viernes, 1 de octubre de 2010

Only Alone-Tercera parte

Cristian me zarandeó.
-¿Mar, estás bien?-Preguntó cuando la caprichosa amiga de mi vida volvió a mí.
-Sí.-Mentí.- ¿Cómo es que no me has dicho nada?
-No es algo que yo quiera-Explicó.-me tengo que casar con ella…
Le miré incrédula. En la Edad Media me lo hubiera creído pero ahora me parecía solo una escusa barata sacada de un cuento de Walt Disney.
-Ya, claro…-Dije, al borde de la locura y desesperación.
Cristian me agarró de la muñeca, justo cuando me disponía a irme. Como aquella vez, en los suburbios. Esta vez, a la inversa.
-Si no me caso con ella mi tía no podrá pagar el alquiler, la echaran de casa y le quitaran la herencia de su tía segunda. Ya se han firmado los papeles, mañana por la mañana…me…caso.
-¿Por qué…mientes?-Dije entre lágrimas de rabia.
No sabía qué hacer. Me sentía mirar el borde de un acantilado. Pensaba que por fin había encontrado aquella compañía que me llenaría de por vida, pero, estaba equivocada.
Al borde de la ira, la desesperación y la locura me marché de aquel local, dejando a un roto Cristian del cual ahora quedan pequeños recuerdos que se pierden en la lejanía del pasado.
Después de tantas historias juntos, ahora salían a la luz palabras ocultas.
Esa noche, no pude dormir. Me la pasé llorando, cayendo moralmente por ese acantilado, esperando no llegar nunca a impactarme contra el agua.
Gritaba, lloraba, decía cosas incoherentes. Quería sacar de mí todo ese dolor que llevaba años arrastrando. El baso del llanto interno, después de tanto tiempo, se había derramado, encharcando con ello todo mi ser.
Me desperté de un largo letargo con los ojos hinchados por el llanto y la nariz colorada. Parecía que mi cuerpo se reía de mí burlescamente haciéndome parecer un payaso.
Desayuné, después de tanto tiempo, sola.
Sabía que Cristian no volvería a aparecer. Nunca.
Falté al trabajo varias semanas, alegando estar enferma.
Cuando volví, la jefa no me dejó estar de cara al público. La felicidad se había apagado en mí y mi rostro lo reflejaba.
Llevé la administración del pequeño establecimiento. Los días pasaban sin que yo los notase. La monotonía era un salvavidas en el mar del tiempo.
Las noches, en cambio, se me hacían eternas. Mis pesadillas eran horribles. No conseguía conciliar el sueño. Gritaba de horror y me despertaba con el cuerpo empapado.
Y así, noche tras noche. Soñaba que los chicos de los suburbios me atrapaban. Todas las noches. Me tocaban, me manoseaban como una muñeca en manos de una niña caprichosa.
Y gritaba, intentando que alguien escuchara el dolor que me estaban causando. Pero nadie acudía. Estaba sola, después de todo, volvía a estarlo.
Los domingos y mis días libres me quedaba en casa, observando en la televisión como todo el mundo tenía a alguien.
La casa volvió a ser aquel lugar oscuro y lúgubre. Rosa hacía años que no pasaba por aquí. El polvo comía las estancias menos frecuentadas por mí. La casa no era otra cosa que la sombra de lo que había sido.
Triste y melancólica, caminaba por la estancia. Aun no me había atrevido a abrir la habitación de Cristian.
Lentamente, la puerta cedió a mi paso. Todo seguía como la última vez que había entrado.
Me tumbé en la cama y cerré los ojos intentando recordar aquellos instantes en los que huía de la soledad por las noches. Sonreí amargamente, volviendo a abrirlos y encontrándome con una soledad que me consumía.
Como una llama consume a una vela.
Entonces me percaté que en el escritorio, un sobre con un poco de polvo, se posaba en señal de que, verdaderamente, Cristian había existido.
Lo abrí con la esperanza pintada en mi rostro.
Querida Mar, no tenía el suficiente valor para despedirme de ti y tenía miedo de perderte para siempre. Pero veo…que después de todo sigues siendo aquella testadura que conocí.
Verdaderamente no me hace gracia la idea de casarme con una mujer que no eres tú. Todo este tiempo sé que verdaderamente he estado conviviendo con la persona con la que verdaderamente quiero casarme.
Pero…no puedo evitar aceptar este compromiso. No tenía el valor, tampoco, para decirte la verdad. A mi tía Alice la persigue la mafia. Vio algo que no debería de haber visto. Me caso con Victoria, una francesa a la cual a penas conozco pero es de familia adinerada con lo que podré sacar de aquí a Alice y protegerla con mi dinero.
Ojalá no fuera así. Ojalá pudiera estar contigo el resto de mi vida y toda mi existencia.
Ahora que ya no me queda ni tu cariño ni tu amor, solamente quiero que me perdones y que intentes ser feliz, sin hacer ninguna locura.
Perdóname, por favor….perdóname.
Te quiero, te amo
Cristian.
Posé el polvoriento papel en mis labios y comencé a llorar como una idiota.
Aquellas palabras eran todas verdad y como verdad yo me las creía.
‘’Cristian’ Pensé.
Olí la carta, recordando el aroma de su cuerpo. Alguien llamó a la puerta.
Bajé las viejas escaleras de madera, con el corazón lleno de esperanza y con un nuevo rostro que enseñar al mundo.
Abrí la puerta sonriente.
Un hombre se erguía al otro lado. Vestía un elegante traje de chaqueta. Su piel era de tez morena, como el chocolate.

3 comentarios:

Neliel dijo...

otro hombre?? uuuuuuuuuuuuuuuu (8)k fuerte lo de Cristian.... aunk eso de k se case sin sentir amor.... pobre chica (se sabe ya como se llama?) ai k ver la mala suerte k tiene, aunk espero k ese MORENO le alegre la vida xDD kiero saber kien es ese morenitoooooo!!!! escribe, escribe, escribeeee!!
teQuieroO muchiItooooOO!!!
Neli

Ajicer dijo...

Muy bonito como siempre gema^^ creia k esta era la ultima parte, veo k no, menos mal, como siempre se corta en el momento de mas INRI k fuerte, esperando la cuarta parte, alex ^^ TK!!

Niobide dijo...

Gracias, como siempre por todas vuestras cálidas palabras. Sí, otro morenote para que le haga la vida más agradable o no...no se sabe xD Es secreto profesional. La semana que viene, más aventuras de nuestra desdichada Mar.
Besos, os quiero!