miércoles, 1 de septiembre de 2010

LO QUE LOS OJOS NO VEN Y EL CORAZÓN SIENTE-DULCES SUEÑOS

Me encerré en mi misma y sonreí como una loca a mis rodillas, intentando no mirarle directamente a los ojos, teniendo miedo de volverme a enamorar.
-Es todo absurdo.
-La vida no tiene por qué tener sentido.-Esta vez si que encontré el suficiente valor como para mirarle, con una mezcla de incertidumbre e incredulidad.
Un brillo, místico y misterioso apareció en esa mirada gris piedra.
-Me gustan tus ojos.-Dijo de repente.-Me recuerdan al mar.
Con la vergüenza del primer cumplido aparté la mirada, sin saber bien lo que hacía. Preguntándome constantemente a mí misma por qué estaba así. Me sentía estúpida al reaccionar de esa manera.
-Los tuyos…son como rocas.-Sonreímos.-sigue siendo absurdo. ¿Por qué has venido aquí?
Miré las piedras de la solitaria y abandonada roca. Un peñasco que nadie se atrevía a investigar por miedo de poder despeñarse, clavándose en su piel miles de piedras afiladas, que, como lanzas protectoras de una fortaleza inquebrantable, se erguían con orgullo en las profundidades del cristalino mar.
-No tengo miedo a la muerte.-Soltó sin más.-Además, te vi.
-Nadie puede vernos desde aquí, estamos a espaldas de la zona segura.-Dije.-Así que es imposible que vinieras porque me vistes.
-Es cierto.-Dijo, otra vez volviendo su pétrea mirada a la inmensidad del océano.-te sentí.
Le miré fijamente, como segundos antes me había pasado, sin creer sus palabras. Hablaba como un loco poeta que nada le importaba. Se movía como un hábil gato, precisando sus movimientos y calculando cada milímetro de roca que pisaba. Miraba como un águila, viendo más allá de lo que nadie puede ver.
Y todo eso, me daba miedo. Miedo de que, efectivamente, no existiera tal persona, y que me hubiera vuelto loca y solo fuera producto de mi inagotable imaginación, la cual me sorprendía cada vez más.
-Aquí nadie puede vernos, ¿no?
Asentí mudamente.
-Pero, siempre pueden sentirnos.
-No entiendo, ¿cómo se ‘’siente’’ a una persona sin poder verla?
Otro amago de sonrisa que acabó en una preciosa mitad ésta.
-Cierra los ojos.-Ordenó. Obediente y curiosa lo hice.-Ahora…me voy a ir…tu tienes que descubrir dónde he ido. Si sigo aquí cerca o me ido muy lejos.
Al principio pensé que se estaba quedando conmigo. Que había hablado por probar algo un rato conmigo y que luego se iría para seguir divirtiéndose con una persona más inteligente.
Sus palabras retumbaron en mi cerebro, las cuales ahora se perdían con un eco fantasmal en el vacío de mis recuerdos: ‘’tus ojos son como el mar’’
Mi suspiro lleno de emoción contenida se lo llevó el viento, moviendo suavemente las pequeñas hiervas que conseguían sobrevivir en aquella zona rocosa.
Abrí los ojos al cabo del tiempo. Allí volvía a estar sola. Ahora, terriblemente sola.
Hasta ese preciso instante de ínfima compañía no me había dado cuenta de lo inmensamente sola que realmente estaba. Miré a mí alrededor, intentando ver algo.
Otras palabras se reproducían como un disco rallado en mi interior: ’’Siempre pueden sentirnos’’
Respiré el aire puro y suave que corría libre a mí alrededor, quedando en mi nariz un cierto olor a mar.
Me moví, como movida por los impulsos que da el viento al estrellarse contra las rocas, con el corazón en la mano como brújula y la incertidumbre de la mentira en el rostro.
Al otro lado del peñasco le encontré. Estaba en la zona en la que las gentes de la pequeña ciudad podían verte, la que daba a la pequeña pero hermosa playa.
-Ele…-El aludido se giró sonriente.
-¿Has visto? Me has sentido.
-Solamente…te he encontrado.
Volvimos a la ciudad por un estrecho sendero lleno de rocas que te hacían jugar malas pasadas. Ninguno de los dos decidimos hablar hasta que pudiéramos dejar de pensar qué pasos dar para no caernos.
El camino empezó a ensancharse cada vez que nos alejábamos de la naturaleza.
-¿En qué trabajas?-Dije, dando algún tema de conversación.
-Tengo un pequeño negocio, pero ahora estoy de vacaciones.
-Entonces no vives aquí, ¿no?
-No, solamente estoy de paso. Bueno, ahora pienso quedarme todo el tiempo que pueda. De todas formas, estoy buscando algo.
-¿El qué?
-Me gustaría…bueno, cómo decirlo…sé que suena bastante ridículo pero…hace tiempo que ando buscando uno de esos…
Le miré, con una curiosidad aumentada.
-¿De qué?-Insistí.
-Un enano de jardín.-Dijo, sonrojándose un poco, cosa que se hacía notar más en su piel blanquecina.
-Vaya…pues yo tengo uno y creo que ya no lo voy a necesitar…si quiere se lo puedo dar.
-¿De verdad?-Asentí con una sonrisa.-Vaya, muchas gracias.
Otro trecho en silencio. Por fin alguien a parte de yo misma, iba a entrar en esa oscura y desierta casa, abandonada por sus dueños y habitantes.
-¿Tienes novio?-Preguntó Ele, como si fuera una pregunta más de un test de conducir que de una conversación entre desconocidos. Aunque yo de conversaciones sabía bastante poco.
-No. ¿Y tú?
-Creo que…sería ilegal.-No entendí muy bien sus palabras pero de él no entendía nada.
Seguimos nuestro trayecto. El cielo parecía un lienzo en el que los ángeles habían trazado borrosas nubes que anunciaban la caída de pintura.
-Vaya, parece que va a llover.
-Sí, eso parece.
El diluvio no tardó en llegar. Primero empezó suave, con pequeñas gotas que iban adornando las tristes aceras de la ciudad. Luego se hacían más grandes. Más tarde, el número de gotas que caían aumentaba, hasta, que al final, las aceras estaban encharcadas y los transeúntes más desprevenidos sin paraguas donde poder refugiarse, empapados.
-Ya hemos llegado.-Grité, intentando sobrepasar el ruido que las gigantescas gotas hacían, al chocar con la furia de la gravedad contra el suelo.
Ambos pasamos la libre selva que crecía alrededor del, cada vez más estrecho, camino que conducía hasta la vieja puerta de madera gastada. Abrí con nerviosismo la cerradura y, tras empujar varias veces, conseguí vencerla.
-Uf…-Dije tras coger aire.-menos mal que la tormenta no nos cogió en la montaña.
Ele inspeccionó toda la casa con la mirada, como intentando ver algo que a mí se me escapaba, sin un ápice de cansancio en su perfecto rostro.
-¿Quieres algo de comer o beber? Dentro de poco será la hora de cenar.
-No, de todas formas me voy a ir pronto, me gustaría…no sé, si no es molestia, que me diera ya el enano y así no esperar a que la tormenta aumentara.
Ambos sabíamos que, tras el diluvio venía la calma. Pero, no sé por qué, decidí obedecerle otra vez.
-Está en la entrada, si mal no creo recordar.-Dije acercándome al pequeño hall el cual ahora estaba lleno de agua.
Cuando inspeccioné la abandonada zona comprobé que allí nada había.
-Hubiera jurado que…que lo había dejado aquí. No lo he tocado desde entonces…
-Mierda…-Susurró Ele.-…me ha visto venir, maldito…
Sin entender nada le miré cómo se alejaba de la entrada dando vueltas sin saber qué hacer, mientras se llevaba con nerviosismo las manos empapas a la cabeza.
-¿Qué voy a hacer?
Observé a escena sin intervenir un segundo a causa del efecto que sus palabras habían provocado en mí. No sabía que un enano de jardín fuese tan importante.
-Hay…hay una tienda cerca de aquí, allí venden enanos, bueno, no sé, puedes encargar alguno…
Me miró, como habiéndose percatado de mi presencia y comprendí que se había olvidado de todo al sumergirse en la decepción de la misteriosa desaparición del enano.
-¿De qué color era el gorro del enano?-Preguntó de repente.
-Rojo.-Me acordaba perfectamente, de su sonrisa y sus mejillas, de su postura y su rechoncho cuerpecillo. Lo había grabado todo lo que había sucedido esa noche. Todo.
-Oh…mierda.-Susurró con una frustración indescriptible.
-Puede…encargarle otro con el gorro rojo.
-Yo…te he mentido.-Dijo.
Mi cerebro, sin más, dejó de funcionar.
-Sé que tenías el gnomo, por eso he estado hablando contigo, para coger la suficiente confianza como para que me lo dieras, sé que es absurdo y sé que es complicado. Llevo meses observándote, cada gesto y movimiento. Llevo meses viendo como tu sonrisa no aparecía nunca. Perdón, te he estado vigilando pero…pero si lo supieras…
Lágrimas. Otra vez dejaba reflejada en mis ojos aquella inmensa tristeza que, gracias a las mentiras y las verdades sale siempre a la luz. Aquel vacío que emanaba de mí, me carcomía mis emociones, dejándome muerta por dentro. Y ahora, que creía, que por fin, esa persona sin rostro iba a ser mía, otra vez una decepción partió ese destrozado corazón el cual había intentado arreglar para el recién llegado.
Caí al suelo tras comprobar que mis piernas ya no soportaban mi peso. Todo mi yo temblaba de rabia. Mis lágrimas caían como cascadas de un río enloquecido por la corriente, cayendo así, en el mar del vacio.
-No…no llores, por favor.-Suplicó.- Tranquilízate, sé que el gnomo está por aquí.
-¡No es eso!-Grité en pleno llanto.- ¡Es que siempre me pasa igual! ¡Ya no aguanto más! ¡Quiero morirme!
Ahora era yo la que suplicaba ferozmente a esa fuerza mística y divina de cuya existencia siempre he creído. Cada día que pasaba, mi vida tenía menos sentido. Justo cuando creía que lo había encontrado, me sentí como un trapo.
Usado, gastado, tirado a esa basura de recuerdos desechados.
Ele se arrodilló a mi lado, con suavidad pasó su mano por mi hombro y con una mirada inmensamente triste revoloteó por mí ser.
-No digas eso…-Pude oír entre mis llantos.-vivir es lo más hermoso que te puede pasar…
-Ele…-Mi voz estaba ya ronca cuando pronuncié su nombre entre lágrimas de decepción.-vivir es bonito, pero es duro estar viva.
Entonces no sé muy bien lo que pasó, pero él me abrazó dándome un calor imaginario. Era frío y duro, como la piedra.
-No digas eso…-Repitió.-me pone muy triste.
-¿Por qué me estabas observando? ¿Para qué quieres al enano? ¿De dónde vienes? ¿Qué quieres?-Todas las preguntas que había pensado se agolpaban como un torbellino, con deseos de ser las primeras en responderse.
-No creo que me creas.
-Puedo intentarlo.-Dije, mirándole con unas mal disimuladas lágrimas alrededor de mis ojos.
Ele suspiró. Parecía sumergido en un mar de tristeza.
-Primero, tengo que encontrar al gnomo, luego, tendré…bueno, luego te contaré.
-No, quiero saberlo ahora.-Dije con toda la seriedad que pude.- ¿Para quién trabajas?
Ele sonrió mientras yo le miraba con la furia de quien no sabe nada y cree saberlo todo.
-Yo solamente quiero destruir el gnomo, el resto, ya no importa.
La incoherencia de sus palabras resonó en mi interior como susurros de una serpiente seseante.
El ‘’ya no importa’’ retumbó en mi corazón, haciendo que se encogiera aún más. Me llevé la mano instintivamente al lugar de donde procedía el dolor. Aun con las antiguas lágrimas en los ojos miré fijamente a un Ele que se movía nervioso intentando seguir un instinto que yo desconocía.
-Confía en mí.-Susurré.
Por unos segundos pude mirarle como quería mirarle. Solamente había pasado a su lado horas, pero para mí se me habían hecho meses. Meses de compañía. De dulce compañía. De te quiero sin sentido. De besos y caricias. Meses imaginarios como la perfección del sujeto con el que quería pasarlos.
Y yo, por esas horas que en mi mente se transformaron en meses, había confiado en Ele toda mi existencia. Porque…él había vuelto a derretir aquel corazón herido el cual yo había congelado, con miedo a que se volviera a partir. Y había conseguido romperlo, otra vez más, pero esta vez, cada uno de esos pedazos, susurraban su nombre.
-Negara…no puedo.-Susurró con pena. Y acto seguido miró hacia la planta de arriba, como si alguien le hubiera llamado. Sin pedir permiso, ni si quiera dignarse a mirarme, se fue, como alma que se lleva el diablo, corriendo como un condenado a la parte de arriba.
Si yo hubiera subido como él lo acababa de hacer, me habría caído de bruces en el suelo. Pero su inquebrantable físico y su espectacular agilidad felina, le hicieron llegar a la parte de arriba en perfectas condiciones. Ni si quiera se le notaba el cansancio que podía producir tal subida por aquellas enredadas escaleras.
Intenté seguirle, con mayor prudencia al no poseer sus magnificas agilidades. Ele abría con ansia todas las habitaciones.
-¿Por qué no puedes? Sé que no me conoces de mucho pero…bueno…podría ayudarte… ¿Y si…y si supiera dónde está lo que buscas y estuviera ocultándotelo?
Conseguí que parar su incoherente búsqueda.
-¿Por qué harías algo así?
-¿Por qué no confías en mí?
-Me ha visto llegar y se ha largado.-Dijo. Aun seguía esperando una explicación a todo eso antes de que me diera por denunciarle, cuando bajó, con la misma velocidad que había subido, las serpenteantes escaleras.-Tengo que ir tras él.
Dicho eso se precipitó tras la puerta, sin pensar si quiera que estaba hablando en voz alta y, antes de que yo pudiera hacer cualquier movimiento, se había ido con su increíble velocidad lejos de la casa, dejándola aun más vacía.
El agua entraba por la abierta puerta sin pedir permiso. Salí corriendo a su encuentro, sabedora de que me empaparía. Un relámpago iluminó toda esa espesa capa que parecía cubrir el cielo como una manta de lana.
-¡Ele!-Grité, intentando hacerme oír entre los truenos y las gotas cayendo.- ¡Ele!
Empezaba ya a cansarme de la búsqueda sin resultado cuando mis pasos, locos y poco decididos, me llevaron al cementerio.
Abrí la cancela, como movida por algo que aun desconocía.
-Los gnomos son equivocaciones de Dios-La voz que escuché a mis espaldas me resultó conocida.
-Ele…-Dije sin poder creerme lo que mis ojos veían.
Bajo la lluvia el blanco rostro de Ele parecía aun más siniestro. Su negro pelo caía como cascadas de ceniza sobre su pálida piel. Sus labios incoloros intentaban decir algo pero ninguno de los dos supimos adivinar el qué. Sus ojos, grises como el mármol pétreo que nos rodeaba en aquel viejo cementerio me miraban intentando, al igual que sus labios, decir algo.
Sin darle oportunidad a reaccionar le abracé. Temblando del frio y empapada. Le abracé. Intentando que no se fuera nunca. Porque si se iba, yo me iría con él. Viva o…muerta.
-Negara…-Susurró, por fin, rompiendo aquel intenso silencio.-No debiste de comprar ese gnomo. No debiste de venir a buscarme. No debiste de meterte en todo esto.
-Hay tantas cosas…que he hecho…-Dije con una estúpida sonrisa.-…y lo peor es que no me arrepiento de ninguna…
-Ve a casa…yo…te explicaré algún día todo esto.
-No voy a volver sin ti.
-No me conoces.
-Pero…te siento.

3 comentarios:

Neliel dijo...

k bonito tiaaaaaa :( haces k cada centimetro de piel se me ponga de gallina... comparado con tus historias, las mias son insensibles, me encanta tu forma de escribir. Aunque e de decir que el nombre de la chica no me hace mucha gracia, pero se que se parece a ti, seguro. Al menos en mi imaginacion xD espero que sigas escribiendo esa historia, en serio, es preciosa. Ojala ese Ele que tanto te enamora exista de verdad... y podais ser felices ^^

Te quiero mucho, MUCHO, MU-CHO!!!
Besotes grandes como el cielo estrellado xD
Neli

Ajicer dijo...

... esta bien, pero los gnomos o enanos, son los guardianes de la tierra, del mismo modo k los salamandra del fuego las ondinas del agua y los silfos del aire, el gorro rojo les permite hacerce invisible, pero e leido en algun sitio k los de gorro rojo son canivales,puf me desvie del tema, esta muy bien gema, me gusta muxo ^^

Niobide dijo...

Ojalá