martes, 12 de julio de 2011

PUNTO Y COMA-Caótico

-¿Por qué no tiene sentido?
-¿Por qué debería de tenerlo?-Acarició su mejilla, pero ella no sintió nada.-Ven conmigo, Adela.
Estaban encima de una seta de sospechosos colores, enorme, tan monumentalmente enorme que cabían ambos y aun sobraba espacio para unos veinte más. Se encontraban a la orilla de un transparente y cristalino lago lleno de seres y criaturas desconocidas en el mundo real.
-No puedo, solamente eres un sueño.
-¿Y si no fuera un sueño? ¿Y si el verdadero sueño fuera lo que tú piensas que es la realidad?
-No me vas a convencer.-Fue seca, cortante como un cuchillo en la piel.
-No te estoy intentando convencer, solamente te digo la verdad. Esto que ves aquí, sale de tu mente, pero es mucho más real para ti que lo que te rodea en tu mundo.
-Aun me sigo preguntando porque mi imaginación te ha creado.
La miró con tristeza, casi melancolía, pero una melancolía imaginaria, como todo lo que había allí.
-Yo existo de verdad, solamente tienes que buscarme en tus recuerdos, por eso, tienes que venir conmigo si verdaderamente quieres encontrarme…
Se levantó majestuosamente de su posición y con una alocada sonrisa recorriendo su rostro le tendió el brazo.
-¿Qué me dices? ¿Vienes?

-Adela.
-Adela.
-Adela, por Dios.
Llantos. Súplicas. Pitidos. Ruido. Personas. Mundo. Real…
Pestañeó varias veces antes de darse cuenta de dónde se encontraba.
-¿Odette?-Dijo intentando aclarar la vista, con un hilo de voz.
-Sí, dime, Adela, ¿qué tal te encuentras? Están todos los profesores, incluso algunos alumnos, preocupados por ti. ¿Estás bien?
-¿Qué…qué ha pasado?
-Has tenido un accidente, pero los médicos dicen que te pondrás bien. Un coche te ha atropellado a pocos metros de la universidad…dijo que te quedaste parada en mitad de la carretera… ¿es eso cierto?
-Yo solamente recuerdo aquellos granos mágicos blancos en mi mano que se fueron volando, hasta fusionarse con las nubes, con el viento.
-¿Otra vez soñando despierta? Me estás empezando a preocupar.
-Odette.
-Dime.
-¿Crees en el amor?
-Claro, pero…-Intentó ponerle el dedo en la boca para que guardara silencio, pero apenas pudo moverse. Aun así Odette cayó.
-Y entonces, ¿por qué no eres capaz de creer en los sueños?
-Adela, porque los sueños, sueños son. Son tuyos y de nadie más, por muy bien que los describas jamás una persona se imaginará el mismo sueño que tuviste. Son tuyos, y de nadie más. Los sueños son caprichosos y egoístas, pero todos queremos tenerlos.
-Debemos tenerlos…-Empezó a toser.
-Descansa, deja a los sueños en la almohada, ¿vale?
Justo antes de cerrar la puerta de la habitación se paró.
-Ese chico que me describiste, ese que siempre aparece en tus sueños…
-¿Si?
-Deberías de olvidarte de cada sueño en el que salga.-Cada palabra la atravesó y transformó sus sueños y sus ilusiones en polvo, un polvo blanco que brillaba en el cielo perdiéndose entre las nubes.-Si no lo haces, dentro de poco te veré tomándote pastillas…no quiero verte así, Adela.
Cerró la puerta dejando tras de sí a una amiga rota. Rota en la realidad. Rota en los sueños.
Cada pensamiento que pasaba por la cabeza de Adela era más caótico que el anterior. Lloraba, gritaba. Le quemaba. Le quemaba el cuerpo. De los pies a la cabeza. De los sueños a la realidad.
Toda ella ardía. Y gritaba, fuerte y a veces flojo porque no le quedaba más voz.
Sentía como los médicos y las enfermeras le rodeaban. Y era todo tan caótico como en sus sueños.
-Morfina, necesitamos más morfina.
-Enfermera pinche aquí.
-¿El pulso? ¿Cómo va el pulso?
-Sujétenla.
-Se nos va. Se nos está yendo.
-Tres, dos, uno…DESCARGA.

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