viernes, 19 de marzo de 2010

El ombligo del árbol cap.6 cuarta parte

Así que decidimos casarnos e irnos lejos, a la ciudad.”
-Pero…tenías catorce años. ¿Cómo te pudo dejar tu padre?
Sonreí.
-Eran solo sueños. Eran nuestros sueños.-Sonreí tristemente.-Mi padre pensaba que era un juego de chiquillos. Una bobada…pero para nosotros significaba mucho…
‘’Entonces, el día más especial de mi vida, vino él a mi casa.
Su cara era como la de los ángeles. Pura porcelana, perfecta. Todo lo suyo era así. Era él la única razón por la que tenía fuerzas para levantarme cada mañana…la razón que la muerte de mi madre no fuera tan dolorosa…
-Elsa…te tengo que decir algo.-Abrí la puerta de la vieja casa y salí de ella.
-¿Qué?-Dije con la sonrisa de ilusión en mi cara.
Él me enseñó la suya. Era tan lindo… Se rascó la cabeza vergonzosamente.
-¿Quieres salir conmigo?-Dijo después de más de un minuto de expectación.”
Allen no dejaba de mirarme. Me recordaba a él…a David. Le sonreí.
-Ahí es dónde empieza nuestra historia. Ahí es dónde comienza el albúm.
Él pasó otra arrugada página.
Estaba montada en un columpio. David me empujaba y yo sonreía, feliz, ilusa.
-¿Por qué él nunca supo lo que sentías?-Allen ya se había metido en la historia por completo.
-Estuvimos saliendo. Pero era todo igual que antes. Nos cogíamos de la mano. Íbamos a los columpios. Nos quedábamos mirando el atardecer. Nos besábamos como despedida. Era perfecto. Cada día diferentemente perfecto…
-¿Cuál es el problema entonces?
-El problema fui yo.-Miré tristemente a mis manos temblorosas.-Un día quedamos, íbamos a adentrarnos por el bosque y hacer un picnic. Lo habíamos planeado hace semanas y yo estaba muy ilusionada.
‘’Pasaron las horas. Le esperé, en la puerta. Sin moverme ni un segundo. Algo me decía que vendría. Estaría allí y se quedaría conmigo como siempre. Pero no vino.
Esperé. Empezó a llover, pero seguí sin moverme. Entonces, lloré. La comida que había preparado con todo mi corazón, dando todo lo que no había dado, se mojaba. Se estropeaba. Y mi corazón, se partía.
Lloraba. Allí, sola, sin nadie que me acompañara.
Al día siguiente me puse enferma y no pude ir a clase.
Pasé semanas sin saber noticia de David. Estaba muy enfadada con él. Me había dejado ahí, en ese día tan especial en el que le iba a decir las cinco letras…”
-¿Las cinco letras?
-Claro, te amo…-Sonreí. Allen me acompañó. Mi respiración se volvió entrecortada y mis temblorosas manos temblaron.
Por fin había dicho las cinco letras. ¿Eran para él? O eran…recuerdos.

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