viernes, 19 de marzo de 2010

El ombligo del árbol cap.5 cuarta parte

Me levante y cogí el teléfono. Hacía rato que había empezado a sonar. Me metí en mi cuarto, como una adolescente. Tonta, idiota. Sabedora de que me iban a escuchar estuviera dónde estuviera.
-¿Allen?-Dije cuando descolgué el teléfono.
Esperé.
-¿Si?-Era él. Sentí alivio.
-Hola.-Ahora me avergonzaba hablar…Me sentía estúpida al no poder evitar que mis manos temblaran mientras sujetaba el teléfono, cuando mis mejillas se sonrojaban al escuchar su voz. Tonta, idiota.
-¿Te encuentras mejor?-Su voz era tan dulce…tan maravillosa.
-Sí, estoy mucho mejor.-Mis manos empezaron a sudar. ¿Pero qué narices me pasaba?-¿Querías algo?
Borde.
-Sí, te llamaba para saber cómo estabas… ¿qué te pasó exactamente cuándo tocaste el árbol?
Hubo silencio. Estuve pensando. Era mi deseo…si se lo contaba jamás se cumpliría. Si mis labios dejaban de estar sellados toda la magia que envolvería mi vida desvanecería para siempre.
-No lo sé. Me desmayé.
-No me mientas. Estuviste un tiempo con la mirada perdida. Con los ojos abiertos…dime, ¿qué viste?
Pensé otra escusa. Mentir era la mejor opción.
-La verdad es que tuve como una especie de visión.
-Ya, claro, viste el futuro ¿no?-Dijo con sorna.
-Si no me crees… ¿para qué me pides que te lo cuente?-Mi voz volvió a sonar firme, como yo la recordaba.
-Te creo.
Jugueteé con mis cabellos, limpios, sin barro.
-Pedí un deseo. Creo que se está cumpliendo…no estoy segura.
-No te entiendo, ¿un deseo? ¿El árbol te concedió un deseo?
-Sé que es difícil de creer.-Nada de mentiras. Con él no podía mentir.-Siento que mi deseo se está cumpliendo…
-¿Qué pediste?-Sonreí siniestramente.
-No te lo puedo decir.-Alguien llamó a la puerta de mi cuarto haciendo que mi intento de coqueteo acabara en de forma patética.-¿Sí?
Dije sabedora de quien estaría detrás.
-Me voy a trabajar. Estudia.-Dijo. Luego noté como cogía su maletín y dejaba tras de sí un silencio sepulcral.
Cerraba la puerta y se iba…
-¿Era tu padre?-Dijo Allen preocupado.
-Sí, se ha ido…
No hablamos durante un segundo. El sonido de su respiración era tan perfecto y relajado que me entraron ganas de volver a dormirme.
-¿Puedo ir a tu casa?-Entonces su respiración empezó a ser más nerviosa.
-¿Ahora? ¿Por qué, pasa algo?-Dije mostrando esos nuevos sentimientos que surgían de mí. Viejos amigos que se volvían a amontonar a mí alrededor.
-Sé que es muy pronto pero quiero decírtelo antes de que sea demasiado tarde…
-¿Demasiado tarde?-No sé por qué se me pasó la estúpida idea de que la muerte. No tenía ni idea pero solo de pensar en mí eterna enemiga se me ponían los pelos de punta.
Ahora que por fin, mi deseo se estaba cumpliendo.
-Voy para tu casa…-Silencio. No había palabras que le contradijeran. Tenía ganas de volverle a ver. Tenía ganas de sentir su piel bajo mis yemas.
Le quería. Aunque solo hubieran pasado días desde que me rescató misteriosamente yo le quería…porque el tiempo se detuvo y solo se movió él. Solo él.
-…Te quiero, cuítate.-Luego colgó.
Yo me quedé seca. ¿Ese era mi deseo?

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