jueves, 11 de marzo de 2010

El ombligo del árbol cap.2 primera parte

-Encantada-Dije en un susurro después de una gran pausa. Mi padre me miraba confuso.
-¿Te encuentras bien?-Preguntó al verme embobada delante del desconocido, llamado Allen.
-Perfectamente…estoy un poco mareada, creo que voy a dormir un poco más.-Dije apartando la mirada de mi salvador.
-Claro, pero antes, querría hablar contigo.-Le miré. Vi como su mirada se volvía fría. Incluso superó a la mía, que parecía llena de algo.
Algo que había surgido, así, de repente.
-¿Qué quieres?-Dije soñolienta. Temiendo lo peor. Temiéndole.
-¿Podemos hablar en privado?
Ambos miramos a Allen. Sería la primera vez que mi padre pisaba mi cuarto.
Cerré la puerta.
-¿Qué quieres?-Necesitaba dormir, descansar. Tosí. Mi voz era como la de un camionero. Pero me daba igual. Tenía que ponerme buena lo antes posible y seguir con mi vida sin sentido.
Ambos sostuvimos nuestras miradas. A mí no me costó ni la mitad de esfuerzo que le costó a mi padre. Fría, sin vida.
-¿Podrías hacerme un favor? Bueno, más bien es como una obligación…-Ya se estaba yendo por las ramas.
-¿Qué quieres?-Era la tercera vez que lo decía y me estaba empezando a hartar de la situación. Me sentía tremendamente estúpida al repetir las cosas.
-Verás el chico que te ha salvado la vida me ha pedido un favor…no es gran cosa así que…
-¿Qué te ha pedido?-A pesar de carcomerme por dentro mi voz era neutra y sin sentimientos, como solía ser.
-Nada importante, solo es un chaval…
-¿Me ha salvado la vida para pedirme un favor a cambio…?
-No, que va, para nada. Yo le dije que pidiera lo que quisiera, yo fui quien le convencí para que pidiera algo.
-¿Me lo vas a decir o vas a seguir dándole vueltas?-Dije, tan borde como pude.
-Quiere salir contigo.-Me miró ferozmente y se largó dando un portazo al salir. Sin esperar mi respuesta, sin ver mi reacción.
Al principio sus palabras me parecieron que no tenían sentido. Le vi mover la boca sin producir ningún sonido…Pero luego lo comprendí. Sus palabras, poco a poco empezaron a coger sentido. Locamente.
Mis ojos se abrieron como platos y mis rodillas se clavaron en el suelo. Podía ver mis manos temblorosas a través de mis lágrimas.
-No…-¿Cómo era capaz de mostrar mis sentimientos, allí en mi cuarto?
Todo lo que había a mí alrededor daba vueltas.
-¿Qué ha dicho?-Escuché la voz de Allen. Apreté los ojos con fuerza intentando, tontamente, impedir a las lágrimas salir.
-Se lo he dicho, mañana pásate a recogerla, de veras que te necesita…-Noté como le daba una palmada en el perfecto hombro de Allen.
¿Y yo? ¿Dónde había ido mi frialdad? ¿Cuánto importaba mi opinión?

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