martes, 14 de octubre de 2008

Espada helada

Era fría y fina. Su filo medía un metro exacto y era capaz de cortar cualquier cosa. Pero esta espada no era una espada corriente…era una espada de hielo. Su filo estaba congelado. Era fría y azul. El puñal era tan especial como el filo, con incrustaciones de oro y plata. El puñal, consistía en una serpiente enroscada a una rama y en su ojo izquierdo tenía un rubí rojo, que no era corriente puesto que te indicaba el camino más certero.
El gigante que la fundió y la creó murió al terminarla. Su alma quedó vagando durante un tiempo por las montañas. Aun a su espada de faltaba algo y estaba dispuesto a averiguarlo. Entonces encontró la solución, un alma de hielo para una espada de hielo. Una noche, en la penumbra, un hombre encapuchado llegó a la cueva del gigante muerto. Su alma lo observaba desde el otro lado. El hombre, después de mirar a ambos lados, se acerco con el sigilo de un felino a la espada. Abrió la palma de la mano y agarró la empuñadura con fuerza. El alma del gigante se encontraba en la espada y notó su presencia.
Cuando coges una espada como esa se te puede congelar las entrañas. Pero el hombre la cogió y se la llevó en su funda. Pasaron los años y poco a poco el mal se apoderó de Hidún.
Llantos, llamas, familias enteras calcinadas, sangre, guerras formaron parte de Hidún. La Diosa había llegado…y los seis no estaban para ayudarlos. Un ser humano tenía el poder, o eso se creía, la diosa le controlaba desde las alturas pero él siempre creyó ser él que controlaba a la Diosa. Era un hombre fornido, con armadura de oro y plata…en el centro de la armadura se podía ver en relieve una serpiente alada que estaba enroscada en una rama y cuyo ojo era un rubí rojo. Iba a conjunto con su espada.
Antes de la gran guerra llamó a su ejército. Se asomó al gran balcón y abrió los brazos mirando al cielo.
-Estamos listos.-Dijo con voz serena, alzándola a los cien cielos.-Que la guerra acabe con nuestra victoria.-Los soldados gritaban de júbilo y emoción. El nerviosismo y la tensión les corroían las entrañas. Luego puso los pies en la barandilla, se alzó y desenfundo su espada. El frío hielo se reflejó al cálido sol. Luego sonrió amargamente y balanceó su pie en el vació. Todos los soldados se preguntaban qué hacía.
Se quitó la capa roja que llevaba y saltó al vació. Sonaron algunas exclamaciones…Y luego todo fue silencio. Una serpiente alada volaba hacía el horizonte y uno de sus ojos era tan rojo como un rubí. En medio de la neblina una luz rojiza guiaba a los soldados hacia su nuevo destino…la guerra.

1 comentario:

LaLa dijo...

que way... me encantan las historias de querras y peleeas. esta to xulo. voi a seguir leyendo oki?
xao wapa!!
^_^