viernes, 19 de marzo de 2010

El ombligo del árbol cap.6 primera parte

Me quedé como una tonta con el teléfono en la mano. Mi mirada estaba perdida en algún punto de mi habitación. Estaba tumbada en la cama, bocabajo. Entonces mi agarrotada mano soltó el teléfono, dejándolo caer en la mullida cama.
Mi boca se abrió. Mi visión empezó a ser borrosa. Mis manos, sin previo avisto, empezaron a sudar y temblar. Como siempre.
Y todos los sentimientos que había guardado ahora se abrían. Todos y cada uno de ellos.
Tenía su sentido. Yo no era una chica insípida porque me gustara serlo, no. Llevo cargando casi toda mi existencia con una mochila cargada de piedras.
No tuve más remedio que secarme las lágrimas antes de que cayeran al vacio. Luego abrí mi cajón prohibido. Allí guardaba los álbumes de fotos.
Todos mis recuerdos estaban encerrados en un cajón polvoriento. Pero hoy ese cajón se limpiaría para siempre. Nada de telarañas. Nada de miradas frías.
Abrí el primero. Era de mi infancia.
Salía mi madre. Sí, lo tenía que superar.
Acaricié con la yema de mis dedos su rostro, ahora que podía ser feliz. Era tan pura, tan perfecta. Siempre sonriente. Siempre feliz.
Era mi madre.
Entonces me acordé del duro momento de la despedida. Siempre gravado en mi mente.
‘’-Eh, pequeña, no te pongas triste.-Sonriente, feliz.-Yo siempre voy a estar contigo. No te creas a los mayores, siempre están mintiendo.-Aunque en sus ojos solo hubiera dolor a mí siempre me sonreía.
Sus azules ojos se llenaron de lágrimas. Los míos la acompañaron.
-Mi niña…prométeme que vas a ser buena.-Asentí.
-Mamá…-dije mientras le tendía la mano.- ¿te acuerdas cuando íbamos al parque las dos cogidas de la mano? Cada sábado por la tarde…que era cuando tenías libre del trabajo.
Ella hizo un asentimiento. Sin perder la sonrisa.
-Te prometo que estaré cada sábado por la tarde dándote la mano. Esperando ir al parque.
Entonces su compostura se derrumbo y calló en llanto. No paró de llorar, pero seguía sonriendo. Así que mi infantil mente pensó que lloraba de felicidad.
Pensé que lloraba de felicidad, que me daba las gracias por mi eterna promesa”
Cerré el álbum. Solo quedaba uno de mis amargos recuerdos.

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