jueves, 11 de marzo de 2010

El ombligo del árbol cap.1 cuarta parte

El chico tardaría en llegar a mí. Mis huesos estaban llenos de humedad y mi cansancio era tal que, había tirado la toalla. Mi cuerpo estaba empapado y lleno de barro. El agua había entrado en mí por sitios que desconocía.
-¿Se encuentra bien?-Vaya pregunta estúpida. Estaba tirada en el suelo, tiritando y llena de barro. Debía de ser estúpido o algo así.
-A…-Dije. Le superé en estupidez pero es que no me salió otra palabra. Mi garganta hervía.
Entonces solo vi unos ojos. Tal vez los más bonitos del mundo. Quién sabe. Azules. Y me sumergí en ellos hasta hundirme por completo.
Mi agarrotada mano, pelada por el frío cayó sin vida. El chico me recogió en sus brazos. Dejé de sentir mis manos las cuales caían al vacío y luego me entró sueño. Mucho sueño.

-¿Qué pasa?-Dije cuando me levanté de un salto de mi cama. Estaba en mi cuarto. Al principio pensé que lo que había vivido anteriormente había sido uno de esos estúpidos sueños tan reales.
Entonces oí voces al otro lado de la puerta. Era mi padre, hablaba con otro hombre.
-Muchas gracias por lo que has hecho. No sé como agradecértelo.-Reconocí la voz gastada de mi padre.
Las piernas me temblaron sin saber por qué.
-No hay de qué. Cualquiera hubiera hecho lo mismo…
-De todas formas fuiste tú.
-Lo volvería hacer. Solo le pido eso…ya sabe.
-Sí, por supuesto. Hablaré con ella. Seguro que lo entiende, pero tienes que saber una cosa.
-¿El qué?
-Es la persona más fría que hayas podido conocer. Y a veces pude resultar borde e insensible.
Hubo un silencio en el que noté como sonreía. No sé cómo pude notar algo así pero lo supe. Algo me lo decía.
Ya le valía a mi padre. Me había puesto bonita. ¿Qué querría ese chico?
Estornudé.
-Al parecer se ha despertado.-Vi girar el picaporte. Impedí que abrieran la puerta.-Y está levantada…
Dijo mi padre soltando el picaporte.
-Espera…-Mi voz sonó ronca. Me miré en mí espejo de cuerpo entero. Tenía el pijama y mis pelos estaban sucios y enmarañados.
Busqué en el armario algo que ponerme. Unos pantalones vaqueros y una camiseta servirían, total, no le conocía de nada.
Escuché como seguían hablando mientras me arreglaba. Me cogí un moño para que no se notara tanto que mi pelo estaba sucio.
-¿Se está arreglando?-Dijo la voz del desconocido de ojos bonitos.
-Lo suele hacer.-Dijo mi padre.-Nunca le gusta salir de su cuarto con el pijama. Es una de sus manías.
-Pero…tiene fiebre, podría ponerse peor.
-Es una cabezona, es mejor no contradecirla. Es igual que su madre.
Me encantaba que mi padre me comparara con ella. Cada vez que hablaba sobre ella sentía que estaba viva y que vendría del trabajo en cualquier momento.
Abrí la puerta.
-Hola…-Mis coloradas mejillas delataron mi fiebre.

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