pilar le giñó el ojo a Sonia. Se juntaron con él.
-¿Qué tal?-Preguntó, con entusiasmo, Bella.
-La verdad es que tengo un poco de sueño. Estoy tan enganchado al counter que me paso horas jugando. Tengo un serio problema.-Dijo con una sonrisa.
-Tienes que enseñarme ese juego...-Bella sonrió coqueta.
-Oye, Serio, ¿Qué pasó con tu novia?-Una de las cualidades de Pilar era su cara dura. Todo, todo, absolutamente todo lo decía a la cara. Sergio la miró con raia y tristeza. Luego dijo un seco adiós y se fue más alante.
Casi corriendo se propusieron cruzar la carretera cuando un chico vestido de negro, pero rizado y un poco despistado pasó delante de ellas. Era Sergio. Bella no pudo evitar que se notara su felicidad.
-¡Sergio!-Dijo agitando la mano.
-¡Eh!-Dijo él sonriendo. Parecía que tambien estaba feliz. Pilar le giñó el ojo a Sonia. Se juntaron con él.
-¿Qué tal?-Preguntó, con entusiasmo, Bella.
-La verdad es que tengo un poco de sueño. Estoy tan enganchado al counter que me paso horas jugando. Tengo un serio problema.-Dijo con una sonrisa.
-Tienes que enseñarme ese juego...-Bella sonrió coqueta.
-Oye, Serio, ¿Qué pasó con tu novia?-Una de las cualidades de Pilar era su cara dura. Todo, todo, absolutamente todo lo decía a la cara. Sergio la miró con raia y tristeza. Luego dijo un seco adiós y se fue más alante.
lunes, 12 de enero de 2009
LAZO ROJO 9
-No te lo pienso contar.-Dijo con una mirada que podía dejar helado a cualquiera.
-¡oh! Mierda, lo sabía.-Dijo Sonia protestando. Bella estaba aun de piedra.-Un día de estos me lo dirás.
El sol ya se ponía cuando Sergio se despidió con un gesto de la mano. Bella se quedó contemplando como se alejaba más y más hasta desaparecer como el sol en la inmensa oscuridad de la noche próxima. Suspiró y comprendió, por fin, su gran deseo. Un simple nudo ataba su lazo a la muñeca. Sonia se quedó mirando como el lazó jugeteaba con el viento, mientras se iban por el camino más largo hasta sus casas.
-¿Qué es eso? Lo llevas desde que te conocí pero nunca me había fijado en él.
-Es un lazo rojo de la suerte.-Dijo Bella contemplando su muñeca.
-¿De la suerte?¿Que te da suerte en qué?
-En realidad es un cumple-deseos.-Bella enseñó una pícara sonrisa.-Me lo regaló mi tía por navidad cuando era muy pequeña. Se podían pedir un montón de deseos. Un deseo por cada nudo que se hiciera. Un nudo, un deseo.
-Pero solo tienes un nudo. No sé como no se te cae. ¿Cuales eran los otros deseos?
-Tonterías. Era muy pequeña, creo que él único deseo que verdaderamente deseaba era el primero que pedí. El que aun no se a cumplido.-Dijo con tristeza.
-Mañana volvemos a sonsacarle cosas a Sergio. Pilar esta dispuesta a volverle a preguntar lo de esta tarde. Te apuntas, ¿no?-Dijo Sonia antes de despedirse de Bella.
-¿Qué otra cosa iba a hacer si no?-Y con un adiós y una tierna sonrisa se despidieron. Cuando Bella cerró la puerta se quedó un segundo mirando el cielo estrellado.
Una luna llena iluminaba toda la noche. Bella se sintió inmensamente ilusionada. Comprendió que tenía que ser como la luna...siempre con una sonrisa, ocultando su parte más oscura y brillando cuando todo esta oscuro. Sí, Bella se propuso ser como la luna.
-¡oh! Mierda, lo sabía.-Dijo Sonia protestando. Bella estaba aun de piedra.-Un día de estos me lo dirás.
El sol ya se ponía cuando Sergio se despidió con un gesto de la mano. Bella se quedó contemplando como se alejaba más y más hasta desaparecer como el sol en la inmensa oscuridad de la noche próxima. Suspiró y comprendió, por fin, su gran deseo. Un simple nudo ataba su lazo a la muñeca. Sonia se quedó mirando como el lazó jugeteaba con el viento, mientras se iban por el camino más largo hasta sus casas.
-¿Qué es eso? Lo llevas desde que te conocí pero nunca me había fijado en él.
-Es un lazo rojo de la suerte.-Dijo Bella contemplando su muñeca.
-¿De la suerte?¿Que te da suerte en qué?
-En realidad es un cumple-deseos.-Bella enseñó una pícara sonrisa.-Me lo regaló mi tía por navidad cuando era muy pequeña. Se podían pedir un montón de deseos. Un deseo por cada nudo que se hiciera. Un nudo, un deseo.
-Pero solo tienes un nudo. No sé como no se te cae. ¿Cuales eran los otros deseos?
-Tonterías. Era muy pequeña, creo que él único deseo que verdaderamente deseaba era el primero que pedí. El que aun no se a cumplido.-Dijo con tristeza.
-Mañana volvemos a sonsacarle cosas a Sergio. Pilar esta dispuesta a volverle a preguntar lo de esta tarde. Te apuntas, ¿no?-Dijo Sonia antes de despedirse de Bella.
-¿Qué otra cosa iba a hacer si no?-Y con un adiós y una tierna sonrisa se despidieron. Cuando Bella cerró la puerta se quedó un segundo mirando el cielo estrellado.
Una luna llena iluminaba toda la noche. Bella se sintió inmensamente ilusionada. Comprendió que tenía que ser como la luna...siempre con una sonrisa, ocultando su parte más oscura y brillando cuando todo esta oscuro. Sí, Bella se propuso ser como la luna.
miércoles, 7 de enero de 2009
LAZO ROJO 8
Ahora cada palabra que pronunciaba Sergio dirigida a Bella provocaba en Sonia una siniestra alegría. Nos sentamos en la hierba húmeda de una colina. Corrió una fría brisa que despejó las ideas de todos. Disfrutaron del silencio hasta que fue interrumpido. Bella estaba muerta de vergüenza desde que descubrió públicamente sus sentimientos y Sergio estaba en su mundo, tan misterioso como siempre.
-¿Tienes algún animal?-Preguntó Sonia con curiosidad.
-Sí, tengo una tortuga. La verdad apenas la hago caso. Más bien es de mi hermano que mía.
-¿Solo tienes un hermano?-Miraba con incredulidad a Sonia mientras investigaba descarada mente su vida.
-Sí, tiene un año menos que yo.-Sergio parecía molesto al repentino interés. Al principio Bella pensó que se trataba de sonsacarle información para que ella subiera más de su vida pero estaba equivocada. Era la Pilar. La tortura de preguntas tras preguntas podía empezar en cualquier momento y lugar. Acababa de empezar ahora.
-Ah...ya me acuerdo de tu hermano, se parece un montón a ti.-Bella se quedó sin habla.
-¿De qué conoces a su hermano?-Preguntó asombrada.
-De que Sergio era vecino mío. Lo que pasa es que no me acordaba de él para nada.-Sergio miró al cielo suplicando clemencia.
-Dios...-Dijo simplemente tras una larga y tendida carcajada por parte de Sonia.
La gran pregunta se iba a formular de un momento a otro. Sonia siguió sonsacándole cosas. Que qué era lo que más le gustaba, sus entretenimientos, sus habilidades, cómo era su casa....Mientras, Bella se esperaba lo peor. Sonia intentaba almacenar en su mente toda la vida de Sergio y le insistía preguntándole cosas que ni si quiera él mismo sabía sobre su propia vida.
-Oye,-ahí estaba. Bella tragó saliva por su seca garganta.-¿tu has tenido alguna novia?-Sonia había preguntado la gran duda. Sergio palideció un tanto y miró a Sonia. Sus labios se despegaron.
-¿Tienes algún animal?-Preguntó Sonia con curiosidad.
-Sí, tengo una tortuga. La verdad apenas la hago caso. Más bien es de mi hermano que mía.
-¿Solo tienes un hermano?-Miraba con incredulidad a Sonia mientras investigaba descarada mente su vida.
-Sí, tiene un año menos que yo.-Sergio parecía molesto al repentino interés. Al principio Bella pensó que se trataba de sonsacarle información para que ella subiera más de su vida pero estaba equivocada. Era la Pilar. La tortura de preguntas tras preguntas podía empezar en cualquier momento y lugar. Acababa de empezar ahora.
-Ah...ya me acuerdo de tu hermano, se parece un montón a ti.-Bella se quedó sin habla.
-¿De qué conoces a su hermano?-Preguntó asombrada.
-De que Sergio era vecino mío. Lo que pasa es que no me acordaba de él para nada.-Sergio miró al cielo suplicando clemencia.
-Dios...-Dijo simplemente tras una larga y tendida carcajada por parte de Sonia.
La gran pregunta se iba a formular de un momento a otro. Sonia siguió sonsacándole cosas. Que qué era lo que más le gustaba, sus entretenimientos, sus habilidades, cómo era su casa....Mientras, Bella se esperaba lo peor. Sonia intentaba almacenar en su mente toda la vida de Sergio y le insistía preguntándole cosas que ni si quiera él mismo sabía sobre su propia vida.
-Oye,-ahí estaba. Bella tragó saliva por su seca garganta.-¿tu has tenido alguna novia?-Sonia había preguntado la gran duda. Sergio palideció un tanto y miró a Sonia. Sus labios se despegaron.
domingo, 4 de enero de 2009
LAZO ROJO 7
Sergio no dijo nada. Cogió su bicicleta y se alejó lentamente mientras a Bella se le partía el corazón en mil pedazos. Cada vez estaba más y más lejos de ellas...y justo cuando pensaban que ya se marcharía se paró en un bordillo. Apoyó su pie derecho en la acera y miro a Bella con una sonrisa. El rostro de Bella se iluminó por un instante y el viento, que antes estaba en calma, jugueteó con su pelo.
-Vamos no te quedes allí parada. ¿No íbamos a ir al parque?-Luego siguió para adelante.
Sonia y Bella se quedaron atrás.
-Le quieres.-Dijo Sonia en tono afirmativo.
-N...no.-Las mejillas de Bella se pusieron rojizas.
-Venga, a él le podrás engañar pero a mi no me engañas.-Sonia miró a los ojos de Bella.
-Sí, pero no se lo digas.-Una pícara sonrisa apareció en el feliz rostro de Sonia.
-Será nuestro secreto.
Poco después estaban caminando al lado de Sergio y dirigiéndose hacia el frondoso bosque.
-Vamos no te quedes allí parada. ¿No íbamos a ir al parque?-Luego siguió para adelante.
Sonia y Bella se quedaron atrás.
-Le quieres.-Dijo Sonia en tono afirmativo.
-N...no.-Las mejillas de Bella se pusieron rojizas.
-Venga, a él le podrás engañar pero a mi no me engañas.-Sonia miró a los ojos de Bella.
-Sí, pero no se lo digas.-Una pícara sonrisa apareció en el feliz rostro de Sonia.
-Será nuestro secreto.
Poco después estaban caminando al lado de Sergio y dirigiéndose hacia el frondoso bosque.
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