miércoles, 6 de octubre de 2010

Only Alone-Cuarta Parte

-He visto que alquila habitaciones.-Dijo clavando su mirada en mí. Me sentí observada por sus ojos color canela, los cuales me lapidaban como un microbio bajo la lupa del microscopio.
-Así es.-Susurré, liando la ficción con la realidad. Hacia tiempo había colgado un cartel en la heladería con el deseo de dejar de sentirme sola.-Pase.
El desconocido pasó cautelosamente y se dirigió, con un silencio espectral, hacia la sala de estar.
-La casa no está en sus mejores días pero todo se puede arreglar…
-¿Cuántos años tiene?-Preguntó de repente, ignorando mi comentario sobre la vivienda.
-Veinte.-Susurré.-¿Y usted?
-Treinta.-Dijo, sin mostrar el más mínimo interés en otra cosa que no fuera yo. Me sentí cohibida por su mirada y me entraron ganas de huir lejos de ella.
-¿Qué ocurre?-Pregunté, sin más.
-Es hermosa.-Dijo ensimismado.
Mis mejillas se pusieron coloradas y me sentí avergonzada. Aunque él no pareció comprender la causa de mi repentino ataque de vergüenza así que pensé, que tal vez, se refería a la casa.
-Me alegra que le guste.-Dije con una dulce sonrisa.
Me fui a la cocina y me dispuse a hacer el café.
-¿Cómo se llama?-Preguntó el desconocido desde la sala de estar.
-Mar, ¿y usted?
-Jack, Jack Kovosqui.
Me resultó extraño su nombre y su apellido. No concordaban con su aspecto. Siempre que mi imaginaba una persona con el nombre de Jack, me imaginaba a un tipo alto, de ojos azules y piel blanquecina. Pelo rubio y sonrisa encantadora.
Pero este Jack era solamente alto. Solamente eso. En todo lo demás, era totalmente opuesto.
-Es usted muy amable.-Dijo cuando le di la taza de café.
-¿De dónde viene?-Tenía un extraño acento que hacía aun más contracte con su aspecto.
-De Londres. Aunque nací aquí mi familia se mudó cuando yo era aun un niño, así que a penas recuerdo este lugar. A mi padre lo mandaron al extranjero por asuntos de trabajo. Ahora he vuelto yo por la misma razón por la que me tuve que ir de pequeño. La empresa para la que trabajo esta empezando aquí a instalar sus oficinas. Soy el representante.
-¿Y cómo que no va a un hotel o se alquila su propio apartamento?
-No me gustan los hoteles, ni la soledad.
Estuvimos en silencio un buen rato, esperando impacientes a que nuestras tazas se enfriaran.
-¿Cuánto cuesta el alojamiento?-Preguntó, tras una larga pausa.
Me quedé pensando. Era empresario así que supuse que amasaba una gran fortuna. De todas formas eso me importó poco, iba a pedirle poco.
-Cien.-Dije, tras sorber un poco de café.
Me miró perplejo.
-Pero eso es muy poco.
Observé mi taza durante unos instantes.
-A mi tampoco me gusta la soledad.-Y le miré, en espera de una respuesta que nunca llegaría.

Al día siguiente me desperté temprano. Era la primera vez en mucho tiempo que no tenía pesadillas. Preparé el desayuno e intenté limpiar profundamente la sala de estar. Abrí las ventanas y corrí las cortinas, dejando que la luz se adueñara de la sala.
Puse allí el desayuno y esperé a que Jack bajara. Justo cuando acababa de poner el último plato en la mesa, me sorprendí con la compañía de Jack, el cual se encontraba semidesnudo, mostrando su perfecto pecho para envidia del mundo entero.
Yo, tímida e inocente, aparté la mirada de él y procuré desayunar sin mirarle, aunque, sinceramente, todos mis intentos acabaron en fracaso.
-Buenos días, compañera.-Dijo.-bonito desayuno.
-Gracias.-Dije mientras bebía el caliente café.
Él devoró todo lo que le había puesto delante. Comía deprisa pero educadamente, con la perfección de saborearlo todo y al mismo tiempo, hacerlo desaparecer.
No aparté la mirada de él en todo el desayuno. Luego el reloj dio las ocho y me desperté del coma en el que había entrado nada más verle.
Me levanté de la mesa, pidiendo permiso con la mirada y me dispuse a irme, andando exhausta.
Noté como Jack me miraba al marchar, dibujando una sonrisa en su cara.
Corrí hacia la heladería. Mi puesto como administrativa iba viento en popa. La jefa estaba muy contenta conmigo y sobretodo ahora, que volvía a habitar en mí esa luz que siempre causa la compañía.
Se rumoreaba sobre falsos romances todos los días pero este en concreto fue especial.
Pasaba, al salir del trabajo, por una peluquería donde una ex compañera de la heladería trabajaba como dependienta.
Cuando me aproximaba, una señora, de unos setenta años, me miraba con repugnancia.
Me pregunté por qué le causaba tanto asco, pero antes de sacar mis propias conjeturas ella me hizo saber las suyas.
-Mírala, Fifí, tan pronto como se muere su padre, sin estar ella en sus últimos momentos y ya se ha buscado a dos hombres que la acompañen en su vida hacia el infierno.
Fifí, la peluquera que amasaba los enredos escondidos dentro del pelo de la mujer, me miró con la misma repugnancia.
Bajé la mirada avergonzada, sabiendo que no podía negar nada de lo que había dicho.
Sandra, mi ex compañera, me aconsejó que saliéramos a dar una vuelta, lejos de la peluquería.
Comimos en un bar, cerca del establecimiento.
-No les hagas caso. Son mujeres de otra época. Ya no comprenden que el mundo que les rodea ha cambiado.
-Pero, Sandra, es cierto lo que ha dicho. No estuve con mi padre cuando sabía que no le iba a volver a ver…
-Estabas cumpliendo su última voluntad.-Dijo con la boca llena de lechuga de la ensalada. Tragó y bebió un poco de agua.-No tienes culpa de que la soledad hiciera que necesitaras hombres en tu vida. A mi también me pasa a veces.
-No es lo mismo. Yo con los hombres esos de los que tanto se habla no hago nada. Son…son solo amigos.
-Tú amabas a Cristian.
No supe qué decir a una afirmación tan verdadera. Saboreando hasta las yemas de sus dedos, Sandra me miró, con esos ojos negros rodeados de lápiz de ojos y kilos de maquillaje.
-¿Y quién es el nuevo ahora?
-No lo conozco de mucho. Sé que se llama Jack y que es empresario.
Rió con ganas.
-Vaya, que suerte tienes. Cada día va un chico distinto para decirte ‘’te quiero’’
La miré con furia.
-Eso no es cierto. Ya te pedí a ti si querías venirte pero no quisiste…
-Vivo con Jonathan, Mar, no voy a mudarme.
Y comprendí, entonces, que mi compañía siempre sería pasajera.
Al despedirnos volvía a sentirme terriblemente sola. No le había dicho lo de la misteriosa carta de Cristian pero andaba en deseos de contárselo a alguien.
Cuando llegué a casa aun no había llegado Jack. Preparé una pequeña merienda y esperé a que llegara.
Ya eran las ocho cuando la vieja puerta de la casa se abrió.
Yo, entonces, estaba dormida en el sofá con la tele encendida como única compañera.
Noté como unos pasos, casi inaudibles, se acercaban a mi encuentro tras haber cerrado la puerta.

2 comentarios:

Ajicer dijo...

Woooow mas intriga ¬¬ esto es peor k una telenovela policiaca, me encanta!!! *o*, aunk el hilo de la historia lo he perdido :S tendre k releerme las otras partes ^^

Neliel dijo...

O__O O______O O__________________O y seguiría asi asta k me dejase el blogger, pero entonces no podría comentarte, y eso no seria justo. Tengo k decirte k ME ENCANTA???? en serio, pork creo k si vieras mi cara aora mismo no haria falta xDD dios, k fuerte... no se si lo sabrás, pero ADORO A JACK. ES PERFECTOOO!!!! el hombre con k toda mujer sueña (y con "toda mujer" me refiero a mi xDD) esos dos se lian, SEGURO!! vamos, vamos, el primer dia viviendo juntos y el ya baja en gayumbos, por dios. esk la kiere caliente para la noche xDD bah, me voy a dejar de tonterias.

La historia me gusta un monton, pero que UN MONTON, y si pudiera, me gustaria varios montones mas xDD asik, spero que por tu bien sigas escribiendo, por favor, no sigas mi ejemplo xDD quiero leer mas!!!
bueno, te tengo que ir dejando, pork, como ves, te comento en spicologia y va a tocar xDD
BESOTES ASIIIIIIIIIIIIIIN DE GRANDES :D
teQuieroO!!
Nelii