Eran las vacaciones de Navidad y el aroma a ilusión se podía respirar por la calle.
Tendría unos dieciséis años. No era muy alta y su pelo era largo y negro. Dormía. Respiró hondo y abrió lentamente los ojos, unos ojos grandes y azules, y vio como la luz del día iluminaba su rostro, ahora muy distinto al de antes.
Se levantó con energía. Fue casi corriendo al cuarto de baño. Estaba inmensamente feliz. Era la primera vez en mucho tiempo en la que se miraba al espejo y veía una sonrisa en su rostro. Recordó el motivo de su felicidad y eso la llenó aun más de entusiasmo para seguir siendo feliz.
Tan bella y delicada como una flor cogió su bolígrafo y se sentó en la silla del escritorio. Su mala letra no le importó mucho cuando escribió: “Querido diario, hoy es la primera vez, en mucho tiempo, en la que puedo decir que soy feliz”.
Y es que, en verdad, todo empezó mucho tiempo atrás…
Era invierno, justo el día de noche buena. La nieve cubría los tejados de todas las casas y el olor de la navidad salía por las chimeneas de las pequeñas casas de la localidad. Todos los niños estaban deseando que llegara la hora de los regalos. Entonces Bella era solo una niña deseosa de abrir regalos que parecían estar dotados de algún tipo de magia para ilusionar a los niños, fueran lo que fueran.
-ya es la hora tía.-Dijo Bella justo cuando el reloj marcó las doce. Poco a poco la mesa, la cual antes había estado llena de comida, se llenó de regalos. Grandes, pequeños, medianos…todos tenían aquella extraña magia llamada ilusión. – ¡Tita yo primero!-Alzando los brazos al aire recibió el primer regalo. Era el más pequeño pero eso poco le importó. Lo abrió con tal ilusión que hacía que el regalo pareciese más grande de lo que era.
-¿Un lazo rojo?-Pregunto un poco desilusionada, mientras los restos del envoltorio caían al suelo.
-Tu tía estuvo en Brasil hace poco. Es tierra de leyendas y supersticiones y te compró esto. Mira, póntelo en la muñeca, pide un deseo y átalo. Cuanto más nudos le pongas más deseos podrás pedir.-Su madre se lo ató todas las veces que pudo mientras Bella pedía deseos. Pero solo era una niña… ¿qué deseos podría pedir?
Las fiestas continuaron y los años pasaron. Bella fue avanzando cursos y aprobando. Pasó el tiempo y fue creciendo. Ya no era aquella niña pequeña a la que un lazo rojo le parecía el peor regalo del mundo. Seguía siendo una niña con la pequeña diferencia de que le entusiasmaba la idea de cumplir todos los deseos del lazo.
Tal vez los primeros que pidió fueron absurdos y por eso se cumplieron con facilidad, pero el último era el verdadero deseo. Los nudos y los años se fueron yendo. Pasó preescolar y, más tarde, el colegio.
Ya estaba en el instituto. Creyendo ser una mujer se encontró con las puertas de la madurez aun cerradas por completo. Aun así siguió adelante. Estudiando tanto como lo había hecho hasta entonces…entonces llegó su deseo. Tal vez no era como Bella esperaba, pero estaba allí. Ya tenían catorce años.
Al principio no le hizo caso. Pensaba que sería una persona más de la clase.
-¿Te vienes, Bella?-Bella absorta en sus pensamientos y sin apartar la mirada de aquel chico, apenas se enteró de una suave brisa llena de palabras absurdas.-¿Te vienes sí o no?
-¿Qué?
-¿No has estado escuchando?-Preguntó una chica con el pelo castaño, los ojos verdes y una nota de preocupación en cada palabra. Era, sin duda, Sonia.
-No, lo siento mucho, he estado un poco distraída. ¿Qué querías?- Sonia parecía enfadada, pero en realidad no le había importado tanto. Siempre solía exagerarlo todo, llevarlo al grado máximo. Cuando todo el mundo veía una hoja ella veía un árbol entero. Hacía de lo más mínimo un mundo.
-Que si venías conmigo abajo a los servicios, pero ya nada.-Dijo un poco mosqueada. Estaban las dos en clase, había faltado el profesor y como era última hora todo el mundo se había ido con su carnet, y los que quedaban era por dos razones: porque se le habían olvidado el carnet o porque, simplemente, no tenían carnet.
-Venga, vamos, te acompaño.-Sonia levantó la cabeza de la mesa.
-Da igual. ¿Oye, sabes quién es ese?-Señaló descaradamente al chico al que hacía tiempo Bella miraba.
-No lo sé…y no me importa.-Se encogió de hombros un tanto nerviosa.
-¿Vamos y hablamos con él?-Dudó un momento y se levantó en seguida.
-Vamos.-Bella parecía emocionada frente a la idea de conocer a alguien nuevo. Casi nunca tuvo muchos amigos y se pasaba la mayoría del tiempo sola, inmersa en sus pensamientos.
Tenía el pelo rizado y parecía estar dibujando algo. Bella se asomó por encima de su hombro para saber lo que era. Entonces el chico se dio la vuelta. Sus ojos de piedra se clavaron en los de ella. Eran azules como el mar y estaban tapados por un cristal cuadrado que los hacía brillar. Gafas azules, a juego con sus ojos. No era muy guapo, pero tampoco era feo.
-Am, hola.-Se limitó a decir. Luego prosiguió su dibujo.
-Hola.-Dijo Sonia con una sonrisa de oreja a oreja, muy propia de ella.
-¿Qué dibujas?-Bella se volvió a asomar con curiosidad.
Era un cuaderno marrón caca. Sus hojas eran de cuadros celestes, tan finos, que parecían en blanco. Pero no lo estaban, un tipo con una enorme espada cubría la mayor parte del folio. Era tan real el dibujo que parecía salirse del papel.
-Valla… que bien dibujas.-Dijo Bella con un susurro. El chico se giró a mirarla, de nuevo.-¿Cómo te llamas?-Sus miradas se encontraron.
-Me llamo Sergio. Creo que hemos tocado en la misma clase.
-Si…yo también lo creo.-Bella sonrió y se le vieron sus perfectos dientes gracias a la ortodoncia que tuvo que llevar de pequeña.-Dibujas bastante bien, ¿vas a clase de dibujo o algo así?
-No, simplemente cojo un lápiz y…empiezo a dibujar.
-¿Oye has visto a Pilar?- Soltó, de repente, Sonia, haciendo acto de su presencia.
-No sé quien es Pilar.-Dijo Sergio, sin importar la reacción de ninguna persona que lo rodeaba.
-No te lo preguntaba a ti.-Dijo Sonia con un cierto toque de borde ría. Poco después Bella se encontró en medio de una discusión.
2 comentarios:
waaaaaaaaaaaaa
k wayyyyyyyy
me encanta... me imagino un poco el momento en el que te acercaste a izumi y te hiciste su amigo, me ekivoco? jeje es k tengo una imaginacion k no puedo con ella... xP (es broma) el caso, me gustaria verlo terminar.
xao
besos wapa!!
hola!!! me encanta tu historia, has usado mi nombre!! jajaja, q casualidad q tambien hayas usado el nombre de sergio, ya sabes porq lo q estubimos hablando el otro dia, jajajaja, ahora me tengo q ir y no me da tiempo de seguir leyendo, pero no te preocupes q lo leo seguro, ultimamente no escribo en mi blog, a ver si continuo la historia esa rara q escribi, ok? me alegra q te gustara, bss a2 wapisima
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