Ya estábamos en la puerta del instituto. Me paré. Necesitaba hacerle todas las preguntas antes de que se escaqueara.
-Mis abuelos están enterrados allí.-Mentiroso.
-¿Pero tú no eras del sur de Francia?
-Sí, pero mi familia materna es de aquí, de Paris.
Le miré con la duda pintada en mi rostro.
-¿Vas a visitar a tus abuelos tu solo, sin tu madre, y en plena tormenta?-El indirecto cuestionario empezaba a incomodarle. Cosa que afirmaba mis sospechas.
-¿Y tú?-Me respondió con otra pregunta cosa que me dejó muda.- ¿Por qué visitabas a tu madre sin tu padre, bajo la tormenta, sin paraguas y sola?
Me quedé parada y él pasó delante de mí, ignorando mi mirada perdida. Me había cogido de improviso.
Así que…le seguí. Y juntos cruzamos la puerta del instituto. El hielo en mi mirada se derretía cuando le miraba fijamente. Sus movimientos hacían que en mi interior surgiera algo nuevo y sin sentido. Mis mejillas se sonrojaban, mostrándome que seguía viva.
Pero, mostrándome algo mucho más importante que eso. Mostrándome que aun, podía, mi helado corazón, amar.
Acabaron las clases. Daba, también, la casualidad de que le asignaron en la misma clase que yo. Así que le tendría que aguantar mañana y tarde…
-¿Vamos al parque?-Dijo con una sonrisa.
Unas chicas de nuestra clase chismorreaban sobre nosotros. Lo supe porque no paraban de mirarnos y reírse. Genial…
Me daba igual, claro que sí, pero cuando se burlaban de mí…Las mataría. Ya ves cuanta era mi ignorancia…
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